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19 de septiembre de 2024

Confirman «la singularidad» de dos fortificaciones romanas de A Coruña

El arqueólogo de la Universidad de Salamanca (USAL) José Manuel Costa coordina el proyecto ‘Roma en el Finis Terrae’ financiado por la Diputación de A Coruña y que estudia el inicio de la conquista romana en el noroeste de la Península. La investigación acaba de ser presentada en el principal encuentro mundial sobre arqueología militar romana ‘XXVI Congreso Internacional sobre la Frontera Romana’ en Batumi (Georgia)
 Francisco Alonso Toucido, Manuel Gago, Xosé Manuel Penas y José Manuel Costa durante la presentación de los resultados en la Diputación de A Coruña (Foto: Anxo Miján)

Desde finales del siglo pasado la arqueología militar romana en España ha vivido una verdadera revolución, lo que ha supuesto una importante mejora para la investigación española en este campo, muy retrasado respecto al de otros países de Europa. Si hacia 1990 únicamente se conocían 11 yacimientos militares romanos de época altoimperial en la zona norte de la Península Ibérica, en la actualidad, la literatura científica ya recoge cerca de un centenar de estos emplazamientos que han podido ser identificados y estudiados por medio de metodologías completamente renovadas.

En este contexto se sitúa el proyecto de investigación ‘Roma en el Finis Terrae’, que, coordinado por la Universidad de Salamanca y financiado por el Área de Cultura de la Diputación de A Coruña, se desarrolla con el principal objetivo científico de ahondar en el conocimiento de los momentos iniciales de la conquista romana en el noroeste de la Península. Una investigación que ha permitido confirmar “la singularidad de las fortificaciones romanas de Santa Baia (A Laracha) y El Castrillón (Touro) en A Coruña, erigidas en sitios arqueológicos previos, de la Edad del Hierro”, explica a Comunicación USAL José Manuel Costa, del Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Salamanca y coordinador de la iniciativa.

El objetivo general del proyecto de investigación y divulgación -en el que también participa la Universidad de Santiago de Compostela y cuya ejecución arqueológica corre a cargo de la empresa Tempos Arqueólogos - persigue dar a conocer y poner en valor sitios militares del ejército romano en A Coruña. Para ello, el trabajo se concentró en el estudio de estos dos yacimientos singulares, descubiertos en los últimos años mediante técnicas de detección remota y excavados en 2023 por miembros del colectivo de investigación romanarmy.eu, también con el apoyo de la Diputación gallega.

Ahora, las últimas intervenciones arqueológicas en las zonas “han demostrado que estas fortificaciones romanas se levantaron y fueron abandonadas con rapidez”, destaca Costa García de entre las principales conclusiones obtenidas. Al respecto, el proyecto fue ejecutado mediante la combinación de técnicas de detección remota -como la fotografía aérea histórica y moderna, imágenes por satélite, LiDAR aéreo o fotogrametría, entre otras-, con prospecciones arqueológicas de superficie, excavaciones, prospecciones geofísicas o Sistemas de Información Geográfica (SIG).

Asimismo, con los datos obtenidos, los investigadores han elaborado detalladas recreaciones virtuales y materiales divulgativos accesibles para el público. Estas herramientas, junto a los resultados del proyecto acaban de ser presentados a la comunidad científica en el ‘XXVI Congreso Internacional sobre la Frontera Romana’, principal congreso mundial sobre arqueología militar romana, celebrado del 9 al 14 de septiembre en Batumi (Georgia).

Dos complejos sitios fortificados
Cabe destacar que el sitio de Santa Baia (A Laracha) presenta la particularidad de que en el mismo lugar existieron un castro de la Edad del Hierro y un campamento romano de unas 5 ha de extensión. Los trabajos arqueológicos confirmaron la presencia de una potente muralla en el primer caso que pudo datarse entre los siglos VI e III a. C., sin que puedan descartarse cronologías anteriores. Las intervenciones demostraron, además, que el campamento, como corresponde a este tipo de fortificaciones temporales, fue construido con rapidez, excavándose un foso y levantándose un parapeto de tierra detrás del mismo. Tras su abandono, se desmanteló con igual velocidad.

Por su parte, el sitio del Castrillón (Touro) es una fortificación de pequeño tamaño que cuenta con dos recintos defensivos con dos fases constructivas: la primera es un complejo sistema de terrazas que aprovecha los afloramientos rocosos locales; la segunda consistiría en una serie de parapetos levantados con piedra y tierra. Por el momento, las investigaciones parecen apuntar hacia una cuidada construcción del primer sistema antes de la llegada de los romanos (siglos V-IV la. C.), mientras que el segundo evidencia una rápida refortificación y ampliación de los espacios defensivos que se relaciona con la llegada de los romanos a la zona.

En palabras de Costa García, los objetivos científicos del proyecto “se han cumplido totalmente, ya que han logrado generar nueva información que nos permitirá entender mejor este complejo período histórico y hemos tenido ocasión, además, de testar distintas metodologías científicas que ayudarán a otros investigadores en el futuro”.

Con todo, el coordinador subraya que “no se puede olvidar que trabajamos en sitios muy difíciles de estudiar por su ocupación efímera y naturaleza perecedera, con la presión añadida de que su escasa visibilidad dificulta su conservación y gestión patrimonial”.

Un gran esfuerzo de visualización
Una de las líneas más destacadas del proyecto es el esfuerzo por producir materiales divulgativos que faciliten la socialización del trabajo de investigación. De este modo, el proyecto apostó por un conjunto innovador de productos para difundir la investigación, colaborando con profesionales de distintos ámbitos del sector cultural gallego que contribuyeron a hacer visibles las hipótesis de los arqueólogos en relación con los yacimientos de Santa Baia y El Castrillón.

Así, se incluyen ilustraciones artísticas a cargo del reconocido dibujante Alberto Taracido y detalladas recreaciones virtuales de las dos fortificaciones investigadas a cargo del Centro Infográfico Avanzado de Galicia (CIAG), integrado por Anxo Miján, Carlos Paz y Miguel Torre, que se plasman en vídeos e imágenes estáticas de alta resolución. Estos materiales se unen a otros generados durante el proceso de intervención por el equipo arqueológico, como son los modelos tridimensionales de las excavaciones.

“Las recreaciones permiten no solo crear empatía entre los ciudadanos y los yacimientos arqueológicos, sino que se convirtieron incluso en una herramienta para comprobar la viabilidad de algunas hipótesis del equipo de investigación”, señala el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela y responsable de esta área Manuel Gago. “Optamos por echar mano de las tecnologías más realistas para modelar no solo los yacimientos, sino el paisaje de la época, en las recreaciones más ambiciosas de sitios militares romanos hechas hasta el momento en Galicia”, apunta.

Además, entre el material diseñado también figura un podcast realizado por el productor sonoro Jorge Lama que permite trasladar en formato conversacional los resultados en uno de los formatos narrativos con mayor crecimiento en los últimos años.

