google.com, pub-4869754641634191, DIRECT, f08c47fec0942fa0 La Bitácora de Jenri

18 de mayo de 2026

Dos enterramientos del siglo VI reescriben la historia de Totana (Murcia)

El equipo arqueológico desveló el hallazgo de los restos de dos individuos en el yacimiento de Las Cabezuelas.

Totana vivió el pasado sábado una de esas noches que trascienden la simple programación cultural para convertirse en una auténtica experiencia de descubrimiento. Enmarcada en la celebración del Día Internacional de los Museos, la jornada organizada por la Concejalía de Cultura y la Asociación Kalathos culminó con una conferencia que consiguió algo poco habitual: mantener al público en absoluto silencio durante más de una hora mientras arqueólogos y especialistas desvelaban, pieza a pieza, los secretos ocultos bajo la tierra del yacimiento de Las Cabezuelas.

Lo que comenzó como una intensa jornada de visitas guiadas al patrimonio histórico del municipio terminó convirtiéndose en un viaje de 3.000 años hacia el pasado de Totana. Y no un pasado abstracto ni lejano, sino uno profundamente humano. Porque la gran revelación de la noche no fueron únicamente las estructuras arqueológicas o las piezas halladas, sino la posibilidad de mirar directamente a los rostros, las enfermedades, las costumbres y hasta el sufrimiento físico de dos hombres enterrados hace aproximadamente 1.500 años.

La explanada y las dependencias del antiguo Centro Tecnológico de Artesanía (CTA) fueron el escenario de una cita que reunió a vecinos, aficionados a la historia, colaboradores del proyecto arqueológico y numerosos curiosos atraídos por el hallazgo realizado durante la campaña de excavaciones de 2025. Tal fue el interés que parte del público tuvo que seguir la conferencia de pie.

La conferencia estuvo dirigida por los arqueólogos José Antonio González Guerao y Juan Antonio Ramírez Águila, junto a la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, especialista en antropología física y análisis osteológico.

Desde el inicio quedó claro que la intención del equipo no era únicamente presentar hallazgos arqueológicos, sino también explicar el enorme trabajo científico y humano que existe detrás de cada excavación. González Guerao comenzó con una presentación de su compañero Ramírez Águila que arrancó risas entre el público: "No me equivoco si digo que está en el top tres de los arqueólogos de la Región de Murcia. El único defecto que tiene es que no es totanero, que es de Alhama", bromeó.

El arqueólogo quiso también reivindicar el papel de los voluntarios y miembros de la Asociación Kalathos, recordando que la parte visible de una excavación —los quince o veinte días de campaña sobre el terreno— es solo una pequeña fracción del trabajo real. "El proyecto sobrevive gracias a ellos", afirmó antes de pedir un aplauso para todos los colaboradores presentes en la explanada. Detrás de esos días de excavación estival existe un esfuerzo constante de limpieza, clasificación, restauración, documentación y análisis de materiales que se prolonga durante todo el año, todos los martes por la tarde en las dependencias del CTA cedidas por el Ayuntamiento.

La reivindicación del valor científico fue otro de los ejes de la conferencia. González Guerao insistió en que el proyecto no solo cumple una función divulgativa, sino que se ha ido abriendo paso en congresos nacionales e internacionales: Granada, Ciudad Real, Córdoba. "La ciencia sin la divulgación no es nada, pero también estamos haciendo muchísima ciencia", subrayó.

También quiso agradecer la colaboración de Visanfer, los propietarios de la finca, que aportan materiales y apoyo logístico al proyecto, así como al equipo de La Bastida, que dejó equipamiento necesario para la conferencia. González Guerao anunció además que el grupo de investigación de Antigüedad Cristiana de la Universidad de Murcia ha mostrado interés en visitar el yacimiento dada la relevancia del periodo descubierto.

El Villar de las Cabezuelas: un yacimiento de 3.000 años
La primera gran parte de la charla estuvo dedicada a contextualizar históricamente el yacimiento. Juan Antonio Ramírez Águila explicó que el equipo ha recuperado la denominación histórica de "Villar de las Cabezuelas", documentada en textos del siglo XVI. El término "villar" hacía referencia a un asentamiento antiguo despoblado, definición que encaja perfectamente con la naturaleza del enclave.

Situado en el Valle del Guadalentín, en posición intermedia entre Lorca y Murcia, el yacimiento ocupa una suave elevación próxima a la Rambla de la Santa y a la antigua Rambla de los Molinos, curso de agua que históricamente llegó a mover hasta once molinos y que el arqueólogo describió como "un auténtico río permanente" hasta el siglo XIX, recurso fundamental que permitió la ocupación humana del lugar durante milenios.

Uno de los aspectos más interesantes de la conferencia fue la extraordinaria complejidad cronológica del yacimiento. A diferencia de La Bastida, asociada a una cultura relativamente homogénea, Las Cabezuelas presenta una ocupación prácticamente continua durante cerca de 3.000 años. González Guerao recurrió a la imagen que utiliza habitualmente con los grupos escolares: una "tarta de capas de chocolate". Cada capa representa un periodo distinto: Bronce Final, mundo ibérico, época romana, etapa tardoantigua y periodo andalusí. Todo ello concentrado en apenas unos metros de terreno, lo que convierte la excavación en un trabajo extremadamente complejo.

