google.com, pub-4869754641634191, DIRECT, f08c47fec0942fa0 La Bitácora de Jenri

20 de mayo de 2026

Descubren dos iglesias visigodas de los siglos VII y IX en Roses (Girona)

Los arqueólogos responsables de la intervención aseguran que la zona aún podría esconder nuevas estructuras

Las obras de rehabilitación del Mas Montjoi de Baix, en Roses, han permitido descubrir los restos de dos iglesias de origen visigodo datadas entre los siglos VII y IX d.C., un hallazgo arqueológico inédito hasta ahora a pesar de que estos edificios ya aparecían documentados en textos históricos. Los arqueólogos responsables de la intervención aseguran que la zona aún podría esconder nuevas estructuras y quedan pendientes de la redacción de un plan director que determine cómo se deben conservar y musealizar los restos. La intervención en el Mas Montjoi de Baix comenzó hace seis años a raíz de la rehabilitación de la finca, propiedad de un particular, ya que el espacio está protegido como bien cultural de interés local y existían indicios previos de presencia arqueológica. El yacimiento se encuentra en el corazón del Parque Natural del Cap de Creus.

Según ha explicado el director de la intervención arqueológica, Marcel Pujol, una de las iglesias descubiertas habría continuado activa tanto en época visigótica como carolingia. Los restos humanos encontrados en su entorno incluyen un enterramiento del siglo VII y dos infantes datados en el siglo IX, hecho que, según el arqueólogo, demuestra que el templo "estuvo en activo antes de la llegada de los musulmanes y después". En cambio, la segunda iglesia, construida en el siglo VIII, correspondería a un edificio destruido durante la invasión musulmana que ya no se volvió a levantar. "Ligaría con las fuentes documentales que nos hablan de una iglesia totalmente arrasada por los musulmanes", ha afirmado Pujol. Las dataciones de los templos se han podido establecer principalmente gracias a pruebas de carbono 14 efectuadas sobre las tumbas localizadas alrededor de las estructuras, ya que en el yacimiento prácticamente no se han encontrado restos cerámicos que permitieran concretar su cronología.

Además de las dos iglesias, los arqueólogos también han localizado una gran cisterna de agua dividida en tres compartimentos. La primera de las iglesias se descubrió muy cerca de este depósito, después de que los investigadores detectaran en una de las terrazas una estructura de mortero de cal que les hizo sospechar. La segunda, en cambio, apareció de manera inesperada durante los sondeos previos a la construcción de un depósito de aguas residuales. “Nos apareció el ábside”, ha explicado Pujol. Los trabajos arqueológicos continúan abiertos porque los expertos creen que el subsuelo aún podría conservar nuevas estructuras vinculadas tanto al monasterio como al antiguo núcleo habitado. “Un monasterio no solo es una iglesia. Puede haber dependencias anexas, cementerios, viviendas de los monjes, cocinas o almacenes”, ha recordado Pujol. Ahora, los técnicos esperan la redacción de un plan director que determine las futuras excavaciones y fije los criterios de conservación, restauración y musealización del yacimiento.

19 de mayo de 2026

Los arqueólogos confirman el origen cristiano de la iglesia de Almodóvar del Campo (Ciudad Real)

La investigación revela que hubo un largo periodo sin evidencias significativas en este enclave hasta la llegada de la Orden de Calatrava en el siglo XIII.
Sobre la pantalla, la fotografía de la cruz procesional hallada durante las excavaciones.

La iglesia parroquial de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), cuyos orígenes están datados en el siglo XIII, no se asienta sobre ninguna mezquita musulmana anterior, según puede confirmar el equipo multidisciplinar de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha que el pasado jueves presentó los resultados de las excavaciones arqueológicas efectuadas.

Así lo explicitaron, ante más de 200 personas, el grupo de expertos integrado por el doctor en Historia Jesús Manuel Molero García y director de este proyecto y sus compañeros David Gallego Valle, también doctor en Historia y el experto arqueólogo Juan Ángel Ruiz Sabina, tras casi dos años de trabajos realizados con financiación del Ayuntamiento.

Los hallazgos reescriben en parte la cronología del edificio, aportan datos inéditos sobre el poblamiento de la zona desde hace 4.000 años y concretan cómo la Orden de Calatrava configuró la frontera castellana en estas latitudes peninsulares, algo que fue fundamental para avanzar en la Reconquista cristiana y que ilustran enterramientos en el templo.

Según dijeron los especialistas en una exhaustiva y muy documentada ponencia introducida por el párroco Juan Carlos Torres en el mismo lugar objeto de los estudios y que estaba a rebosar, en presencia también del alcalde, José Lozano, si bien la arqueología descarta la existencia de restos de la susodicha mezquita, lo encontrado sí apunta a una iglesia completa del siglo XIII, lo que supone todo un hito científico de primer orden.

El doctor David Gallego fue tajante al respecto al indicar que la excavación arqueológica centrada en la zona del oeste ha demostrado que las estructuras interpretadas inicialmente como restos de un edificio religioso islámico pertenecen, en realidad, a una iglesia cristiana de tres naves construida en la referida centuria.

Una conclusión fehaciente que el doctor Jesús Molero, especialista en Órdenes Militares, contextualizó dentro del proceso de repoblación cristiana que siguió a la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212. “La primera cita en la documentación de esta iglesia data del año 1245. La excavación nos ha demostrado que la iglesia ya existía en el siglo XIII en este lugar, lo cual contradice interpretaciones que decían que estaba en otro sitio”, dijo.

Esta estructura medieval, de unos 30 metros de longitud por 18 de anchura, constituye una de las pocas parroquias de la Orden de Calatrava de esa época que han podido ser documentadas arqueológicamente en Castilla-La Mancha.