Presentación en la Diputación de A Coruña

La presentación pública de los resultados de ‘Roma en el Finis Terrae’ tuvo lugar el pasado 4 de septiembre en la Diputación de A Coruña. El acto contó con la participación de Xosé Luís Penas, diputado de Patrimonio; José Manuel Costa, profesor de la Universidad de Salamanca y coordinador del proyecto; Manuel Gago, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela; y Francisco Alonso Toucido, arqueólogo de Tempos Arqueólogos. 

25 de abril de 2023

Convenio para el estudio arqueológico de cuatro campamentos romanos en A Coruña

La Diputación de A Coruña firma un acuerdo de cooperación con la Universidad de Salamanca para poner en marcha el proyecto «A chegada de Roma ao Finis Terrae».
Este programa incluye la investigación y difusión de los hallazgos arqueológicos en cuatro campamentos de la provincia. Son los de O Cornado, en Negreira; Santa Baia, de A Laracha; A Cova do Mexadoiro, Trazo, y Castrillón, en Touro.
Estos espacios fueron fortificaciones temporales que el ejército romano construía en el transcurso de sus marchas. BASILIO BELLO.

La Diputación de A Coruña y la Universidad de Salamanca promueven un estudio arqueológico de cuatro campamentos romanos en la provincia. Uno de ellos es el de Santa Baia, en A Laracha. En esa área, el Concello también pretende adquirir un castro de acuerdo con sus planes de protección y puesta en valor del patrimonio histórico y cultural.

El diputado de Cultura, Xurxo Couto, y el profesor de Arqueología de la universidad salamanquina, José Manuel Costa, formalizaron el acuerdo de colaboración entre ambas entidades para llevar a cabo el proyecto "A chegada de Roma ao Finis Terrae". Este programa incluye la investigación y difusión de los hallazgos arqueológicos en cuatro campamentos de la provincia. Son los de O Cornado, en Negreira; Santa Baia, de A Laracha; A Cova do Mexadoiro, Trazo, y Castrillón, en Touro.

Apuntan desde la Diputación que estos espacios fueron fortificaciones temporales que el ejército romano construía en el transcurso de sus marchas, bien por motivos defensivos, bien cuestiones de disciplina interna. Eran recintos simples delimitados por fosos excavados en el terreno, terraplenes y cierres. Son difíciles de identificar en los paisajes actuales, pero los estudios realizados mediante la tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging) permitieron su localización ya hace unos años.

José Manuel Costa y su equipo iniciaron los trámites para que Patrimonio de la Xunta catalogase y protegiese estos yacimientos. Los promotores del proyecto consideran que muestran evidencias de un «aceptable estado de conservación».

La idea es llevar a cabo un estudio arqueológico por medio de técnicas de teledetección no destructivas y el diseño de iniciativas de divulgación y socialización con fines turísticos, culturales y educativos. El recinto romano larachés es de tamaño medio, de entre 4 y 7 hectáreas, y servía para alojar a entre 2.000 y 4.000 soldados. Podría ser de los años 29-19 antes de Cristo.

El alcalde, José Manuel Varela, considera esta medida un paso adelante en la puesta en valor del patrimonio cultural del municipio. De hecho, en la misma zona está el castro de Santa Baia, que el Concello ha decidido adquirir, como ya hizo con el menhir del monte de Santa Leocadia, en Erboedo, y que ya forma parte del Parque do Megalitismo, y el recinto castreño de Montesclaros, que está en proceso de excavación y promoción. Actualmente, el Ayuntamiento tiene en proceso la expropiación de los restos de las Torres de Cillobre.

El castro de Santa Baia, al nordeste de Soandres, está a 323 metros sobre el nivel del mar. La zona protegida en la que se actuará es de casi 30.000 metros cuadrados. Por su parte, el proyecto A chegada de Roma ao Finis Terrae que anuncia la Diputación irá acompañado de un programa de divulgación de los hallazgos.

21 de septiembre de 2026

Descubren una cocina romana de hace dos mil años en Sasamón (Burgos)

Con este hallazgo, de gran relevancia histórica, culmina la décima campaña arqueológica en Sasamón (Burgos). El equipo profesional que ha realizado el descubrimiento ha estado dirigido por José Manuel Costa García (USAL) y Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología de Mérida IAM-CSIC-Junta de Extremadura).
Excavación de la cocina de época romana en Sasamón (Autor: JMCG).

Hace ya diez años que el equipo profesional dirigido por Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología de Mérida IAM-CSIC-Junta de Extremadura) y José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca) impulsa la investigación arqueológica en la comarca segisamonense con el objetivo de estudiar el poblamiento romano en la comarca (siglos I a. C.-VII d. C.).

Tras la excavación del imponente poblado de la Edad del Hierro turmogo en el Cerro Castarreño (2018-20) y el cerco de asedio romano que puso fin a su ocupación (2021-22), los trabajos se centran ahora en el solar de La Era, un terreno recientemente cedido por su propietaria, María del Carmen Rodríguez Simón, al Ayuntamiento de Sasamón para su investigación. Se trata de una reserva arqueológica privilegiada a los pies de la Iglesia de Santa María la Real de Sasamón, pues permite estudiar directamente la ciudad romana de Segisamo (2023-26).

La intervención, financiada por la Diputación de Burgos y los ayuntamientos de Sasamón y la Junta Vecinal de Olmillos de Sasamón, comprende asimismo la prospección mediante medios aéreos (con recurso a drones con distintos sensores) y geofísicos de otros importantes enclaves romanos en la comarca.

Una cocina de dos mil años de antigüedad
Uno de los hallazgos más sorprendentes de esta campaña es una estancia que podría identificarse como una antigua cocina romana. José M. Costa indica que “se ha visto muy afectada por expolios posteriores, pero todavía es posible reconocer los restos de un espacio netamente funcional, un posible horno y numerosos materiales relacionados con la preparación de alimentos”.

Los muros de este habitáculo se alzaron en adobe sobre zócalos de piedra y posiblemente estuviesen enlucidos, técnica que ha perdurado en la arquitectura tradicional castellana. Los pavimentos mostraban también una factura sencilla y económica: una capa de arcilla compactada se asentaba sobre una cama de guijarros, lo que garantizaba un uso duradero y una limpieza cómoda.

“Tenemos una imagen un tanto idealizada de las ciudades romanas como espacios monumentalizados, pero rara vez espacios domésticos y productivos nos vamos a encontrar con mosaicos y paredes pintadas”, explica el profesor de la Universidad de Salamanca. Un pequeño escalón delimitaba un espacio más elevado que probablemente sirvió como suelo de un horno hoy prácticamente destruido. Aquí se prendería el fuego cuyos restos han hallado los arqueólogos dos mil años después: un potente nivel de cenizas y carbones en el que han podido recuperarse numerosos materiales.

“Los restos cerámicos recuperados son consistentes con el uso del espacio como cocina”, señala Jesús García, quien resalta la antigüedad, la diversidad y el buen estado general de la vajilla. “Hemos documentado grandes recipientes destinados al almacenaje de alimentos (dolia), así como jarras, cuencos y otros útiles para el procesado de alimentos, como los morteros”. A ellos se unen otras piezas directamente relacionadas con el cocinado: a las modestas ollas podemos sumar sartenes (patera) con recubrimientos antiadherentes, las célebres cerámicas de engobe rojo pompeyano, e incluso fragmentos de un clibanus, un pequeño horno portátil que permitiría hacer pan sobre una superficie refractaria. Algunas de las piezas proceden, sin lugar a dudas, de la península itálica; otras se habrían producido localmente.