La gran herida de 1972
Uno de los momentos más impactantes llegó cuando el equipo recordó la enorme destrucción sufrida por el yacimiento en 1972. El propietario de la finca decidió explanar gran parte del cerro con maquinaria pesada para transformarlo en terreno agrícola, arrasando más de la mitad de la superficie arqueológica.

Fueron vecinos y maestros de Totana quienes alertaron al entonces director del Museo Arqueológico de Murcia, Manuel Jorge Aragoneses, quien se personó en el lugar y detuvo los trabajos. La intervención que siguió, sin embargo, careció del rigor científico necesario. Aficionados que buscaban "piezas bonitas" despreciaban o destruían directamente los materiales medievales e islámicos. "Nos contaban cómo aparecían ollas enteras y las tiraban", relató Ramírez Águila. El yacimiento quedó entonces etiquetado casi exclusivamente como un gran enclave ibérico, cuando en realidad era mucho más.

El renacimiento del proyecto en 2014
El auténtico relanzamiento científico no llegó hasta 2014, cuando el equipo empezó a trabajar de forma sistemática con escasos medios pero enorme implicación personal. "Hubo quien nos dijo: '¿Pero dónde vais? Ahí no hay nada, está todo destrozado'", recordó González Guerao. La imagen de decenas de colaboradores excavando en pleno agosto "por un bocadillo y un refresco" resume bien el carácter casi vocacional del proyecto.

El trabajo no termina en el yacimiento. En el laboratorio del CTA, cada martes por la tarde, el equipo lava, clasifica, restaura, inventaría, dibuja y analiza los materiales. Algunos de los jóvenes que aparecen en las primeras fotografías del proyecto son hoy ya arqueólogos graduados.

Cerámicas de lujo y contactos con Córdoba
Las excavaciones en el Sector 1 han proporcionado hallazgos materiales notables. En los silos medievales reutilizados como vertederos aparecieron piezas cerámicas excepcionales datadas entre los siglos IX y X, algunas posiblemente vinculadas a talleres califales relacionados con Medina Azahara. Su presencia demuestra que los habitantes del yacimiento mantenían conexiones comerciales y culturales con los grandes centros políticos de Al-Ándalus.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que gran parte de aquella población fuera mozárabe, es decir, cristianos viviendo bajo dominio islámico. Las fuentes árabes, concretamente las memorias del rey Abdullah de Granada sobre el asedio cristiano al Castillo de Aledo durante el siglo XI, mencionan que cristianos de la zona ayudaban a los refugiados en la fortaleza. "Muchos de ellos eran de aquí, de este yacimiento, porque es contemporáneo", explicaron.

El Sector 1 también deparó una pieza ibérica excepcional decorada con representaciones zoomorfas: aves, peces y un posible ciervo. Su importancia radica en que este tipo de representaciones no se asocia habitualmente al ámbito bastetano en el que se sitúa históricamente Totana. "Nos estaríamos moviendo en el ámbito de los contestanos", señaló González Guerao, añadiendo que la pieza "va a generar mucho interés en la comunidad científica".

El Sector 3 y el hallazgo inesperado
El verdadero núcleo emocional y científico de la conferencia llegó con los descubrimientos del Sector 3. En apenas cien metros cuadrados se superponen tres periodos históricos distintos. Y fue en el fondo de uno de los silos medievales donde, en la Navidad de 2024, apareció inesperadamente un cráneo humano.

"Podéis imaginar a la voluntaria que estaba excavando ese silo", explicó González Guerao. "Para nada esperábamos que pasase esto." A partir de ese momento comenzó una excavación extremadamente delicada que terminó revelando dos tumbas cuidadosamente preparadas, construidas con fosas delimitadas por mampostería y ladrillos romanos reutilizados, algunos de ellos con digitaciones visibles.

Las pruebas de Carbono-14 realizadas en el laboratorio Cirán, situado en la zona de Burdeos (Francia), gracias a la gestión de la Universidad de Murcia, ofrecieron una datación extraordinaria: siglo VI d.C. Ese resultado sitúa los enterramientos en plena Antigüedad Tardía y abre una nueva etapa histórica para el yacimiento, un periodo "bastante desconocido en la Región de Murcia", en palabras de González Guerao. El contexto histórico es el de la llegada de los bizantinos a la península en el 552 d.C., aunque los arqueólogos fueron cuidadosos: "No estamos diciendo que sean bizantinos, no lo podemos decir abiertamente, pero sí que están en ese contexto."

Los paralelos más cercanos se encontraron en la necrópolis tardoantigua de Eliocroca (Lorca), publicada por Silvia Yus en 2021, y en la necrópolis tardorromana de La Molineta en el Puerto de Mazarrón, cuyo sistema constructivo de enterramientos es muy similar al documentado en Las Cabezuelas.

María Inés Fregeiro: cuando los huesos empiezan a hablar
La intervención más impactante de la noche fue, sin duda, la de la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, quien lleva diecisiete años vinculada a Totana a través del yacimiento de La Bastida. Esta fue su primera experiencia en el mundo romano y tardoantiguo. "Fue maravilloso", confesó. "Intenté usar solo tres palabras para definir al equipo: entusiasmo, dedicación y generosidad."

Con un lenguaje cercano y enorme capacidad divulgativa, la especialista fue guiando al público por el análisis osteológico de ambos individuos.