Como fueron desgranando a lo largo de la hora y veinte minutos de explicaciones profusas y apoyadas en documentación fotográfica, recreaciones 3D o planimetrías en las que se han empleado técnicas muy modernas, los arqueólogos han documentado periodos ocupación que se remontan a la Edad del Bronce.

De los fragmentos cerámicos recuperados, una gran parte pertenecen a esta fase prehistórica. “Lo que sobre todo hemos documentado son niveles que nos hablan del origen de Almodóvar desde hace 4.000 años en este punto donde estamos”, señaló Gallego Valle.

Los elementos hallados, como urnas con formas angulosas conocidas técnicamente como de carena media y piezas manufacturadas a mano, confirman que el enclave del templo ha sido un punto de ocupación humana desde tiempos remotos. No obstante, la investigación revela que hubo un largo periodo sin evidencias significativas en este enclave hasta la llegada de la Orden de Calatrava en el siglo XIII.

La sorpresa de la conferencia: una cruz gótica inédita
Otro de los momentos de mayor trascendencia de la conferencia fue la proyección de la imagen de una cruz procesional gótica, hallada durante el cribado de los estratos medievales analizados y que, según avanzaron los expertos, quienes la sitúan entre los siglos XIV y XV, requiere ahora de un proceso minucioso de restauración.

“Es posiblemente la cruz procesional de la iglesia medieval”, refirió Gallego, para añadir que se trata de una pieza de gran relevancia porque “puede ser de las poquitas cruces procesionales góticas que tenemos en la provincia y en la región”, tal y como pudieron contrastar al consultar a Arturo Sagrado Pantoja, experto en cruces de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

La pieza descubierta conserva elementos floronados y restos que sugieren la presencia de pedrería o esmaltes originales y los investigadores barajan la hipótesis de que se perdiera accidentalmente o fuera ocultada deliberadamente, durante la gran reforma de ampliación a la que se sometió el templo en el siglo XVI o por algún asalto militar.

Evidencias bioarqueológicas
El estudio de los restos humanos recuperados en la necrópolis parroquial que quedó al descubierto en las excavaciones, también ha permitido trazar un perfil antropológico de los antiguos habitantes de Almodóvar, al analizarse restos de individuos adultos e infantiles que revelan una realidad social marcada por la dureza física de aquellos siglos.

“Hablamos de una comunidad sometida a un desastre corporal, con una exigencia física y estrés continuado”, afirmó David Gallego, quien citó por ejemplo análisis dentales que muestran desgastes acusados por consumo de harinas mal procesadas, exponiendo también altas tasas de patologías como artrosis y hernias discales, incluso en jóvenes, en unos restos que han vuelto a ser depositados y enterrados tal y como los encontraron.

El dato más revelador aquí fue documentar heridas de guerra. Se localizaron varios individuos con puntas de flecha y virotes de ballesta alojados en sus cuerpos y que fueron la causa de sus muertes, lo que evidencia que pobladores almodovareños de la época participaron en guerras y conflictos civiles de la Orden de Calatrava en los siglos XIV y XV.

La iglesia de la Asunción, un “organismo vivo”
La investigación ha permitido asimismo reconstruir la biografía constructiva del templo que, como un “organismo vivo” tal y como proclamó el equipo, ha crecido y se ha transformado a lo largo de siete siglos, por cuanto la estructura de hoy es resultado de un proceso evolutivo acorde a cada etapa histórica.

Así, ya el levantamiento en el siglo XIII de esta iglesia que no se concibió precisamente como un edificio menor, pues contaba con tres naves y unas dimensiones considerables de 30 metros de longitud por 18 de anchura, construida con muros encintados de ladrillo al estilo toledano, requiriendo una peana de mortero y cal diseñada para estabilizar pesos.

Esta fisonomía medieval se mantuvo sin grandes cambios hasta finales del siglo XV y principios del XVI, cuando el auge económico de Almodóvar del Campo, impulsado por sus ferias y la riqueza ganadera del Valle de Alcudia, demandó un templo de mayor envergadura.

El proceso de ampliación se realizó mediante una técnica de superposición en la que se levantó una nueva cabecera y el altar mientras la iglesia vieja seguía en uso. Una vez concluida esta zona, mucho más alta y monumental, la obra avanzó hacia los pies del templo reconfigurando progresivamente la estructura del siglo XIII. “El proyecto del siglo XVI era mucho mayor; se nota que querían dotar a la villa de una catedralidad que antes no tenía”, ilustró el doctor Gallego Valle.

La evolución continuó en los siglos XVII y XVIII con añadidos de estilo de época barroca que terminaron de configurar su actual planta. Se han identificado también los muros de cimentación de las estructuras que se adosaron al muro norte del templo, destacando el área que hoy ocupa la capilla octogonal del sagrario y la torre aledaña. Asimismo, se han documentado muros de apoyo del antiguo coro barroco situado a los pies de la iglesia.

Finalmente, la etapa contemporánea desde el siglo XIX estará marcada por el traumático incendio de 1978, suceso que obligó a una reconstrucción profunda pero que, según advirtieron los arqueólogos, ha generado ciertas confusiones históricas por cuanto en dicha restauración se emplearon técnicas “historicistas” que imitaban las formas medievales utilizando materiales modernos como el hormigón, lo que hoy obliga a los investigadores a ser extremadamente prudentes al analizar los alzados.