El investigador del IAM indica que “en época de Augusto y Tiberio vivían en Segisamo personas cuyas prácticas culinarias eran plenamente romanas, pero esto no significa que todos los habitantes de la ciudad fuesen foráneos, pues algunas de las cerámicas siguen la tradición turmoga”. Esta mezcla de gentes y costumbres seguramente imprimió un carácter particular a los habitantes de la antigua Sasamón. “Es como si estuviésemos viendo la cocina de una abuela turmoga: un poco de lo nuevo; un poco de lo viejo”, bromean los investigadores.

Es posible, sin embargo, que esta no sea la fase de ocupación más antigua del solar. En otro sondeo se observa con claridad cómo a las estructuras romanas anteceden otras cuya factura evoca la de los poblados de la Edad del Hierro como el excavado en el vecino Cerro Castarreño, lo que revela que la población indígena desempeñó un papel importante en la construcción y la identidad de la nueva ciudad. Los arqueólogos quieren continuar explorando nuevos espacios para entender cómo vivía esta comunidad y cómo la urbe se desarrolló a lo largo de los siglos.

Recuperando la historia de Sasamón al completo
La intervención en La Era tiene como objetivo principal ahondar en los orígenes de la Sasamón romana, pero el trabajo arqueológico avanza con la minuciosidad propia de un contexto urbano. En el orden inverso a su deposición, los arqueólogos retiran cada capa de tierra y documentan cada estructura conservada para recopilar indicios que les permitan aproximarse a las distintas fases de la historia de la localidad.

La memoria oral y la fotografía de inicios del siglo XX todavía conservan el recuerdo de la era dedicada a la trilla y al ganado mular. Sin embargo, poco o nada se sabía sobre el uso de este mismo espacio como necrópolis de inhumación durante el siglo XIX. La decena de tumbas documentada hasta la fecha se ajusta al rito cristiano, pero el conjunto se sitúa apartado del espacio histórico de enterramiento, en el claustro de la iglesia de Santa María, y muestra indicios de haber sido realizado apresuradamente. “El único objeto fiable con el que contamos para datar estos enterramientos es un botón de una guerrera de la época de Isabel II (1833-1868)”, señala Laura Blanco, investigadora de la USAL especialista en arqueología funeraria.“Quizá estemos ante un cementerio relacionado con alguna de las epidemias que azotaron Burgos durante el siglo XIX”.

Otros horizontes de ocupación y expolio pueden datarse de la época moderna (siglos XVI-XVIII), posiblemente la última vez que en este espacio habitaron personas sobre las antiguas ruinas romanas. Un sencillo camino daba acceso a modestas edificaciones de las que apenas se conservan algunos muros y los hogares donde procuraban calor y alimento.

Bajo estos niveles, todavía se conservan algunas evidencias de época medieval, tiempos en los que Sasamón asistió a la construcción de su imponente iglesia, pero de los que apenas contamos con documentación sobre su trama urbana. Resta, en suma, mucho por hacer, pues solo la excavación en área permitirá estudiar en planta la arquitectura y la distribución espacial de los distintos edificios descubiertos.

Los arqueólogos deben ahora estudiar con detalle la ingente cantidad de materiales arqueológicos recuperados, que incluyen desde elementos de adorno personal (agujas y pendientes de bronce, pulseras y collares de vidrio y azabache) y útiles diversos (cuchillos y clavos de hierro, lucernas para la iluminación, vajillas diversas) hasta elementos de desecho que pueden aportar mucha información sobre la dieta de los antiguos pobladores, como ocurre con los restos óseos.

La impronta personal de estas personas puede apreciarse asimismo en las huellas de calzado impresas en la arcilla fresca de algunos ladrillos o las palabras que grabaron en algunas cerámicas, que conocemos como grafitos.

Una apuesta por las nuevas tecnologías
La campaña estival no se ha limitado a la excavación arqueológica. Paralelamente, el equipo investigador ha aplicado tecnologías no invasivas de última generación para localizar y estudiar el patrimonio de la comarca sin necesidad de alterarlo.

La teledetección aérea con drones y la prospección geofísica con georradar y magnetómetro permiten identificar yacimientos arqueológicos e incluso obtener planimetrías detalladas de las estructuras sin necesidad de remover el subsuelo.

Estas metodologías han demostrado en el pasado su enorme potencial, lo que ha permitido reconstruir la trama urbana de la propia Segisamo (Sasamón) o impulsar descubrimientos espectaculares como la villa romana de Santa Olalla (Olmillos de Sasamón), donde se identificó una posible iglesia visigoda.

Durante la campaña de 2026, el equipo del Instituto de Arqueología de Mérida (IAM-CSIC), en estrecha colaboración con el Laboratorio de Arqueología de Mínima Invasión (MinarqLab), ha permitido seguir explorando el poblamiento y la explotación del territorio en época romana, con el estudio de parajes como Los Anillos, donde la fotografía aérea y el georradar revelan un pequeño yacimiento rural, quizás relacionado con las captaciones de agua desde el páramo; o en La Serna-El Molino, donde la prospección magnética ha revelado la existencia de un poblado prehistórico, quizás Calcolítico que aumenta en varios milenios la secuencia cronológica de la comarca.

Un referente en la investigación, divulgación y protección del patrimonio
Desde hace ya una década, Jesús García y José M. Costa han liderado un equipo multidisciplinar de arqueólogos y especialistas de distintas instituciones nacionales e internacionales que cada año regresan a tierras burgalesas. De este modo, el proyecto ha servido no solo como espacio de experimentación científica, sino también como un ámbito privilegiado para la formación de estudiantes y jóvenes profesionales de toda España.

La iniciativa ha apostado firmemente, desde sus inicios, por la socialización de la actividad científica en lo que se conoce como arqueología pública. Por ello, los avances de cada jornada en el terreno se han compartido a través de distintos perfiles propios en RRSS y se ha creado un pequeño museo virtual con el objetivo de construir una audiencia propia.

Se han programado visitas guiadas a las excavaciones y charlas informativas para acercar el trabajo arqueológico a la ciudadanía local y fomentar la valoración y tutela de su propio patrimonio. Durante el desarrollo de los trabajos, cualquier particular ha podido asimismo acercarse al yacimiento fuera de los horarios de visita, ofreciendo, durante los meses de verano, una oportunidad única para que vecinos y visitantes observen en directo cómo vuelve a la vida la ciudad de hace dos mil años.

Esta labor de concienciación resulta especialmente urgente ante la amenaza creciente del detectorismo ilegal y el expolio. El equipo recuerda que un objeto arqueológico pierde casi todo su valor histórico si se extrae sin metodología: la verdadera clave para reconstruir el pasado reside en el contexto estratigráfico en el que se halla. La manipulación no autorizada conlleva la pérdida irreparable de esa memoria colectiva. El mensaje ha calado en la población, que comparte sus vivencias y experiencias con el equipo arqueológico a diario.