Individuo 1: el joven de aspecto grácil
El primer esqueleto correspondía a un hombre joven de entre 27 y 29 años. Y aquí llegó uno de los momentos más humanos y divertidos de la conferencia: Fregeiro confesó que, cuando le entregaron el cráneo ya con un nombre masculino asignado por el equipo, estuvo a punto de contradecirles. "No me cuadraba. Pensé que era mujer." La gracilidad del cráneo, con indicadores sexuales muy poco marcados, la llevó a dudar de sus propias capacidades: "Dije, puedo haber perdido actitudes. Hace cinco años que no excavaba." Fue al levantar el esqueleto completo y examinar los coxales cuando todo se aclaró. "¡Es varón! Así que Perico Salchichón, ¿no? ¡Tenías razón!"

La precisión en la determinación de la edad —entre 27 y 29 años— fue posible gracias a que la epífisis de la clavícula, el último hueso en fusionarse en el cuerpo humano, estaba aún en proceso. "Cuando somos bebés tenemos 300 huesos. Cuando somos adultos, 200. Y cuando somos ancianos, menos, porque algunos se fusionan", explicó la investigadora con una claridad que dejó al público sin palabras.

El individuo presentaba además una sutura metópica en el cráneo, un rasgo anatómico poco frecuente que podría resultar útil en futuros estudios genéticos para investigar posibles relaciones de parentesco con el segundo individuo. También mostraba hipoplasia del esmalte dental, señal de episodios de fiebre alta o desnutrición sufridos durante la infancia.

El análisis de la posición de los huesos permitió además reconstruir el ritual funerario: el cuerpo fue depositado con el brazo izquierdo estirado y la mano derecha sobre la pelvis, envuelto en una mortaja muy ajustada que, al descomponerse junto con un posible cojín vegetal bajo la cabeza, desplazó las vértebras cervicales y forzó la posición de clavículas y hombros hacia adelante. Dos clavos de hierro hallados en la tumba sugieren que pudo estar cubierto por una madera.

Individuo 2: una vida marcada por la enfermedad
El segundo individuo causó una enorme impresión. Un hombre de unos cuarenta años, de menor estatura y complexión más robusta, con piernas cortas y brazos largos, cuyo esqueleto contaba una historia de sufrimiento prolongado.

Fregeiro describió un cuadro clínico que comenzó siendo un enigma: sin artrosis en ninguna articulación —lo que debería indicar un hombre joven— pero con el esternón fusionado y el cartílago tiroides osificado, indicadores ambos de una persona mayor de cuarenta años. "Yo decía: 'No entiendo'. Tiene todas las vértebras juveniles, las manos con cero artrosis... No entiendo."

La respuesta llegó al analizar las costillas. Casi todas las del lado derecho mostraban reacciones pleurales, es decir, alteraciones en la membrana que recubre los pulmones: desde lesiones regenerativas hasta lesiones líticas con procesos de destrucción ósea que sugerían focos de pus. El periostio —la membrana externa de los huesos— mostraba reacciones inflamatorias en tibias, fémures, peronés y el brazo izquierdo. "Este hombre padeció una enfermedad pulmonar crónica que posiblemente le ocasionó fatigas, dolor, molestias. Y en casos clínicos recientes los pacientes describen 'que el hueso duele desde dentro'."

La especialista explicó que probablemente la enfermedad le impedía hacer esfuerzos físicos, lo que explicaría la ausencia de artrosis. "Por eso este caso tan críptico más o menos puede llegar a buen puerto."

El momento más sobrecogedor llegó con la fractura de una costilla izquierda. El hueso mostraba un intento incompleto de regeneración, señal de que la lesión seguía activa en el momento de la muerte. "La formación del callo no llegó a fraguar, lo cual es un indicador indirecto de que murió en ese momento, con esto activo." La investigadora planteó la posibilidad de que un ataque violento de tos pudiera haber provocado aquella fractura como episodio final de la enfermedad.

La hipótesis principal: una posible tuberculosis. "Es compatible, pero no lo sé. El estudio genético que posiblemente se pueda hacer podrá determinarlo."

Y sobre el individuo 1: "Murió de algo que el hueso ni se enteró", explicó Fregeiro aplicando el concepto de paradoja osteológica: enfermedades muy agudas no dejan huella en el esqueleto. La causa de su muerte seguirá siendo, por ahora, una incógnita.

Un laboratorio abierto a los vecinos
Tras finalizar la conferencia, muchos asistentes bajaron al laboratorio donde los esqueletos habían sido preparados por Fregeiro "de manera espectacular", en palabras de González Guerao. Allí pudieron observar directamente los restos y conversar con los investigadores.

14 de mayo de 2026

Encuentran otro altar con forma de piel de toro en el yacimiento del Turuñuelo (Badajoz)

Los dos anteriores aparecieron en la habitación 100 y en la habitación del banquete, las estancias más emblemáticas del complejo. Este tercero salió en un pasillo de la parte norte del túmulo, en una zona que no se abría desde hace más de diez años.
Yacimiento del Turuñuelo. Foto: Ayuntamiento de Guareña.

El yacimiento del Turuñuelo, que descansa en el término municipal de Guareña (Badajoz), suma un nuevo hallazgo en su octava campaña de excavaciones. Un equipo de 17 personas lleva apenas quince días trabajando sobre el terreno, y ya ha dado con la pieza más llamativa de la temporada.