El equipo lamentó la pérdida de pinturas murales originales durante estos procesos, señalando que la iglesia actual, aunque imponente, es una versión restaurada que ha ocultado tras distintas reformas la riqueza iconográfica que un día decoró sus muros.
Tecnología de vanguardia para generar un “gemelo digital”

La gestión del proyecto investigador ha destacado por el uso de tecnologías avanzadas para poder documentar convenientemente todo este conjunto patrimonial, hasta el punto de que, como aseveró Juan Ángel Ruiz Sabina, esas aplicaciones han permitido generar un “gemelo digital” del edificio.

De cara a este objetivo, se han empleado “drones para documentar fotográficamente todo el exterior e interior, generando modelos tridimensionales que nos permiten tomar medidas exactas y seccionar el modelo para vislumbrar grosores de muros”, indicó el experto, quien aludió además a técnicas de georreferenciación para fijar coordenadas.

Un modelo digital que ha servido como base para integrar los datos obtenidos mediante georradar, permitiendo además a los arqueólogos “ver” bajo el suelo antes de excavar. Gracias a esta metodología, se identificaron anomalías en la zona de los pies del templo que resultaron ser las cimentaciones originales de la iglesia medieval y esa gran peana.

Gracias a este modelo replicado con nuevas tecnologías, el equipo puede ahora continuar con su estudio dando paso a una fase de carácter documental, centrada en el estudio de los Libros de Visita de la Orden de Calatrava y los expedientes de restauración de mediados del siglo XX custodiados en el Archivo General de la Administración.

Esta labor, en contraste con lo que ya han podido recabar, va a ser clave para deslindar con total precisión los elementos medievales originales de las reconstrucciones historicistas realizadas tras el incendio de 1978 y poder ser más certeros en torno a las consideraciones expuestas.

Porque, ya el doctor Jesús Molero quiso rebajar en cierta manera las expectativas sobre el carácter definitivo de los resultados expuestos, por cuanto, advirtió, “en investigación, estas tareas no se acaban nunca. Son conclusiones finales a día de hoy, pero dentro de un mes podrían cambiar porque seguimos avanzando”.

18 de mayo de 2026

Dos enterramientos del siglo VI reescriben la historia de Totana (Murcia)

El equipo arqueológico desveló el hallazgo de los restos de dos individuos en el yacimiento de Las Cabezuelas.

Totana vivió el pasado sábado una de esas noches que trascienden la simple programación cultural para convertirse en una auténtica experiencia de descubrimiento. Enmarcada en la celebración del Día Internacional de los Museos, la jornada organizada por la Concejalía de Cultura y la Asociación Kalathos culminó con una conferencia que consiguió algo poco habitual: mantener al público en absoluto silencio durante más de una hora mientras arqueólogos y especialistas desvelaban, pieza a pieza, los secretos ocultos bajo la tierra del yacimiento de Las Cabezuelas.

Lo que comenzó como una intensa jornada de visitas guiadas al patrimonio histórico del municipio terminó convirtiéndose en un viaje de 3.000 años hacia el pasado de Totana. Y no un pasado abstracto ni lejano, sino uno profundamente humano. Porque la gran revelación de la noche no fueron únicamente las estructuras arqueológicas o las piezas halladas, sino la posibilidad de mirar directamente a los rostros, las enfermedades, las costumbres y hasta el sufrimiento físico de dos hombres enterrados hace aproximadamente 1.500 años.

La explanada y las dependencias del antiguo Centro Tecnológico de Artesanía (CTA) fueron el escenario de una cita que reunió a vecinos, aficionados a la historia, colaboradores del proyecto arqueológico y numerosos curiosos atraídos por el hallazgo realizado durante la campaña de excavaciones de 2025. Tal fue el interés que parte del público tuvo que seguir la conferencia de pie.

La conferencia estuvo dirigida por los arqueólogos José Antonio González Guerao y Juan Antonio Ramírez Águila, junto a la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, especialista en antropología física y análisis osteológico.

Desde el inicio quedó claro que la intención del equipo no era únicamente presentar hallazgos arqueológicos, sino también explicar el enorme trabajo científico y humano que existe detrás de cada excavación. González Guerao comenzó con una presentación de su compañero Ramírez Águila que arrancó risas entre el público: "No me equivoco si digo que está en el top tres de los arqueólogos de la Región de Murcia. El único defecto que tiene es que no es totanero, que es de Alhama", bromeó.

El arqueólogo quiso también reivindicar el papel de los voluntarios y miembros de la Asociación Kalathos, recordando que la parte visible de una excavación —los quince o veinte días de campaña sobre el terreno— es solo una pequeña fracción del trabajo real. "El proyecto sobrevive gracias a ellos", afirmó antes de pedir un aplauso para todos los colaboradores presentes en la explanada. Detrás de esos días de excavación estival existe un esfuerzo constante de limpieza, clasificación, restauración, documentación y análisis de materiales que se prolonga durante todo el año, todos los martes por la tarde en las dependencias del CTA cedidas por el Ayuntamiento.

La reivindicación del valor científico fue otro de los ejes de la conferencia. González Guerao insistió en que el proyecto no solo cumple una función divulgativa, sino que se ha ido abriendo paso en congresos nacionales e internacionales: Granada, Ciudad Real, Córdoba. "La ciencia sin la divulgación no es nada, pero también estamos haciendo muchísima ciencia", subrayó.

También quiso agradecer la colaboración de Visanfer, los propietarios de la finca, que aportan materiales y apoyo logístico al proyecto, así como al equipo de La Bastida, que dejó equipamiento necesario para la conferencia. González Guerao anunció además que el grupo de investigación de Antigüedad Cristiana de la Universidad de Murcia ha mostrado interés en visitar el yacimiento dada la relevancia del periodo descubierto.