Por último, el compromiso con el ámbito académico se viene canalizando mediante la presentación de los hallazgos en congresos internacionales y la programación del Museo Arqueológico Nacional, del Museo de Burgos y del Festival Babieka Folk, y culmina con la publicación de los datos en revistas especializadas y monografías dedicadas al urbanismo y al poblamiento romanos.

23 de noviembre de 2022

Descubren una necrópolis prehistórica y un yacimiento con restos iberos y musulmanes en Burriana (Castellón)

El yacimiento de Sant Gregori puede convertirse en un punto de interés turístico para mostrar cómo se vivía en una villa marítima romana
Imagen de los restos encontrados en el yacimiento de Sant Gregori.

Los recientes trabajos de excavación en el yacimiento arqueológico de Sant Gregori en Borriana han sacado a la luz una necrópolis prehistórica que por la densidad de los hallazgos es en estos momentos la más importante de la Comunitat Valenciana, y también se ha descubierto un yacimiento inédito con importantes nuevos restos iberos y musulmanes, conjuntamente con una villa romana.

Así lo ha anunciado el arqueólogo municipal, José Manuel Melchor, quien ha presentado en el Museo Arqueológico Municipal de Burriana los nuevos y trascendentales hallazgos arqueológicos ante la presencia de la alcaldesa de Borriana, Maria Josep Safont, y el concejal de Patrimonio, Vicent Granel.

Unos descubrimientos arqueológicos realizados en las obras del PAI Sant Gregori, cuyo equipo de arqueólogas y restauradoras trabaja bajo las directrices de la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte y con la supervisión del Servicio Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Borriana.

José Manuel Melchor ha explicado que los hallazgos arqueológicos que se están llevando a cabo actualmente “están aportando datos significativos y relevantes a nivel de Comunitat Valenciana, tanto por su riqueza histórica como por su contexto cultural y geográfico”.

De hecho, según ha adelantado, ya son varias las universidades y centros de investigación nacionales y extranjeros los interesados en colaborar con el Museo Arqueológico de Borriana, que coordina los trabajos.

Muchos de los restos encontrados en la necrópolis de la edad de bronce y los recién encontrados restos iberos, musulmanes y romanos ya forman parte del fondo arqueológico en la sala dedicada exclusivamente a exhibir los hallazgos recuperados en el yacimiento de Sant Gregori, con gran cantidad de piezas procedentes de sus excavaciones, entre las cuales figuran finos vasos de cristal y restos de mosaicos y pinturas murales.

De los hallazgos realizados hasta el momento, el arqueólogo municipal ha destacado “la espectacular villa marítima romana situada a escasos 100 metros de la línea de costa en Burriana, la más grande excavada en la Comunitat Valenciana, ya que ocupa unos 18.000 metros cuadrados, y ha asegurado que es ”ilustrativa de un modelo de villa marítima durante el Alto Imperio Romano y una de las mejor conservadas, de las que solamente se conocen otras cuatro en el territorio valenciano“.

Además, ha resaltado que ha aportado “importantes descubrimientos de materiales entre los que destaca la mejor colección de pintura mural romana de toda la Comunitat Valenciana a nivel de villas romanas, destacando los motivos figurativos y vegetales”.

Yacimiento inédito
En las últimas excavaciones, se ha descubierto un yacimiento inédito con los restos iberos y musulmanes, conjuntamente con una villa romana con importantes restos, ha indicado Melchor, pero ha puntualizado que lo más destacable es “la aparición de una necrópolis prehistórica que por la densidad de los hallazgos es en estos momentos la más importante de la Comunitat Valenciana”. Ahora los restos están en proceso de estudio.

Tanto la alcaldesa como el concejal de Patrimonio han manifestado que el gobierno municipal “ya está valorando las importantes posibilidades con las que cuenta el enclave como motor económico para Burriana, especialmente desde el punto de vista turístico, con la debida potenciación, puesta en valor y explotación de los hallazgos”.

Al respecto, Safont y Granel han valorado la propuesta de convertir el yacimiento en un punto de interés turístico para mostrar cómo se vivía en una villa marítima romana. También han recordado que la inversión económica realizada en la excavación y extracción de estos restos arqueológicos es de carácter privado, y “es la más importante jamás realizada en Borriana”.

Los últimos trabajos de excavación emprendidos durante estas semanas dentro de las acciones para la urbanización de Golf Sant Gregori suponen “un impulso decisivo para consolidar la riqueza del patrimonio y la historia del municipio, y ampliar el conocimiento sobre este importante yacimiento arqueológico”, han precisado.

Finalmente, el arqueólogo municipal ha querido poner en valor la colaboración de la Universitat Jaume I que ya ha organizado un Seminario internacional y en el pasado verano realizó las intervenciones arqueológicas del I Curso Internacional de Arqueología y Culturas del Mediterráneo Antiguo, enmarcadas en el proyecto de investigación de la villa marítima de Sant Gregori, que ha sido organizado además de por la Universitat Jaume I de Castelló, la Università di Macerata (Italia), la Université de Lorraine (Francia) y el Museu Arqueològic de Borriana.

El Servei Arqueològic Municipal, dirigido por el arqueólogo José Manuel Melchor, es el que realiza el seguimiento y la coordinación de todas las excavaciones realizadas en el yacimiento durante los últimos años.

23 de octubre de 2019

Los satélites revelan el asedio de Roma a los astures

La tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging), permitió radiografiar zonas boscosas o de tupida vegetación para fijar en el mapa varias decenas de asentamientos romanos, la mayor parte de ellos en Galicia, aunque uno en Asturias
En la primavera del año 26 antes de Cristo, el primer emperador de Roma, César Augusto, abrió en persona las puertas del templo de Jano (el dios de las dos caras), todo un símbolo de la declaración de guerra. Se trataba de conquistar el último territorio independiente del poder imperial en la península Ibérica, las áreas de los cántabros y los astures, que mantuvieron un duro conflicto con los conquistadores que quedó para las crónicas de los historiadores. Más de 2.000 años después, una tecnología inimaginable entonces, fotografías aéreas combinadas con análisis por satélite, han permitido fijar a los investigadores toda una red de campamentos y fortificaciones romanas rodeando el territorio de los astures para asegurar el control militar de una zona tan levantica y compleja orográficamente.

La mayoría de ellos están en Galicia y han servido también para ofrecer a los arqueólogos un nuevo enfoque sobre la entrada de las tropas romanas en las tierras de los galaicos.

LIDAR
Publicado por los investigadores de Roman Army, el estudio parte de los trabajos de José Manuel Costa-García, de la Universidad de Santiago de Compostela; João Fonte, del CSIC; y Manuel Gago, también de la universidad compostelana, y han aprovechado imágenes obtenidas mediante la tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging), que permite radiografiar zonas boscosas o de tupida vegetación; para fijar en el mapa varias decenas de asentamientos romanos, la mayor parte de ellos en Galicia, aunque uno en Asturias -en A Penaparda, a caballo entre Fonsagrada en Lugo y Los Oscos- que les ayudaron a comprender la manera en la que los romanos fueron concretado su dominio sobre el noroeste de la península ibérica.