En esta misma línea, los investigadores del CSIC se han centrado este año en la parte más elevada del túmulo, una zona sin tocar desde 2015. Lo que han sacado a la luz confirma lo que muchos ya intuían sobre el carácter de este edificio.

Tercer altar con forma de piel de toro
El hallazgo es un altar de mármol del Proconeso (la actual Turquía) con la inconfundible silueta de una piel de toro extendida. Hablamos aquí de un cuadrado con los lados cóncavos que la cultura tartésica reservaba para sus rituales más solemnes. Mide 110 centímetros por cada lado y es el segundo en tamaño de los tres ya desenterrados en el enclave.

Los dos anteriores aparecieron en la habitación 100 y en la habitación del banquete, las estancias más emblemáticas del complejo. Este tercero salió en un pasillo de la parte norte del túmulo, en una zona que no se abría desde hace más de diez años.

«Ahora nos estamos centrando en la parte más elevada del túmulo, al norte y al sur de la habitación cien, y en la primera estancia que hemos excavado ha aparecido este altar característico de la cultura tartésica del que ya teníamos dos», explicó la directora de la excavación, Esther Rodríguez.

La cerámica de importación también asoma en esta campaña. Hay piezas de cerámica ática y un repertorio habitual de vajilla, como vasos y ánforas, que el equipo pega, cataloga y analiza en los meses posteriores a cada excavación.

De Oriente al corazón de Extremadura: ¿Qué simboliza el toro en este contexto?
El toro tenía en el Mediterráneo oriental un peso simbólico considerable. Era sinónimo de poder, fuerza y fertilidad, y los linajes gobernantes lo empleaban para legitimar su autoridad. La piel extendida del animal, con esa forma que combina el rectángulo con los flancos hundidos hacia dentro, funcionaba como emblema sagrado en las culturas paleorientales.

Altares de este tipo los hay también en Cancho Roano (Zalamea de la Serena), en Coria del Río y en el Carambolo (Camas, Sevilla), donde se conserva el de mayores dimensiones documentado hasta la fecha.

Cabe destacar que lo que distingue al complejo de Guareña es la concentración: ya acumula tres, una cifra sin parangón en el registro arqueológico tartésico.

Según Rodríguez, «sobre estas estructuras se llevaban a cabo sacrificios, por eso la parte central está más quemada y en los laterales se aprecian restos de ceniza, ya que los sacrificios podían ser desde quemar pequeños pájaros a una ternera o una cabra».

¿Templo o palacio?
La acumulación de altares refuerza la hipótesis de que el edificio tuvo un uso ritual marcado. La directora evita concluir si se trata de un templo o un palacio, pero ya no descarta ninguna de las dos opciones: «No se le puede negar que el lugar tenga un carácter ritual».

El equipo de 2026 es el más numeroso en la historia del proyecto: 17 personas en total, entre tres obreros, doce técnicos y los dos directores.

Trabajan también en otras estancias donde aparecen acumulaciones de piedras sin función constructiva clara. «Es un espacio que presenta más preguntas que respuestas», reconoció el codirector Sebastián Celestino.

Los directores calculan que la excavación roza el 50% del total del yacimiento del Turuñuelo, aunque Rodríguez matiza que «queda mucho por analizar y de lo que aparezca se pueden derivar diferentes lecturas». En este sentido, la campaña se extiende hasta el 31 de mayo.
Una cadena de descubrimientos en Extremadura que no da tregua desde 2015

El Turuñuelo encadena variopintos hallazgos desde su primera excavación sobre el terreno. A continuación, se detalla uno por uno:

Entre tanto, la obra de la cúpula que cubrirá el yacimiento ya ha arrancado. Cuando esté terminada, el equipo podrá excavar en cualquier época del año, sin depender de la estrecha ventana primaveral de cada campaña.

13 de mayo de 2026

Nueva campaña de excavación arqueológica en el castro de Valencia do Sil (Ourense)

Los trabajos tienen un doble objetivo: continuar con la investigación del área habitacional, donde en las últimas intervenciones se documentaron nuevas estancias,  e iniciar una nueva etapa orientada a su puesta en valor y a su apertura a la sociedad.

El yacimiento de O Castelo, el castro de Valencia do Sil (Vilamartín de Valdeorras), acoge una nueva campaña de excavación arqueológica. En esta ocasión, los trabajos tienen un doble objetivo: continuar con la investigación del área habitacional, donde en las últimas intervenciones se documentaron nuevas estancias que confirman la entidad del asentamiento como un amplio complejo arqueológico, e iniciar una nueva etapa orientada a su puesta en valor y a su apertura a la sociedad.

La iniciativa está promovida, un año más, por el Concello de Vilamartín de Valdeorras, con la colaboración de la asociación científica Sputnik Labrego, la Universidad de Santiago de Compostela, la Unidade de Arqueoloxía da Universidade do Minho y el proyecto COIDARQ, financiado por las ayudas posdoctorales de la Xunta de Galicia.

Con esta nueva campaña, el castro de Valencia do Sil, O Castelo, se consolida como un referente arqueológico en el Noroeste peninsular y refuerza también su dimensión como escuela de arqueología.