El Villar de las Cabezuelas: un yacimiento de 3.000 años
La primera gran parte de la charla estuvo dedicada a contextualizar históricamente el yacimiento. Juan Antonio Ramírez Águila explicó que el equipo ha recuperado la denominación histórica de "Villar de las Cabezuelas", documentada en textos del siglo XVI. El término "villar" hacía referencia a un asentamiento antiguo despoblado, definición que encaja perfectamente con la naturaleza del enclave.

Situado en el Valle del Guadalentín, en posición intermedia entre Lorca y Murcia, el yacimiento ocupa una suave elevación próxima a la Rambla de la Santa y a la antigua Rambla de los Molinos, curso de agua que históricamente llegó a mover hasta once molinos y que el arqueólogo describió como "un auténtico río permanente" hasta el siglo XIX, recurso fundamental que permitió la ocupación humana del lugar durante milenios.

Uno de los aspectos más interesantes de la conferencia fue la extraordinaria complejidad cronológica del yacimiento. A diferencia de La Bastida, asociada a una cultura relativamente homogénea, Las Cabezuelas presenta una ocupación prácticamente continua durante cerca de 3.000 años. González Guerao recurrió a la imagen que utiliza habitualmente con los grupos escolares: una "tarta de capas de chocolate". Cada capa representa un periodo distinto: Bronce Final, mundo ibérico, época romana, etapa tardoantigua y periodo andalusí. Todo ello concentrado en apenas unos metros de terreno, lo que convierte la excavación en un trabajo extremadamente complejo.

La gran herida de 1972
Uno de los momentos más impactantes llegó cuando el equipo recordó la enorme destrucción sufrida por el yacimiento en 1972. El propietario de la finca decidió explanar gran parte del cerro con maquinaria pesada para transformarlo en terreno agrícola, arrasando más de la mitad de la superficie arqueológica.

Fueron vecinos y maestros de Totana quienes alertaron al entonces director del Museo Arqueológico de Murcia, Manuel Jorge Aragoneses, quien se personó en el lugar y detuvo los trabajos. La intervención que siguió, sin embargo, careció del rigor científico necesario. Aficionados que buscaban "piezas bonitas" despreciaban o destruían directamente los materiales medievales e islámicos. "Nos contaban cómo aparecían ollas enteras y las tiraban", relató Ramírez Águila. El yacimiento quedó entonces etiquetado casi exclusivamente como un gran enclave ibérico, cuando en realidad era mucho más.

El renacimiento del proyecto en 2014
El auténtico relanzamiento científico no llegó hasta 2014, cuando el equipo empezó a trabajar de forma sistemática con escasos medios pero enorme implicación personal. "Hubo quien nos dijo: '¿Pero dónde vais? Ahí no hay nada, está todo destrozado'", recordó González Guerao. La imagen de decenas de colaboradores excavando en pleno agosto "por un bocadillo y un refresco" resume bien el carácter casi vocacional del proyecto.

El trabajo no termina en el yacimiento. En el laboratorio del CTA, cada martes por la tarde, el equipo lava, clasifica, restaura, inventaría, dibuja y analiza los materiales. Algunos de los jóvenes que aparecen en las primeras fotografías del proyecto son hoy ya arqueólogos graduados.

Cerámicas de lujo y contactos con Córdoba
Las excavaciones en el Sector 1 han proporcionado hallazgos materiales notables. En los silos medievales reutilizados como vertederos aparecieron piezas cerámicas excepcionales datadas entre los siglos IX y X, algunas posiblemente vinculadas a talleres califales relacionados con Medina Azahara. Su presencia demuestra que los habitantes del yacimiento mantenían conexiones comerciales y culturales con los grandes centros políticos de Al-Ándalus.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que gran parte de aquella población fuera mozárabe, es decir, cristianos viviendo bajo dominio islámico. Las fuentes árabes, concretamente las memorias del rey Abdullah de Granada sobre el asedio cristiano al Castillo de Aledo durante el siglo XI, mencionan que cristianos de la zona ayudaban a los refugiados en la fortaleza. "Muchos de ellos eran de aquí, de este yacimiento, porque es contemporáneo", explicaron.

El Sector 1 también deparó una pieza ibérica excepcional decorada con representaciones zoomorfas: aves, peces y un posible ciervo. Su importancia radica en que este tipo de representaciones no se asocia habitualmente al ámbito bastetano en el que se sitúa históricamente Totana. "Nos estaríamos moviendo en el ámbito de los contestanos", señaló González Guerao, añadiendo que la pieza "va a generar mucho interés en la comunidad científica".

El Sector 3 y el hallazgo inesperado
El verdadero núcleo emocional y científico de la conferencia llegó con los descubrimientos del Sector 3. En apenas cien metros cuadrados se superponen tres periodos históricos distintos. Y fue en el fondo de uno de los silos medievales donde, en la Navidad de 2024, apareció inesperadamente un cráneo humano.

"Podéis imaginar a la voluntaria que estaba excavando ese silo", explicó González Guerao. "Para nada esperábamos que pasase esto." A partir de ese momento comenzó una excavación extremadamente delicada que terminó revelando dos tumbas cuidadosamente preparadas, construidas con fosas delimitadas por mampostería y ladrillos romanos reutilizados, algunos de ellos con digitaciones visibles.