El estudio destaca las muy escasas fuentes documentales sobre la invasión romana del territorio que en la actualidad comprende Galicia y el norte de Portugal, frente a los relatos sobre la conquista de los astures y los orígenes como fortificación militar de la capital astur en la meseta, Asturica Augusta, hoy Astorga. En este sentido apuntan que «aunque no cerramos la puerta a otras posibilidades interpretativas, planteamos la hipótesis de que estemos quizá ante recintos relacionados de algún modo con un episodio o escenario secundario del conflicto cántabro-astur (29-19 a.C.). Durante el mismo se buscaría asegurar dominio romano sobre unas áreas montañosas que en buena medida se encuentran todavía dentro de los límites de la Asturia histórica, lo que explicaría la ausencia de alusiones a los galaicos en las fuentes textuales que aluden a este conflicto».

DIFERENTES TAMAÑOS DE ASENTAMIENTO
Los arqueólogos han destacado que sus hallazgos se dividen en asentamientos de distinto tamaño, desde los pequeños con capacidad para entre dos o tres cohortes (entre 100 y 1.500 hombre), a campamentos grandes y pequeños e incluso recintos de enormes dimensiones capaces de albergar fuerzas de entre 10.000 y 14.000 hombres. En el caso del hallazgo en Los Oscos se trata de uno de los grandes campamentos temporales (los romanos contaban entre sus tropas con especializas capaces de levantar fortificaciones en una jornada) y que podría acoger a una legión, unos 6.000 soldados, con «gran independencia operativa, al modo de una brigada contemporánea». La descripción del terreno es de «una cima de suave pendiente desde la que se obtiene un notable control visual de los cordales próximos, pero su disposición general parece indicarnos que el recinto estaría orientado hacia el Sur. No es posible encontrar en el entorno inmediato poblados de tipo castro, ya que estos se encuentran en la comarca en terrenos de menor altitud, ocupando preferentemente elevaciones y espolones con un mejor control de los valles».


Los autores señalan que «resulta muy sugerente la hipótesis de que A Penaparda y los campamentos localizados en las sierras de Penouta-Ouroso conformen un conjunto que revele el uso estratégico por parte del ejército romano de un cordal montañoso, del mismo modo que ocurriría en áreas como La Carisa o La Mesa», un cerco de kilómetros para asediar los reductos de resistencia astur.

De la crudeza de las guerras cántabras y astures dieron cuenta los historiadores romanos. Los arqueólogos han señalado que «en el ámbito astur, las fuentes indican que los romanos plantearon una estrategia militar similar, de modo que en la Meseta Norte y el piedemonte cantábrico se habrían desarrollado acciones a gran escala frente a un enemigo que parece haber mostrado una gran capacidad organizativa y de movilización de efectivos, así como una notable autonomía política». Al norte de la cordillera, en la Asturias actual, la lucha tampoco fue sencilla: «la arqueología revela que el objetivo habría sido la división del ejército en fuertes columnas que avanzarían a un mismo tiempo siguiendo distintos cordales con el fin de controlar la totalidad del territorio y ahogar cualquier foco de resistencia».

18 de septiembre de 2011

La Costa da Morte, en pie de guerra por los tesoros de Corcubión


No hay acuerdo sobre el destino definitivo de las joyas, vajillas, monedas de plata, pecios y armas procedentes de la flota de Padilla (S. XV) encontradas en los pecios de Corcubión
Asociaciones, cofradías o partidos políticos de la Costa da Morte se han unido para evitar que los distintos objetos que el equipo del arqueólogo submarino Miguel San Claudio ha localizado y extraído en la ría de Corcubión se queden en la comarca. Estos trabajos los realizó la empresa Archeonauta en agosto, dentro del proyecto de la Consellería de Cultura de cartografiar los yacimientos subacuáticos localizados en esta ría y en la de Rande.
El equipo de San Claudio ha realizado importantes descubrimientos.
Archeonauta examinó, por lo menos, 20 puntos de áreas que ya están marcadas de investigaciones anteriores y se ha centrado en documentar parte de los pecios de 1596, de los que se han localizado alrededor de seis naufragios de la flota al mando del Adelantado de Castilla Martín de Padilla. La armada, de cerca de un centenar de naves, partió de los puertos de Lisboa y Sevilla hacia Irlanda, transportando un ejército que debería apoyar a los irlandeses en la lucha frente a la ocupación inglesa de la isla.
La campaña se realizó en agosto. | Cultura
La campaña se realizó en agosto. | Cultura
En estos pecios se documentaron numerosas piezas de artillería de diferentes tipos y materiales como bronce, hierro fundido y hierro forjado. También se encontró armamento ligero entre los que destacan arcabuces y espadas, además de numerosa munición en plomo, hierro y piedra. Asimismo, se localizaron elementos de la impedimenta del ejército como plomo para fundir munición, cureñas de artillería terrestre, equipos quirúrgicos del cuerpo de sanidad o elementos pertenecientes al atuendo de soldados o tripulantes.
Entre los materiales de uso cotidiano destaca la localización de una vajilla de mesa de peltre, probablemente perteneciente a algún oficial embarcado en una de las naves. En otro de los pecios se conservan aún una gran cantidad de monedas de plata, destinadas a sufragar los gastos del ejército expedicionario. También se pudieron documentar grandes piezas de madera pertenecientes a la estructura de los buques. Los materiales extraídos para evitar su desaparición serán restaurados.

'Que se queden aquí'

Tal es la cantidad de los elementos encontrados, a diferencia de la campaña de Rande, que la Consellería de Cultura tiene la intención de trasladarlos al Museo do Mar de Vigo. Una decisión que ha puesto en pie de guerra a las asociaciones y políticos de la zona. "La gente quiere que los tesoros se queden en la Costa da Morte. Si los han localizado aquí, lo lógico es que se queden aquí", asegura José Manuel Martínez, patrón mayor de la cofradía de Fisterra.
Esta cofradía ha ofrecido para ello el Museo de la Pesca, un espacio que gestiona la propia entidad y que se encuentra en el Castillo de San Carlos, en Fisterra. Allí, las nuevas piezas compartirían espacio con otras encontradas en otros naufragios y, sobre todo, con una rica colección de aparejos y elementos de pesca artesanal. "De lo que se trata es de evitar que lo nuestro se vaya a otro lugar", indica.
También el alcalde de Cee, el independiente Ramón Vigo, es partidario de que los objetos localizados se queden en la comarca. "Esto podría suponer un impulso turístico para los ayuntamientos de la zona", asegura. La Asociación Neria, que integra a varios ayuntamientos de la Costa da Morte, y que él preside, también ha terciado en la polémica y ha ofrecido también las salas del Museo Seno de Corcubión, un espacio dedicado al mar y en el que hay piezas de barcos y cartas naúticas, entre otros elementos, y más grande que el museo de la Pesca.
Entre los restos, hay pecios, joyas o equipos quirúrgicos. | Cultura
Entre los restos, hay pecios, joyas o equipos quirúrgicos. | Cultura

Faro de Fisterra

Pero Neria también ofrece el faro de Fisterra, que gestiona la entidad, para albergar la colección de objetos descubiertos. "Es una zona muy visitada y ahí también podrían quedar bien", asegura. Esta asociación ya le ha enviado una carta a la Consellería de Cultura pidiendo que los materiales extraídos de la campaña arqueológica se queden en la zona. Por el momento, no han recibido ninguna respuesta.
"No tenemos constancia de esa petición", apuntan desde la Consellería de Cultura que afirma que, por el momento, no ha querido terciar en la polémica. Quien sí lo ha hecho ha sido la diputada gallega del PSdeG,Marisol Soneira, que insiste en la necesidad de que el patrimonio que se ha recuperado en la ría de Corcubión es de la Costa da Morte. "Y debe quedar aquí", recalca.