Los objetivos de esta campaña son claros: seguir profundizando en el conocimiento de la zona residencial, que ofrece información fundamental sobre la sociedad que habitó Valdeorras durante el siglo V, y avanzar en la accesibilidad del yacimiento para el público general.

«Desde el inicio de las actuaciones, además del valor científico que queríamos desarrollar a través del análisis de los materiales y de las estructuras documentadas en las distintas fases de ocupación, teníamos claro que era necesario poner en valor el yacimiento y gestionarlo como un recurso patrimonial de primer orden», señala Celtia Rodríguez González, investigadora de la USC y de la Universidade do Minho, y codirectora de las excavaciones en el yacimiento.

«O Castelo de Valencia do Sil es un yacimiento reconocido en la Península Ibérica por su importancia científica y también como un referente patrimonial y arqueológico», añade.

Por su parte, Carlos Tejerizo, profesor de la Universidad de Salamanca y director científico de la actuación, explica que «nuestro objetivo es que quienes visiten O Castelo puedan entender mejor la importancia de este asentamiento y la vida de las personas que lo habitaron hace más de mil quinientos años».

Además, en esta campaña «tenemos el objetivo de poner en marcha la señalización del yacimiento, pero también de continuar con la labor divulgativa del sitio», subraya Carlos Tejerizo.

Escuela de arqueología
En los próximos días, la escuela de arqueología volverá a Valdeorras. Como en campañas anteriores, estudiantes del máster en Arqueología de la USC y de la Universidade de Vigo participarán en los trabajos de campo a través de un convenio de prácticas. Durante su estancia, podrán aprender cómo se organiza y gestiona una excavación arqueológica, poniendo en práctica los conocimientos adquiridos durante el curso bajo la supervisión de especialistas.

Apertura al público
La campaña también tendrá una importante dimensión social y educativa. El yacimiento se abrirá al público durante los trabajos, con una atención especial a las niñas y niños de Valdeorras, que volverán a ser protagonistas de las actividades de divulgación.

«Desde nuestro punto de vista, el yacimiento debe tener un valor patrimonial muy vinculado a las nuevas generaciones, porque ellas son el futuro de Valdeorras. Pensamos que deben conocer su patrimonio de primera mano», señala Celtia Rodríguez.

Durante esta campaña, O Castelo podrá ser visitado mientras se desarrollan los trabajos arqueológicos. Desde la organización animan a la vecindad y a las personas interesadas a acercarse al yacimiento en horario de campo, de 10:00 a 15:00 horas, para conocer de cerca el avance de las excavaciones.

«No se trata solo de excavar, sino también de devolver a la sociedad el conocimiento que genera la investigación arqueológica», añade Tejerizo. «La puesta en valor del yacimiento permitirá reforzar su papel como recurso cultural para Valdeorras y como referente arqueológico en el Noroeste peninsular».

Esta nueva intervención está financiada por el Concello de Vilamartín de Valdeorras, en colaboración con la asociación científica Sputnik Labrego, la Universidade de Santiago de Compostela, la Unidade de Arqueologia da Universidade do Minho y el proyecto COIDARQ, que analizan las sociedades rurales en la transición a la Alta Edad Media en el Noroeste peninsular.

12 de mayo de 2026

Las excavaciones del Castro das Barreiras avanzan con nuevos hallazgos

Entre los hallazgos en el yacimiento coruñés destaca un betilo, una pieza vinculada a posibles usos simbólicos o religiosos y considerada relevante para avanzar en el conocimiento del yacimiento.


El Concello de Vimianzo ha iniciado una nueva campaña de excavaciones arqueológicas en el Castro das Barreiras, dentro de las actuaciones de conservación y valorización del patrimonio local previstas para 2026.

Los trabajos, dirigidos por el arqueólogo Tito Concheiro, comenzaron el pasado 4 de mayo y continúan el plan de excavación progresiva desarrollado en la zona visible del yacimiento.

La intervención se divide en dos sectores, situados al norte y al sur del castro. En el primero, el equipo trabaja en la excavación de una gran cabaña de planta ovalada, de la que hasta ahora solo se ha descubierto parte de un muro de gran anchura. Según los responsables de la actuación, se trata de una estructura de carácter monumental que podría aportar nueva información sobre la organización interna del asentamiento.

En otra de las áreas de trabajo se ha retomado el estudio de la muralla del castro, construida mediante un sistema de bancales y terrazas. Junto a esta estructura defensiva también se excava un vertedero cerámico con abundantes restos de alfarería y fragmentos de recipientes desechados entre la muralla y las viviendas.

Balance inicial muy positivo
El balance inicial de la campaña es “muy positivo”, según el equipo arqueológico, que ya ha recuperado abundante material. Entre los hallazgos destaca un betilo, una pieza vinculada a posibles usos simbólicos o religiosos y considerada relevante para avanzar en el conocimiento del yacimiento.

La campaña incluye además visitas guiadas para alumnado de centros educativos del municipio con el objetivo de acercar el patrimonio arqueológico a la población joven.

Durante la presentación de los trabajos, la alcaldesa destacó la importancia de seguir descubriendo elementos que “refuerzan el valor patrimonial das Barreiras” y señaló que el municipio busca convertir el enclave “en un referente del turismo arqueológico”.