Las pruebas de Carbono-14 realizadas en el laboratorio Cirán, situado en la zona de Burdeos (Francia), gracias a la gestión de la Universidad de Murcia, ofrecieron una datación extraordinaria: siglo VI d.C. Ese resultado sitúa los enterramientos en plena Antigüedad Tardía y abre una nueva etapa histórica para el yacimiento, un periodo "bastante desconocido en la Región de Murcia", en palabras de González Guerao. El contexto histórico es el de la llegada de los bizantinos a la península en el 552 d.C., aunque los arqueólogos fueron cuidadosos: "No estamos diciendo que sean bizantinos, no lo podemos decir abiertamente, pero sí que están en ese contexto."

Los paralelos más cercanos se encontraron en la necrópolis tardoantigua de Eliocroca (Lorca), publicada por Silvia Yus en 2021, y en la necrópolis tardorromana de La Molineta en el Puerto de Mazarrón, cuyo sistema constructivo de enterramientos es muy similar al documentado en Las Cabezuelas.

María Inés Fregeiro: cuando los huesos empiezan a hablar
La intervención más impactante de la noche fue, sin duda, la de la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, quien lleva diecisiete años vinculada a Totana a través del yacimiento de La Bastida. Esta fue su primera experiencia en el mundo romano y tardoantiguo. "Fue maravilloso", confesó. "Intenté usar solo tres palabras para definir al equipo: entusiasmo, dedicación y generosidad."

Con un lenguaje cercano y enorme capacidad divulgativa, la especialista fue guiando al público por el análisis osteológico de ambos individuos.

Individuo 1: el joven de aspecto grácil
El primer esqueleto correspondía a un hombre joven de entre 27 y 29 años. Y aquí llegó uno de los momentos más humanos y divertidos de la conferencia: Fregeiro confesó que, cuando le entregaron el cráneo ya con un nombre masculino asignado por el equipo, estuvo a punto de contradecirles. "No me cuadraba. Pensé que era mujer." La gracilidad del cráneo, con indicadores sexuales muy poco marcados, la llevó a dudar de sus propias capacidades: "Dije, puedo haber perdido actitudes. Hace cinco años que no excavaba." Fue al levantar el esqueleto completo y examinar los coxales cuando todo se aclaró. "¡Es varón! Así que Perico Salchichón, ¿no? ¡Tenías razón!"

La precisión en la determinación de la edad —entre 27 y 29 años— fue posible gracias a que la epífisis de la clavícula, el último hueso en fusionarse en el cuerpo humano, estaba aún en proceso. "Cuando somos bebés tenemos 300 huesos. Cuando somos adultos, 200. Y cuando somos ancianos, menos, porque algunos se fusionan", explicó la investigadora con una claridad que dejó al público sin palabras.

El individuo presentaba además una sutura metópica en el cráneo, un rasgo anatómico poco frecuente que podría resultar útil en futuros estudios genéticos para investigar posibles relaciones de parentesco con el segundo individuo. También mostraba hipoplasia del esmalte dental, señal de episodios de fiebre alta o desnutrición sufridos durante la infancia.

El análisis de la posición de los huesos permitió además reconstruir el ritual funerario: el cuerpo fue depositado con el brazo izquierdo estirado y la mano derecha sobre la pelvis, envuelto en una mortaja muy ajustada que, al descomponerse junto con un posible cojín vegetal bajo la cabeza, desplazó las vértebras cervicales y forzó la posición de clavículas y hombros hacia adelante. Dos clavos de hierro hallados en la tumba sugieren que pudo estar cubierto por una madera.

Individuo 2: una vida marcada por la enfermedad
El segundo individuo causó una enorme impresión. Un hombre de unos cuarenta años, de menor estatura y complexión más robusta, con piernas cortas y brazos largos, cuyo esqueleto contaba una historia de sufrimiento prolongado.

Fregeiro describió un cuadro clínico que comenzó siendo un enigma: sin artrosis en ninguna articulación —lo que debería indicar un hombre joven— pero con el esternón fusionado y el cartílago tiroides osificado, indicadores ambos de una persona mayor de cuarenta años. "Yo decía: 'No entiendo'. Tiene todas las vértebras juveniles, las manos con cero artrosis... No entiendo."

La respuesta llegó al analizar las costillas. Casi todas las del lado derecho mostraban reacciones pleurales, es decir, alteraciones en la membrana que recubre los pulmones: desde lesiones regenerativas hasta lesiones líticas con procesos de destrucción ósea que sugerían focos de pus. El periostio —la membrana externa de los huesos— mostraba reacciones inflamatorias en tibias, fémures, peronés y el brazo izquierdo. "Este hombre padeció una enfermedad pulmonar crónica que posiblemente le ocasionó fatigas, dolor, molestias. Y en casos clínicos recientes los pacientes describen 'que el hueso duele desde dentro'."

La especialista explicó que probablemente la enfermedad le impedía hacer esfuerzos físicos, lo que explicaría la ausencia de artrosis. "Por eso este caso tan críptico más o menos puede llegar a buen puerto."

El momento más sobrecogedor llegó con la fractura de una costilla izquierda. El hueso mostraba un intento incompleto de regeneración, señal de que la lesión seguía activa en el momento de la muerte. "La formación del callo no llegó a fraguar, lo cual es un indicador indirecto de que murió en ese momento, con esto activo." La investigadora planteó la posibilidad de que un ataque violento de tos pudiera haber provocado aquella fractura como episodio final de la enfermedad.

La hipótesis principal: una posible tuberculosis. "Es compatible, pero no lo sé. El estudio genético que posiblemente se pueda hacer podrá determinarlo."

Y sobre el individuo 1: "Murió de algo que el hueso ni se enteró", explicó Fregeiro aplicando el concepto de paradoja osteológica: enfermedades muy agudas no dejan huella en el esqueleto. La causa de su muerte seguirá siendo, por ahora, una incógnita.