Más piezas

Los trabajos realizados por el equipo de San Claudio también avanzaron en la cartografía de los restos de la corveta de 32 cañones francesa 'Bayonnaise', hundida en la playa de Langosteira de Fisterra el 28 de noviembre de 1803, y en la que se conservan vajillas, joyas y elementos decorativos. También se documentaron varios vapores de finales del siglo XIX y principios del XX en profundidades de hasta 54 metros.
En uno de estos vapores se localizó lo que podría ser uno de los cargamentos más ricos localizados en aguas españolas en arqueología subacuática. Se trata de un vapor procedente de África que conserva numerosas joyas, piedras semipreciosas y otros elementos suntuarios pertenecientes a sus pasajeros, así como numerosas monedas de plata y cobre.
(Fuente: El Mundo)

25 de agosto de 2011

Descubren los restos de una villa y termas romanas del siglo II en Burriana (Castellón)


El término municipal de la ciudad de Burriana ha demostrado una vez más, que contiene en su interior numerosos restos arqueológicos de valor, como huella del paso de antiguas civilizaciones por la zona. Muestra de ello son los dos nuevos yacimientos en los que se está trabajando, que corresponden a asentamientos de carácter Romano y Musulmán.

Es, José Manuel Melchor, Arqueólogo y director del Museo Arqueológico de Burriana, quien ha dado cuenta de la relevancia de sendos descubrimientos arqueológicos, que suponen una mayor riqueza para el municipio de carácter cultural y turístico.

La Villa Romana más significativa de la provincia que está junto al marEl primer trabajo que el arqueólogo ha enseñado ha sido la villa Romana ubicada en la partida de San Gregori, que data del sigo segundo. “Aquí es una villa Romana del siglo segundo. Llevamos más de año y medio con las excavaciones ya que se ha visto afectada por el PAI Sant Gregori Golf, entonces en un convenio entre ayuntamiento y urbanizadores estamos excavando la villa para poder delimitarla y así poder integrarla dentro de la urbanización”.

José Manuel Melchor se mostraba satisfecho con los restos encontrados dado que aseguraba, es la primera muestra en nuestra provincia, de carácter Romano, que aparece cerca del mar con un buen estado de conservación, lo que permite que se puedan ver todos los detalles. “Es un descubrimiento a nivel general normal, porque en el mundo Romano hay yacimientos mejores. Pero a nivel de provincia de Castellón, quizás sea una de las mejores villas, en el sentido de que está bien conservada, tiene muchos útiles y promete bastante. Yo creo que es de las mejores, de momento, que se conocen en la provincia”.

El arqueólogo destacaba que ya, desde el año 87, se conocía de la existencia de los restos pero sin embargo, al coincidir éstos con el proyecto de San Gregori Golf, no han tenido más remedio que sacarlos a la luz para datar su valor. “En el año 87 se hizo una alquería en la zona y ya se detectaron indicios de restos, entonces cuando se hizo el proyecto del golf ya sabían que había algo, pero no sabían la entidad que tenía. Primero hicimos una campaña dirigida a descubrir la superficie que ocupaba. Ya lo tenemos prácticamente claro y ya estamos empezando a excavar la villa”.

Un descubrimiento que ha ido sorprendiendo al director del Museo, dado que no solo han encontrado las habitaciones de la propia villa definidas sino que también han dado con el utillaje de la misma, así como con materiales como mármol, diferentes pavimentos y mosaicos. “Esta es la parte más al este de la villa lo que está junto al mar. Es la parte más noble ya que aquí es donde estaban las habitaciones, había pavimentos, vivía el propietario de la villa. Hay una serie de restos de almacenamiento, hay vasijas, tinajas. Restos de piezas de mural, trozos de mármol. El utillaje de la época, porque al parecer esto lo abandonaron y dejaron algunos enseres que tenían”.

Un descubrimiento que ahora se tiene que definir para conocer más detalles en profundidad. La villa ya está descubierta así como sus dimensiones motivo por el que se está excavando en profundidad para poder definir las salas. “Ahora sabiendo cuál es su contexto tenemos que ver más, donde estaba la cocina, donde el almacén...”.

Melchor, que dirige los trabajos arqueológicos destacaba que tiene a un equipo bastante amplio para los trabajos ya que gran parte del equipo es personal que pone el ayuntamiento así como becarios de las universidades de Castellón y Valencia, algo que limita los trabajos que se estructuran en campañas en función de la disponibilidad del personal. “Tenemos a un equipo bastante amplio de alumnos en prácticas de la Universidad Politécnica de Valencia, la Universitat de Valencia y de la Universitat Jaume I. A parte del peonaje que es necesario en estas intervenciones. Tenemos entre alumnos y arqueólogos a unas 20- 30 personas y de peonaje unas 10 o 12 personas que trabajan a turnos durante todo el día. La campaña empezó en agosto y acabará a finales de Septiembre y en función del tiempo, si llueve o no, se hacen turnos de dos o tres semanas”.

Las termas Romanas con enseres Musulmanes
El segundo descubrimiento se ha avistado en lo que se conoce como la partida del Palau. Ya se lleva trabajando en ella más de veinte años y es ahora cuando siguen los trabajos arqueológicos que hoy mismo han dado con una ánfora que data de la época musulmana.  Explica el arqueólogo que las termas de origen Romano, fueron usadas en la época medieval como habitaciones.  “Es un asentamiento que llevamos veinte años interviniendo en él, lo que pasa es que es complejo porque está rodeado de viales, obras…. Se excavaron unas termas de origen Romano, hace unos once años aproximadamente y ahora estamos excavando al lado de éstas. Lo que nos ha salido es una continuación de ellas. Unas balsas para bañarse que fueron utilizadas como habitaciones en la época medieval. Unos restos medievales que son el antiguo Palau. Se le da el nombre a la partida por el palacio, más o menos de época medieval. Y han salido unos niveles más antiguos de época republicana que demuestran que hay, por lo menos, 2.300 años de ocupación en este yacimiento”.

“Hemos encontrado en este yacimiento diferentes enseres que son de épocas distintas. Las vasijas que hemos encontrado son todas ánforas, es un transporte de bebidas y de alimentos que están puestas en una especie de vertedero de deshecho, pero aquí ha habido más material Musulmán que Romano, ya que el Romano, es más profundo y al estar tan acotados en el trabajo, los sondeos son menores y estamos buscando indicios. Excavar aquí ya es un proyecto a más largo plazo”.