11 de mayo de 2026

Encuentran un edificio romano en la zona donde buscaban el palacio de Abderramán

La intervención arqueológica desarrollada en los Jardines de los Granados Sefardíes, en la zona cordobesa de Turruñuelos, ha concluido con un resultado inesperado: los arqueólogos han documentado un edificio de carácter productivo fechado a comienzos del siglo I d.C., descartando por ahora que los restos excavados pertenezcan a la almunia de al-Ruṣāfa, vinculada al emir omeya Abd al-Rahman I.
Excavación que busca restos de Al Rusafa, el palacio de Abderramán GUILLE MORALES

La intervención arqueológica desarrollada en los Jardines de los Granados Sefardíes, en la zona cordobesa de Turruñuelos, ha concluido con un resultado inesperado: los arqueólogos han documentado un edificio de carácter productivo fechado a comienzos del siglo I d.C., descartando por ahora que los restos excavados pertenezcan a la almunia de al-Ruṣāfa, vinculada al emir omeya Abd al-Rahman I.

La actuación, iniciada el pasado mes de marzo, tenía como objetivo investigar una gran construcción detectada mediante prospección geomagnética durante los trabajos de urbanización del Plan Parcial. Desde principios de los años 2000, distintos estudios habían apuntado a la posibilidad de que esa estructura correspondiera a la mítica almunia de al-Ruṣāfa, uno de los complejos promovidos por Abd al-Rahman I tras la fundación del Emirato de Córdoba en el año 756.

La excavación ha sido financiada por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, la Universidad de Córdoba y la Fundación Gerda Henkel. La dirección científica del proyecto ha estado encabezada por el doctor Félix Arnold y la doctora Carmen González Gutiérrez, mientras que la intervención sobre el terreno ha sido dirigida por la propia González Gutiérrez y el arqueólogo Rafael Clapés.

Según ha comunicado la empresa responsable de los trabajos, los restos localizados corresponden a un edificio de funcionalidad aún por determinar, aunque relacionado con actividades productivas en época romana altoimperial. Tanto los materiales cerámicos hallados como los restos de fauna recuperados continúan en fase de estudio.

La investigación había despertado un notable interés científico debido a las dimensiones y características de la estructura detectada en los estudios geofísicos. El edificio parecía configurarse en torno a un gran patio central y presentaba similitudes con ciertas construcciones oficiales omeyas de Oriente, especialmente con el palacio de az-Zaytuna, en la antigua ciudad siria de Ruṣāfa.

“Si el edificio detectado en el magnetograma se correspondiera con algún pabellón o construcción perteneciente a la citada almunia, estaríamos ante uno de los poquísimos testigos de la arquitectura omeya temprana en al-Andalus”, había explicado antes del inicio de la excavación la investigadora de la Universidad de Córdoba Carmen González Gutiérrez.

Sin embargo, los resultados obtenidos en esta campaña obligan, al menos de momento, a seguir buscando nuevas evidencias sobre el posible emplazamiento de al-Ruṣāfa. Mientras tanto, el hallazgo aporta nueva información sobre la ocupación romana de esta zona de Córdoba y abre nuevas líneas de investigación arqueológica en el entorno de Turruñuelos.

7 de mayo de 2026

El joven que expolió dos yacimientos cacereños tendrá que indemnizar a la Junta con 12.000 euros

El condenado fue sorprendido en 2024 con un detector de metales cuando rastreaba cerca de los yacimientos de El Mirador y Puente de Fuente Concejo
El autor del expolio fue sorprendido por un guardia civil y un policía local de Cáceres. (G. C.)

La Audiencia Provincial de Cáceres ha confirmado la condena a un joven por un delito contra el patrimonio histórico tras realizar excavaciones ilegales en dos yacimientos arqueológicos situados en las afueras de la capital cacereña. La Sección Segunda del tribunal ha desestimado el recurso de apelación presentado por la defensa y ratifica íntegramente la sentencia dictada en primera instancia.

El fallo impone una multa de 14 meses, con una cuota diaria de seis euros, y establece una indemnización de 12.131,73 euros a la Junta de Extremadura por los daños causados.

Los hechos se remontan al 22 de septiembre de 2024, cuando el joven tenía 22 años. Ese día, un aviso ciudadano alertó de la presencia de una persona con un detector de metales en el entorno de los yacimientos de El Mirador y Puente de Fuente Concejo, ambos incluidos en la Carta Arqueológica de Extremadura.

Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y de la Policía Local acudieron al lugar y sorprendieron al sospechoso en el momento en que realizaba una remoción del terreno para extraer un objeto, que guardó en una bolsa antes de continuar con la prospección.

Once excavaciones
Según la resolución judicial, el acusado efectuó al menos once excavaciones sin autorización administrativa ni metodología arqueológica y esta actuación provocó un menoscabo en el yacimiento, ya que alteró «la estratigrafía del terreno y dificultó la interpretación histórica del enclave».

Aunque los objetos intervenidos no tenían valor arqueológico, el informe técnico de la Junta cifró el daño en más de 12.000 euros, al tomar como referencia el coste de una excavación científica adecuada. Y la Audiencia considera acreditado que el acusado actuó con conocimiento de que se encontraba en un entorno protegido y sin autorización, lo que confirma la existencia de dolo en su conducta.

La sentencia mantiene el decomiso de los detectores de metales, las herramientas y los objetos intervenidos, además de imponer las costas procesales de la apelación. Contra este fallo cabe recurso de casación ante el Tribunal Supremo.