Un laboratorio abierto a los vecinos
Tras finalizar la conferencia, muchos asistentes bajaron al laboratorio donde los esqueletos habían sido preparados por Fregeiro "de manera espectacular", en palabras de González Guerao. Allí pudieron observar directamente los restos y conversar con los investigadores.

14 de mayo de 2026

Encuentran otro altar con forma de piel de toro en el yacimiento del Turuñuelo (Badajoz)

Los dos anteriores aparecieron en la habitación 100 y en la habitación del banquete, las estancias más emblemáticas del complejo. Este tercero salió en un pasillo de la parte norte del túmulo, en una zona que no se abría desde hace más de diez años.
Yacimiento del Turuñuelo. Foto: Ayuntamiento de Guareña.

El yacimiento del Turuñuelo, que descansa en el término municipal de Guareña (Badajoz), suma un nuevo hallazgo en su octava campaña de excavaciones. Un equipo de 17 personas lleva apenas quince días trabajando sobre el terreno, y ya ha dado con la pieza más llamativa de la temporada.

En esta misma línea, los investigadores del CSIC se han centrado este año en la parte más elevada del túmulo, una zona sin tocar desde 2015. Lo que han sacado a la luz confirma lo que muchos ya intuían sobre el carácter de este edificio.

Tercer altar con forma de piel de toro
El hallazgo es un altar de mármol del Proconeso (la actual Turquía) con la inconfundible silueta de una piel de toro extendida. Hablamos aquí de un cuadrado con los lados cóncavos que la cultura tartésica reservaba para sus rituales más solemnes. Mide 110 centímetros por cada lado y es el segundo en tamaño de los tres ya desenterrados en el enclave.

Los dos anteriores aparecieron en la habitación 100 y en la habitación del banquete, las estancias más emblemáticas del complejo. Este tercero salió en un pasillo de la parte norte del túmulo, en una zona que no se abría desde hace más de diez años.

«Ahora nos estamos centrando en la parte más elevada del túmulo, al norte y al sur de la habitación cien, y en la primera estancia que hemos excavado ha aparecido este altar característico de la cultura tartésica del que ya teníamos dos», explicó la directora de la excavación, Esther Rodríguez.

La cerámica de importación también asoma en esta campaña. Hay piezas de cerámica ática y un repertorio habitual de vajilla, como vasos y ánforas, que el equipo pega, cataloga y analiza en los meses posteriores a cada excavación.

De Oriente al corazón de Extremadura: ¿Qué simboliza el toro en este contexto?
El toro tenía en el Mediterráneo oriental un peso simbólico considerable. Era sinónimo de poder, fuerza y fertilidad, y los linajes gobernantes lo empleaban para legitimar su autoridad. La piel extendida del animal, con esa forma que combina el rectángulo con los flancos hundidos hacia dentro, funcionaba como emblema sagrado en las culturas paleorientales.

Altares de este tipo los hay también en Cancho Roano (Zalamea de la Serena), en Coria del Río y en el Carambolo (Camas, Sevilla), donde se conserva el de mayores dimensiones documentado hasta la fecha.

Cabe destacar que lo que distingue al complejo de Guareña es la concentración: ya acumula tres, una cifra sin parangón en el registro arqueológico tartésico.

Según Rodríguez, «sobre estas estructuras se llevaban a cabo sacrificios, por eso la parte central está más quemada y en los laterales se aprecian restos de ceniza, ya que los sacrificios podían ser desde quemar pequeños pájaros a una ternera o una cabra».

¿Templo o palacio?
La acumulación de altares refuerza la hipótesis de que el edificio tuvo un uso ritual marcado. La directora evita concluir si se trata de un templo o un palacio, pero ya no descarta ninguna de las dos opciones: «No se le puede negar que el lugar tenga un carácter ritual».

El equipo de 2026 es el más numeroso en la historia del proyecto: 17 personas en total, entre tres obreros, doce técnicos y los dos directores.

Trabajan también en otras estancias donde aparecen acumulaciones de piedras sin función constructiva clara. «Es un espacio que presenta más preguntas que respuestas», reconoció el codirector Sebastián Celestino.

Los directores calculan que la excavación roza el 50% del total del yacimiento del Turuñuelo, aunque Rodríguez matiza que «queda mucho por analizar y de lo que aparezca se pueden derivar diferentes lecturas». En este sentido, la campaña se extiende hasta el 31 de mayo.
Una cadena de descubrimientos en Extremadura que no da tregua desde 2015

El Turuñuelo encadena variopintos hallazgos desde su primera excavación sobre el terreno. A continuación, se detalla uno por uno:

Entre tanto, la obra de la cúpula que cubrirá el yacimiento ya ha arrancado. Cuando esté terminada, el equipo podrá excavar en cualquier época del año, sin depender de la estrecha ventana primaveral de cada campaña.

13 de mayo de 2026

Nueva campaña de excavación arqueológica en el castro de Valencia do Sil (Ourense)

Los trabajos tienen un doble objetivo: continuar con la investigación del área habitacional, donde en las últimas intervenciones se documentaron nuevas estancias,  e iniciar una nueva etapa orientada a su puesta en valor y a su apertura a la sociedad.

El yacimiento de O Castelo, el castro de Valencia do Sil (Vilamartín de Valdeorras), acoge una nueva campaña de excavación arqueológica. En esta ocasión, los trabajos tienen un doble objetivo: continuar con la investigación del área habitacional, donde en las últimas intervenciones se documentaron nuevas estancias que confirman la entidad del asentamiento como un amplio complejo arqueológico, e iniciar una nueva etapa orientada a su puesta en valor y a su apertura a la sociedad.