Finalmente el experto en arqueología concluía asegurando que sendos descubrimientos son significativos por el buen estado en que se encuentran los restos así como el punto estratégico en que se han avistado. “Son dos descubrimientos igual de significativos. Uno por estar en la costa y éste por ser uno de los pocos yacimientos que están cerca de la Vía Augusta que se han podido detectar y excavar y que demuestran la gran pervivencia del yacimiento”.

1 de septiembre de 2022

Datan el asedio romano a Olmillos de Sasamón (Burgos)

La campaña arqueológica desarrollada entre entre el 8 y el 26 de agosto ha permitido datar y obtener información muy valiosa acerca de este asedio. Los trabajos se han centrado en la prospección con métodos geofísicos y la excavación alrededor del poblado prerromano del Cerro de Castarreño
Trabajo con el Georradar StreamC del Instituto de Arqueología, Mérida. JESÚS GARCÍA.

El equipo de arqueólogos dirigidos por Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología, Mérida-CSIC) y José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca) continúa avanzando en el conocimiento del pasado de la comarca segisamonense por sexto año consecutivo.

Esta intervención, financiada por la Diputación de Burgos y los Ayuntamientos de Sasamón, Olmillos de Sasamón y Villasandino, ha tenido como objetivo estudiar los restos de un importante sistema de asedio romano alrededor del Cerro de Castarreño (Olmillos de Sasamón), así como continuar generando nueva información arqueológica sobre la importante ciudad romana de Segisamo (Sasamón) y otros asentamientos del mismo periodo ubicados en sus proximidades.

Mediante el uso de distintas técnicas de teledetección –incluyendo drones y equipos de prospección geofísica-, los arqueólogos lograron documentar en los últimos años varios campamentos situados en las inmediaciones del cerro, así como un sistema de dobles fosos que, por espacio de más de 6 km, rodearía el asentamiento indígena, aislándolo por completo.

La prospección geofísica con georradar y magnetómetro, empleados en esta campaña arqueológica, son métodos en auge que permiten obtener imágenes tridimensionales del subsuelo sin necesidad de excavaciones. Hasta la fecha, los miembros del equipo han prospectado con georradar lugares tan emblemáticos como la necrópolis de Pinilla Trasmonte, complejos vilicarios en Almenara de Adaja o amplios sectores de la ciudad romana de Segisamo.

La prospección de 2022 ha cubierto otro sector del cerco completamente inédito, permitiendo definir los límites de los campamentos romanos y otras estructuras asociadas. Asimismo, se ha investigado otro pequeño recinto militar recientemente documentado en las proximidades de Villasandino, una villa suburbana en las inmediaciones de Olmillos y varios sectores de la ciudad de Segisamo.

Por su parte, la excavación de diversos sondeos durante las campañas de 2021 y 2022 ha sido clave para la documentación de las estructuras del cerco de asedio. Dado que los trabajos agrícolas han ido erosionando las estructuras que pudiesen existir en superficie, los elementos más reconocibles son frecuentemente los fosos excavados en la roca caliza local por el ejército romano. Una vez concluido el asedio, estas defensas fueron rápidamente cubiertas por sus mismos constructores, de modo que el estudio arqueológico de estos depósitos es clave para la datación de un episodio histórico desconocido hasta hace poco.

Así, se han podido recuperar algunas piezas cerámicas -tanto indígenas como romanas- y metálicas -proyectiles de honda, flechas, tachuelas de calzado militar, etc.-, pero se han tomado también muestras de carbones y sedimentos que, mediante la datación por radiocarbono o luminiscencia, afinan la cronología. Unos y otros elementos apuntan que las tropas romanas habrían cercado el castro turmogo en el siglo I a.C. -probablemente a mediados del mismo-, un periodo histórico mal conocido en la zona.

Gracias a esta investigación, ahora se sabe que los romanos emplearon su fuerza, ingenio y tecnología militares para cercar y asediar el cerro. Los investigadores plantean ahora que el castro fue considerado por Roma un importante foco de resistencia, si bien no es posible saber si todos los turmogos se opusieron en igual medida a los romanos o pudo haber disensión entre ellos.

Se desconoce, además, cuál fue el resultado de ese asedio: ¿se rindieron los turmogos que habitaban el Cerro Castarreño? ¿Sucumbieron acaso por el hambre? ¿Fue el castro totalmente destruido o simplemente abandonado? Dado el nivel de arrasamiento actual del yacimiento, es difícil precisar estos hechos, pero es segura la presencia del ejército romano en el mismo en relación con estos eventos.

Además, con carácter anual, los arqueólogos desarrollan campañas de prospección aérea con drones en esta zona para monitorizar las estructuras arqueológicas soterradas y documentar nuevas trazas de su presencia mediante la generación de cartografías a partir de fotografías tomadas por medio de drones. De este modo se ha logrado conocer mejor el urbanismo romano de Segisamo o de complejos suburbanos como los de Tisosa y Santa Eulalia. Durante el desarrollo de estas actividades se han podido recuperar materiales arqueológicos relacionados con la vida cotidiana durante la Antigüedad.

Una consolidada iniciativa de divulgación
Este colectivo reúne a un conjunto de arqueólogos profesionales e investigadores de diversas instituciones que estudian la presencia del ejército romano en el norte peninsular. En los últimos años, el colectivo ha descubierto y estudiado numerosos yacimientos arqueológicos, lo que le ha permitido ofrecer visiones innovadoras sobre este proceso.

A través de una iniciativa centralizada en la web romanarmy.eu y en las redes sociales vinculadas, están llevando a cabo una tarea de difusión y visibilización de los nuevos hallazgos y análisis sobre estas evidencias arqueológicas, más de dos mil años después del fin de las operaciones militares. Asimismo, se han organizado tanto charlas (en Villasandino y Sasamón) como visitas a las zonas de excavación (en Olmillos de Sasamón) con el fin de dar a conocer a la población local los resultados obtenidos y concienciarla de la necesidad de su conservación para generaciones futuras.

9 de abril de 2015

Un campo de trabajo juvenil descubre tres nuevas estancias en la villa romana de Sant Gregori, en Burriana (Castellón)

Los jóvenes participantes bajo la dirección del arqueólogo José M. Melchor.
Un campo de trabajo juvenil organizado por el Instituto Valenciano de la Juventud (IVAJ) y el Ayuntamiento de Burriana ha permitido descubrir tres nuevas estancias en la villa romana de Sant Gregori de dicha localidad castellonense, según ha informado el consistorio en un comunicado.

En el campo de trabajo han participado una veintena de jóvenes de toda España, bajo la dirección del arqueólogo municipal, José Manuel Melchor.

Gracias a este campo ha sido posible ampliar las excavaciones en el yacimiento, realizadas en los últimos años, y descubrir tres nuevas estancias de la villa romana, así como relacionar la línea de costa con el perímetro de esta residencia noble.

"Los jóvenes participantes han podido sentir la emoción de encontrar y desenterrar piezas de época romana, viviendo una experiencia muy interesante, complementada con una visita al Museo Arqueológico Municipal, donde han podido conocer la importante colección que custodia, así como el futuro de los hallazgos que están recuperando", ha manifestado Melchor.