6 de mayo de 2026

Descubren en Girona el yacimiento prehistórico de alta montaña más importante documentado en los Pirineos

Un equipo de investigación liderado por la UAB y el IPHES-CERCA ha documentado en la cueva 338, situada en el Valle de Nuria a 2.235 metros de altitud, ocupaciones humanas recurrentes desde hace más de 5.000 años y una de las evidencias más antiguas de explotación de minerales ricos en cobre de Europa occidental.
Trabajos de excavación arqueológica en la Cueva 338 desde el interior. Autoría: IPHES-CERCA.

Un equipo de investigación internacional liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA) ha documentado la cueva prehistórica con ocupaciones humanas intensas situada a más altitud conocida hasta ahora en los Pirineos. El yacimiento, conocido como Cueva 338 y situado a 2.235 metros sobre el nivel del mar en el valle de Núria (Queralbs, Ripollès), constituye actualmente el yacimiento prehistórico de alta montaña más importante documentado en la cordillera.

La investigación muestra que la cavidad fue ocupada de manera reiterada entre el V milenio a.C. y el final del I milenio a.C., aporta nuevas evidencias sobre la explotación de los recursos de alta montaña durante la prehistoria y cuestiona la idea tradicional de que estas zonas solo fueron utilizadas de manera esporádica o marginal. Las dataciones indican que estas ocupaciones se produjeron en varias fases diferenciadas, separadas por periodos de abandono, lo que apunta a un uso planificado y recurrente del espacio.

El estudio se ha publicado en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology. Liderado por Carlos Tornero, catedrático del Departamento de Prehistoria de la UAB e investigador del IPHES-CERCA, ha contado también con la participación de investigadores del IPHES-CERCA, la Universitat Rovira i Virgili (URV), la Universidad de Granada, la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y la Universitat de les Illes Balears (UIB), entre otras instituciones.

Una ocupación intensa y organizada en plena alta montaña
Durante décadas, la investigación arqueológica ha interpretado los espacios situados por encima de los 2.000 metros de altitud como territorios marginales, ocupados de manera puntual. La Cueva 338 rompe este modelo.

Las excavaciones en extensión llevadas a cabo entre 2021 y 2023 han revelado «una secuencia arqueológica excepcional, con numerosas estructuras de combustión, restos faunísticos, fragmentos cerámicos y un conjunto destacado de minerales verdes, probablemente malaquita, un mineral rico en cobre», explica Carlos Tornero. «Por primera vez en los Pirineos se documentan ocupaciones prehistóricas de alta montaña de una intensidad significativa, caracterizadas por la reiteración de actividades y por la explotación directa de recursos minerales dentro de la cavidad».

Entre los materiales recuperados destacan también dos colgantes, uno elaborado con una almeja marina (Glycymeris) y otro con un diente de oso pardo, que evidencian prácticas de ornamentación personal. El primero presenta paralelismos con otros yacimientos de Cataluña, mientras que el segundo es un elemento mucho menos habitual, posiblemente vinculado a un significado simbólico específico.

«La Cueva 338 nos obliga a replantear el papel de la alta montaña en las sociedades prehistóricas de los Pirineos. Durante mucho tiempo se ha asumido que estos espacios eran zonas marginales. Lo que documentamos aquí es un empleo recurrente, con actividades complejas y con una clara explotación de recursos minerales», destaca Carlos Tornero.

Las evidencias recuperadas indican que los fragmentos minerales eran introducidos en la cueva y posteriormente fragmentados o procesados en su interior, lo que sugiere una explotación sistemática de minerales ricos en cobre en un entorno de alta montaña durante el neolítico final y la edad del bronce. Estos datos sitúan a la Cueva 338 entre las evidencias más antiguas conocidas con este tipo de actividad en la Europa occidental.

El análisis espacial del yacimiento muestra una clara organización interna de las actividades, con estructuras y áreas diferenciadas. En este sentido, los investigadores interpretan la cueva como un espacio logístico integrado dentro de sistemas de movilidad estacional bien estructurados, a los que las comunidades humanas regresaban de manera recurrente para desarrollar actividades específicas.

"La montaña no era un límite, sino un territorio activo dentro de la organización económica y territorial de las comunidades prehistóricas", señala Eudald Carbonell, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio.

Un proyecto de investigación en condiciones extremas
La investigación se enmarca en el proyecto Arrels, un programa impulsado por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya y liderado por la UAB y el IPHES-CERCA, centrado en el estudio de las raíces prehistóricas de la movilidad y el empleo humano en el Alto Ripollès.

Las excavaciones en la Cueva 338 han supuesto un reto logístico importante, ya que el acceso a la cavidad solo es posible a pie desde el valle de Núria y no se puede utilizar ningún soporte motorizado, lo que ha obligado a transportar manualmente todos los materiales y sedimentos generados durante los trabajos.

"Hacer una excavación arqueológica con estándares científicos actuales en estas condiciones es extraordinariamente exigente", explica Tornero. Los trabajos han incorporado metodologías de alta resolución, como el registro tridimensional de todos los materiales, el muestreo sistemático de los sedimentos y técnicas como el lavado y la flotación, que permiten recuperar hasta los vestigios más pequeños y obtener una información muy precisa sobre las actividades desarrolladas en la cueva.