La iniciativa está promovida, un año más, por el Concello de Vilamartín de Valdeorras, con la colaboración de la asociación científica Sputnik Labrego, la Universidad de Santiago de Compostela, la Unidade de Arqueoloxía da Universidade do Minho y el proyecto COIDARQ, financiado por las ayudas posdoctorales de la Xunta de Galicia.

Con esta nueva campaña, el castro de Valencia do Sil, O Castelo, se consolida como un referente arqueológico en el Noroeste peninsular y refuerza también su dimensión como escuela de arqueología.

Los objetivos de esta campaña son claros: seguir profundizando en el conocimiento de la zona residencial, que ofrece información fundamental sobre la sociedad que habitó Valdeorras durante el siglo V, y avanzar en la accesibilidad del yacimiento para el público general.

«Desde el inicio de las actuaciones, además del valor científico que queríamos desarrollar a través del análisis de los materiales y de las estructuras documentadas en las distintas fases de ocupación, teníamos claro que era necesario poner en valor el yacimiento y gestionarlo como un recurso patrimonial de primer orden», señala Celtia Rodríguez González, investigadora de la USC y de la Universidade do Minho, y codirectora de las excavaciones en el yacimiento.

«O Castelo de Valencia do Sil es un yacimiento reconocido en la Península Ibérica por su importancia científica y también como un referente patrimonial y arqueológico», añade.

Por su parte, Carlos Tejerizo, profesor de la Universidad de Salamanca y director científico de la actuación, explica que «nuestro objetivo es que quienes visiten O Castelo puedan entender mejor la importancia de este asentamiento y la vida de las personas que lo habitaron hace más de mil quinientos años».

Además, en esta campaña «tenemos el objetivo de poner en marcha la señalización del yacimiento, pero también de continuar con la labor divulgativa del sitio», subraya Carlos Tejerizo.

Escuela de arqueología
En los próximos días, la escuela de arqueología volverá a Valdeorras. Como en campañas anteriores, estudiantes del máster en Arqueología de la USC y de la Universidade de Vigo participarán en los trabajos de campo a través de un convenio de prácticas. Durante su estancia, podrán aprender cómo se organiza y gestiona una excavación arqueológica, poniendo en práctica los conocimientos adquiridos durante el curso bajo la supervisión de especialistas.

Apertura al público
La campaña también tendrá una importante dimensión social y educativa. El yacimiento se abrirá al público durante los trabajos, con una atención especial a las niñas y niños de Valdeorras, que volverán a ser protagonistas de las actividades de divulgación.

«Desde nuestro punto de vista, el yacimiento debe tener un valor patrimonial muy vinculado a las nuevas generaciones, porque ellas son el futuro de Valdeorras. Pensamos que deben conocer su patrimonio de primera mano», señala Celtia Rodríguez.

Durante esta campaña, O Castelo podrá ser visitado mientras se desarrollan los trabajos arqueológicos. Desde la organización animan a la vecindad y a las personas interesadas a acercarse al yacimiento en horario de campo, de 10:00 a 15:00 horas, para conocer de cerca el avance de las excavaciones.

«No se trata solo de excavar, sino también de devolver a la sociedad el conocimiento que genera la investigación arqueológica», añade Tejerizo. «La puesta en valor del yacimiento permitirá reforzar su papel como recurso cultural para Valdeorras y como referente arqueológico en el Noroeste peninsular».

Esta nueva intervención está financiada por el Concello de Vilamartín de Valdeorras, en colaboración con la asociación científica Sputnik Labrego, la Universidade de Santiago de Compostela, la Unidade de Arqueologia da Universidade do Minho y el proyecto COIDARQ, que analizan las sociedades rurales en la transición a la Alta Edad Media en el Noroeste peninsular.

12 de mayo de 2026

Las excavaciones del Castro das Barreiras avanzan con nuevos hallazgos

Entre los hallazgos en el yacimiento coruñés destaca un betilo, una pieza vinculada a posibles usos simbólicos o religiosos y considerada relevante para avanzar en el conocimiento del yacimiento.


El Concello de Vimianzo ha iniciado una nueva campaña de excavaciones arqueológicas en el Castro das Barreiras, dentro de las actuaciones de conservación y valorización del patrimonio local previstas para 2026.

Los trabajos, dirigidos por el arqueólogo Tito Concheiro, comenzaron el pasado 4 de mayo y continúan el plan de excavación progresiva desarrollado en la zona visible del yacimiento.

La intervención se divide en dos sectores, situados al norte y al sur del castro. En el primero, el equipo trabaja en la excavación de una gran cabaña de planta ovalada, de la que hasta ahora solo se ha descubierto parte de un muro de gran anchura. Según los responsables de la actuación, se trata de una estructura de carácter monumental que podría aportar nueva información sobre la organización interna del asentamiento.

En otra de las áreas de trabajo se ha retomado el estudio de la muralla del castro, construida mediante un sistema de bancales y terrazas. Junto a esta estructura defensiva también se excava un vertedero cerámico con abundantes restos de alfarería y fragmentos de recipientes desechados entre la muralla y las viviendas.

Balance inicial muy positivo
El balance inicial de la campaña es “muy positivo”, según el equipo arqueológico, que ya ha recuperado abundante material. Entre los hallazgos destaca un betilo, una pieza vinculada a posibles usos simbólicos o religiosos y considerada relevante para avanzar en el conocimiento del yacimiento.

La campaña incluye además visitas guiadas para alumnado de centros educativos del municipio con el objetivo de acercar el patrimonio arqueológico a la población joven.