El alcalde ha señalado que este yacimiento se integrará en el futuro desarrollo de Sant Gregori y será un "atractivo más" del mismo, "y tenemos suerte de contar con campañas como ésta y con estudiantes de arqueología y expertos en la materia, de modo que el esfuerzo económico del Ayuntamiento está más que compensado por la recuperación de nuestro patrimonio y nuestra historia".

(Fuente: 20 Minutos)

4 de agosto de 2010

El naufragio de "La Capitana": inmersión en La Herradura (Granada)

La Herradura es uno de los enclaves favoritos que posee la costa granadina para hacer submarinismo. De hecho, son muchos los aficionados de toda España que visitan nuestros fondos marinos por sus aguas transparentes y su belleza marina, pero son muy pocos los que la conocen por episodios históricos acaecidos en sus acantilados, que por desgracia han dejado una triste huella en la historia de España.
Uno de esos episodios tuvo lugar el lunes 19 de octubre de 1562 cuando 25 galeras de 28 naufragaron en la Punta de la Mona al mando del Don Juan de Mendoza y murieron alrededor de 5.000 almas.
Sumergirse en el maravilloso mundo de la arqueología submarina es apasionante y más en este caso tan especial, por cuanto la cantidad de barcos hundidos en un espacio físico tan reducido hace de esta inmersión algo extraordinario.

La tragedia de La Herradura marcó en gran medida el reinado de Felipe II, para quien el control del Mediterráneo era uno de sus principales objetivos. Según reseña la profesora María del Carmen Calero Palacios en su libro 'Aportación documental en torno al naufragio de la Armada Española en La Herradura', «Felipe II inició su reinado con la obligación de atender el peligro por el dominio del mar; más que una condición de poder, era la razón de su misma existencia». Ese dominio del Mediterráneo se hacía necesario no sólo para combatir a los turcos, sino para asegurar las comunicaciones con el resto del imperio, que entonces incluía a Sicilia, Cerdeña y otros reinos italianos.
A la Piedra del Hombre
La preparación de la inmersión se hizo en base a los datos que fui recopilando de diversas fuentes históricas y la idea era la de comenzar por un punto estratégico en la Punta de la Mona, concretamente la Cueva del Jarro e ir subiendo la cota de inmersión hasta llegar a la Piedra del Hombre, donde suponía que era el lugar más cercano a la playa donde una galera podría estar anclada sin correr el peligro de encallar.
Luis Pellejero, de Buceo La Herradura, conocedor de los lugares marinos de nuestra costa como si fuera el callejero de Almuñécar, me propuso realizar distintas inmersiones a lo largo de donde se suponía que fue el naufragio. Según los documentos, las galeras de España se habían refugiado del temporal de Levante. En primer lugar 'La Soberana', seguida de la 'Mendoza' y 'San Juan', y a continuación todas las demás. 'La Capitana', 'Patrona' y 'Esperanza' estaban en el centro de la escuadra.
La primera de las inmersiones fue a unos 30 metros de profundidad. El equipos de buceo estaba compuesto por Luis Pellejero, Julio de la Rosa y yo. Contábamos con unos torpedos eléctricos que nos trasladarían con facilidad por los fondos marinos y hacían la inmersión menos penosa. Además, estos aparatos ayudarían a levantar la arena del fondo en poca cantidad cuando observáramos algún indicio del naufragio.
Nuestra intención era hallar algún vestigio del naufragio y documentar gráficamente el lugar exacto donde se encontraba, ya que la carga de las galeras, según el libro de la profesora Calero, estaba compuesta de piezas de artillería, munición, avituallamiento cargado en el puerto de Málaga, así como herramientas, clavos y cadenas, necesarias para las posibles reparaciones durante la campaña. Súmese a esto las mercancías que llevaban los marineros para negociar en los puertos y el cargamento para aprovisionar los destacamentos de Orán ( Túnez), destino que tenia la Armada, así como dinero para pagar la infantería de tierras de ultramar.

Las inmersiones continuaron y en los días siguientes nos acercamos cada vez más a las cotas previstas sin ver ningún rastro del naufragio. Eso sí, la fauna y flora que pudimos ver en las inmediaciones de la Punta de la Mona satisfacían el esfuerzo que estábamos realizando para encontrar el naufragio.
Cerámica esperanzadora
En una de las inmersiones dimos con unos restos de cerámica que en un principio podían pertenecer a la Armada. Esto nos ilusionó. La extracción fue minuciosa y anotamos todos los datos posibles para situar el hallazgo.
En mis cavilaciones pensé en esos pobres galeotes suplicando que los liberaran de sus cadenas, pues así lo autorizaba el Rey en caso de peligrar la nao y así lo hizo el capitán Mendoza cuando arreció el temporal. También mandó sujetar las naves con dobles hierros, cuestión que no gustó a la tripulación, ya que en esas circunstancias sólo se solía echar un ancla para que la nave pudiera garrear y afrontar el temporal por proa.
La galerna no les permitió desplazarse hasta la punta opuesta de Cerro Gordo o refugiarse detrás de la Punta de la Mona en lo que era la playa de los Berengueles -hoy Marina del Este-; sólo tres embarcaciones consiguieron salvarse de aquel infierno: 'La Soberana', 'Mendoza' y 'San Juan'.
Más de 5.000 personas perdieron la vida en aquel naufragio, la mayoría mujeres y soldados, ya que estos estaban menos preparados para poder bregar con las olas pues sus vestimentas y armaduras los hacían pesados y poco operativos. Salvaron sus vidas unas 2.000 personas, en su mayoría galeotes, al estar más ejercitados y mal vestidos, con lo que pudieron alcanzar la playa y de ahí la libertad. Cuentan las crónicas que, aunque en su mayoría fueron capturados de nuevo, muchos lograron escapar por la Sierra de Almijara.
Tristeza la nuestra al comprobar que los restos encontrados no tenían ningún valor . Fueron muchos los esfuerzos y muchas las inmersiones que dedicamos a esta aventura. Quizás después de 448 años las mareas cubrieron con unos cuantos metros de sedimentos los restos del naufragio. O, como alguien me comentó, los numerosos barcos extranjeros que en los años ochenta visitaron la zona esquilmaron todo lo que encontraron y nos dejaron huérfanos de nuestro patrimonio arqueológico marino, como ocurrió con el 'Odyssey'.
Una ermita de recuerdo
Con los maderos que sacó el mar a la playa, se construyó en La Herradura una ermita con el nombre de la Antigua, en honor a los fallecidos en el naufragio. El propio Cervantes hace referencia a este hecho en el Quijote: «...Fue hija de Don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se ahogó en La Herradura...». También hay un bello poema de Fernando Moyano, soldado de la infantería española del tercio de Flandes, que salvó su vida al encontrarse en una de las tres galeras que pudieron refugiarse: «No hay hombre que aquello cuente / Que de lástima no llore / Y luego tras desta corre / La Capitana De Nápoles, no con gana / Sino harto con despecho / Que los lleva / Para adentro y los anega / Sin poder dalles remedio».
(Reportaje de José Manuel Fernández en elideal.es)