Dada la importancia científica y el excelente estado de conservación, el yacimiento ha sido protegido y restringido para garantizar la preservación de los depósitos y facilitar el desarrollo de futuras investigaciones.

Los trabajos han sido posibles también gracias al apoyo logístico e institucional del Ayuntamiento de Queralbs y del Parque Natural de Las Cabeceras del Ter y del Freser, que han facilitado el desarrollo de las intervenciones en este entorno de alta montaña.

Referente para la prehistoria europea
Los investigadores consideran que la Cueva 338 se convierte en una referencia clave para comprender la ocupación humana de la alta montaña pirenaica y la explotación de sus recursos durante la prehistoria reciente.

"Este yacimiento demuestra que los Pirineos no eran un territorio marginal para las comunidades prehistóricas, sino un espacio plenamente integrado dentro de sus estrategias de movilidad y explotación del territorio", concluye Tornero.

Los resultados abren nuevas líneas de investigación sobre el papel de los ambientes alpinos en las sociedades prehistóricas y sobre las primeras formas de explotación de recursos minerales en alta montaña.

La investigación está financiada a través del proyecto liderado por Carlos Tornero y Eudald Carbonell «Raíces prehistóricas de la trashumancia en el Alto Ripollès: proyecto arqueológico 2022–2025» (código CLT009/22/00060; AGAUR-DGPC, Departamento de Cultura, Generalitat de Catalunya) y ha contado con el apoyo logístico e institucional del Ayuntamiento de Queralbs y del Parque Natural de Las Cabeceras del Ter y del Freser, que han facilitado el desarrollo de las intervenciones en este entorno de alta montaña.

Fuente: Universidad Autónoma de Barcelona)
Artículo de referencia: Tornero, C., Díez-Canseco, C., Soler, R., Calvo, S., Delgado-Raack, S., Messana, Ch., Montes-Landa, J., Morales, J.I., Picornell-Gelabert, Ll., Soriano, E. And Carbonell, E. (2026). «Beyond 2,000 meters, first evidence of intense prehistoric occupation in the Pyrenees». Frontiers in Environmental Archaeology. 5:1811493. https://doi.org/10.3389/fearc.2026.1811493

5 de mayo de 2026

Descubren en Jaén el foro de una colonia romana única en Hispania

El yacimiento de Úbeda la Vieja revela por primera vez el centro monumental de una colonia romana inédita en la Península Ibérica.

Estructura monumental que se ha identificado la base de un elemento destacado.
M. Gutiérrez-Rodriguez et al. (2026)

Una excavación arqueológica en Jaén ha sacado a la luz el foro de Salaria, también conocida como Úbeda la Vieja, una colonia romana excepcional por ser la única de este rango en la Península Ibérica que no había sido excavada. El descubrimiento se ha producido en una finca de olivos situada en la zona del alto Guadalquivir, donde los trabajos han permitido identificar el núcleo central de este antiguo asentamiento.

Salaria fue una colonia fundada directamente por Roma, lo que le otorgaba un estatus privilegiado dentro de la organización territorial del Imperio. A diferencia de otros enclaves similares en Hispania, este yacimiento permanecía prácticamente inexplorado desde el punto de vista de la investigación arqueológica, lo que convierte a este hallazgo es muy relevante para el conocimiento histórico de la región.

Los trabajos arqueológicos han permitido identificar diferentes estructuras asociadas a este espacio central, lo que confirma la importancia del enclave. Hasta ahora, la falta de excavaciones sistemáticas había impedido conocer con detalle la disposición de la ciudad, pese a su relevancia histórica.

El descubrimiento se dio en varias fases. La primera de ellas, la inicial, consistió en un análisis de los hallazgos encontrados en superficie, estableciendo una correlación entre su concentración y la zona a excavar. Uno de los lugares donde se encontró una mayor evidencia de materiales fuera de contexto es en la que denominaron zomo área del foro.

Después, usando fotografías aéreas históricas de la zona y sometiéndolas a una mejora en la calidad, lograron identificar con claridad un gran muro de época romana que podía verse incluso desde la frondosidad del olivar. Además del muro, pudieron identificar nuevas estructuras: superficies pavimentadas y el límite del foro, rodeado por edificios.

El equipo que llevó a acabo todos los descubrimientos el proyecto los encaja dentro del conocido como postcolonial ID, proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia y Cultura de España, cuyo objetivo es la identificación arqueológica sin usar métodos agresivos para el patrimonio. Sin embargo, el elemento más significativo descubierto es el foro, que constituía el centro neurálgico de la vida pública en las ciudades romanas. En estos espacios se concentraban las actividades políticas, administrativas, comerciales y religiosas, por lo que su localización permite comprender mejor la estructura urbana y el funcionamiento de la colonia.

No solo eso, sino que con una metodología complementaría de georradar de penetración, que consiste en ondas de radio que reciben señales de estructuras subterráneas, han logrado identificar lo que parecen restos del derrumbe de edificios de vivienda.

El hallazgo es clave para entender el desarrollo de esta colonia en específico, pero también para seguir aprendiendo sobre la construcción colonial del Imperio, abriendo las puertas a nuevas interpretaciones en los hallazgos de toda la Península. El equipo encargado de la investigación espera poder continuar, ahora sí, con excavaciones arqueológicas en la zona, para poder validar las hipótesis que ya se han formulado al respecto de este yacimiento.