Durante la presentación de los trabajos, la alcaldesa destacó la importancia de seguir descubriendo elementos que “refuerzan el valor patrimonial das Barreiras” y señaló que el municipio busca convertir el enclave “en un referente del turismo arqueológico”.

11 de mayo de 2026

Encuentran un edificio romano en la zona donde buscaban el palacio de Abderramán

La intervención arqueológica desarrollada en los Jardines de los Granados Sefardíes, en la zona cordobesa de Turruñuelos, ha concluido con un resultado inesperado: los arqueólogos han documentado un edificio de carácter productivo fechado a comienzos del siglo I d.C., descartando por ahora que los restos excavados pertenezcan a la almunia de al-Ruṣāfa, vinculada al emir omeya Abd al-Rahman I.
Excavación que busca restos de Al Rusafa, el palacio de Abderramán GUILLE MORALES

La intervención arqueológica desarrollada en los Jardines de los Granados Sefardíes, en la zona cordobesa de Turruñuelos, ha concluido con un resultado inesperado: los arqueólogos han documentado un edificio de carácter productivo fechado a comienzos del siglo I d.C., descartando por ahora que los restos excavados pertenezcan a la almunia de al-Ruṣāfa, vinculada al emir omeya Abd al-Rahman I.

La actuación, iniciada el pasado mes de marzo, tenía como objetivo investigar una gran construcción detectada mediante prospección geomagnética durante los trabajos de urbanización del Plan Parcial. Desde principios de los años 2000, distintos estudios habían apuntado a la posibilidad de que esa estructura correspondiera a la mítica almunia de al-Ruṣāfa, uno de los complejos promovidos por Abd al-Rahman I tras la fundación del Emirato de Córdoba en el año 756.

La excavación ha sido financiada por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, la Universidad de Córdoba y la Fundación Gerda Henkel. La dirección científica del proyecto ha estado encabezada por el doctor Félix Arnold y la doctora Carmen González Gutiérrez, mientras que la intervención sobre el terreno ha sido dirigida por la propia González Gutiérrez y el arqueólogo Rafael Clapés.

Según ha comunicado la empresa responsable de los trabajos, los restos localizados corresponden a un edificio de funcionalidad aún por determinar, aunque relacionado con actividades productivas en época romana altoimperial. Tanto los materiales cerámicos hallados como los restos de fauna recuperados continúan en fase de estudio.

La investigación había despertado un notable interés científico debido a las dimensiones y características de la estructura detectada en los estudios geofísicos. El edificio parecía configurarse en torno a un gran patio central y presentaba similitudes con ciertas construcciones oficiales omeyas de Oriente, especialmente con el palacio de az-Zaytuna, en la antigua ciudad siria de Ruṣāfa.

“Si el edificio detectado en el magnetograma se correspondiera con algún pabellón o construcción perteneciente a la citada almunia, estaríamos ante uno de los poquísimos testigos de la arquitectura omeya temprana en al-Andalus”, había explicado antes del inicio de la excavación la investigadora de la Universidad de Córdoba Carmen González Gutiérrez.

Sin embargo, los resultados obtenidos en esta campaña obligan, al menos de momento, a seguir buscando nuevas evidencias sobre el posible emplazamiento de al-Ruṣāfa. Mientras tanto, el hallazgo aporta nueva información sobre la ocupación romana de esta zona de Córdoba y abre nuevas líneas de investigación arqueológica en el entorno de Turruñuelos.

7 de mayo de 2026

El joven que expolió dos yacimientos cacereños tendrá que indemnizar a la Junta con 12.000 euros

El condenado fue sorprendido en 2024 con un detector de metales cuando rastreaba cerca de los yacimientos de El Mirador y Puente de Fuente Concejo
El autor del expolio fue sorprendido por un guardia civil y un policía local de Cáceres. (G. C.)

La Audiencia Provincial de Cáceres ha confirmado la condena a un joven por un delito contra el patrimonio histórico tras realizar excavaciones ilegales en dos yacimientos arqueológicos situados en las afueras de la capital cacereña. La Sección Segunda del tribunal ha desestimado el recurso de apelación presentado por la defensa y ratifica íntegramente la sentencia dictada en primera instancia.

El fallo impone una multa de 14 meses, con una cuota diaria de seis euros, y establece una indemnización de 12.131,73 euros a la Junta de Extremadura por los daños causados.

Los hechos se remontan al 22 de septiembre de 2024, cuando el joven tenía 22 años. Ese día, un aviso ciudadano alertó de la presencia de una persona con un detector de metales en el entorno de los yacimientos de El Mirador y Puente de Fuente Concejo, ambos incluidos en la Carta Arqueológica de Extremadura.

Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y de la Policía Local acudieron al lugar y sorprendieron al sospechoso en el momento en que realizaba una remoción del terreno para extraer un objeto, que guardó en una bolsa antes de continuar con la prospección.

Once excavaciones
Según la resolución judicial, el acusado efectuó al menos once excavaciones sin autorización administrativa ni metodología arqueológica y esta actuación provocó un menoscabo en el yacimiento, ya que alteró «la estratigrafía del terreno y dificultó la interpretación histórica del enclave».

Aunque los objetos intervenidos no tenían valor arqueológico, el informe técnico de la Junta cifró el daño en más de 12.000 euros, al tomar como referencia el coste de una excavación científica adecuada. Y la Audiencia considera acreditado que el acusado actuó con conocimiento de que se encontraba en un entorno protegido y sin autorización, lo que confirma la existencia de dolo en su conducta.

La sentencia mantiene el decomiso de los detectores de metales, las herramientas y los objetos intervenidos, además de imponer las costas procesales de la apelación. Contra este fallo cabe recurso de casación ante el Tribunal Supremo.