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9 de marzo de 2017

Seis meses de prisión para dos furtivos por expoliar un yacimiento en Viso del Marqués (Ciudad Real)

Los condenados excavaron hasta 19 hoyos de entre 10 y 20 centímetros de profundidad, sin autorización de la Administración competente y provocando daños en el yacimiento, debido a que no utilizaron metodología científica alguna
Detectores decomisados a los condenados por expolio arqueológico.
Dos furtivos fueron sorprendidos en 2009 buscando con detectores de metales objetos arqueológicos en el yacimiento 'Casas de Villalba', ubicado en Viso del Marqués (Ciudad Real). Excavaron hasta 19 hoyos de entre 10 y 20 centímetros de profundidad, sin autorización de la Administración competente y provocando daños en el yacimiento, debido a que no utilizaron metodología científica alguna. Ahora, el Juzgado de lo Penal número 2 de Ciudad Real les ha condenado a seis meses de prisión por ese expolio. La detención de los condenados fue llevada a cabo por efectivos de la Guardia Civil (Seprona).

Durante el juicio, alegaron que se trataba de un terreno ya roturado, motivo por el cual el daño estaba causado en el yacimiento con anterioridad. Sin embargo, el juez ha estimado que el argumento de que otros pudieran haber dañado antes el yacimiento (cosa no probada) no exonera del delito, según la sentencia.

EVIDENCIAS
Los ahora condenados también alegaron que no sabían que este lugar fuera un yacimiento arqueológico dado que no estaba señalizado, pero el cúmulo de indicios (presencia en el lugar de los hechos portando dos detectores de metales y otros utensilios para la recogida de efectos) constituye un "conjunto de evidencias" que, aisladamente considerado y por separado, revelan que los acusados conocían, más allá de cualquier duda razonable, “que estaban causando daños en un yacimiento arqueológico”.

Luis Benítez de Lugo, director de la Carta Arqueológica de Viso del Marqués y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, ha sido perito en el juicio, y describió durante la vista el régimen de protección jurídica que tiene este yacimiento arqueológico.

Esta condena por expolio y daños al patrimonio Histórico se suma a otras condenas recientes en esta misma provincia, como son la de un expolio en el Castillo de Alcubillas, la del arrasamiento y destrucción total del molino hidráulico del Palomar (Valdepeñas) o la emitida por la demolición de una vivienda histórica centenaria también en Valdepeñas.

En este último caso los condenados han sido obligados a restituir el daño causado -reconstruir la fachada del inmueble derribado-, si bien el juzgado no accedió a la pretensión del Ayuntamiento de Valdepeñas de recibir 28.400 euros como Administración Pública titular del patrimonio cultural dañado. La sentencia argumenta en este caso que “no consta acreditada ninguna intervención por parte del Ayuntamiento ahora reclamante en aras a la defensa y conservación de tal Patrimonio, por lo cual la responsabilidad civil solicitada comportaría un enriquecimiento injusto”.

16 de enero de 2017

Sevilla es la provincia con más investigaciones por expolio arqueológico

La Fiscalía advierte de la existencia de redes que roban piezas en yacimientos para venderlas en el mercado negro. Además del valor en sí de las piezas, Javier Rufino advierte del daño irreparable que causan los expoliadores alterando, y en ocasiones destruyendo, la información histórica que ofrecen   los yacimientos.
Javier Rufino. Fiscal de Medio Ambiente. FOTO: ROCÏO RUÍZ
Sevilla es la provincia de España que mayor número de casos judiciales tramita de expolio arqueológico. Durante los dos pasados años, la Fiscalía de Medio Ambiente Urbanismo y Patrimonio Histórico de Sevilla abrió 120 diligencias de investigación. Y entre ellas, se incoaron 14 por delitos contra el patrimonio arqueológico que acabaron en 11 sentencias. Son pocos casos respecto al total de investigaciones del Ministerio Público. Aún así, según el fiscal delegado de Medio Ambiente, Javier Rufino, siguen siendo «superiores» a los de cualquier otra provincia de España ya que Andalucía y, en especial Sevilla, es la zona de España donde hay más yacimientos arqueológicos, cuyo expolio preocupa a la Fiscalía. 

El hecho de que sea Andalucía la zona donde hay más actividad ilícita de este tipo tiene una clara explicación: la extensión territorial y que hay más afición por estas prácticas. Aunque también se descubre más porque, según el fiscal, las autoridades policiales actúan con diligencia en su lucha contra este tipo de prácticas.

REDES ORGANIZADAS
No obstante, según Javier Rufino reconoce que muchos de estos robos no afloran porque se trata de un delito difícil de descubrir por la «clandestinidad» en la que los llamados «detectoristas» de restos arqueológicos se mueven. Se trata de «redes organizadas» de personas que con aparatos detectores acuden a las zonas donde pueden encontrar piezas arqueológicas y, en general, restos de gran valor.

Según el fiscal, a veces se encuentran con organizaciones dedicadas al expolio que proceden de fuera de Andalucía y que acuden a una determinada zona a intentar expoliarla. «Vienen a buscar porque en Andalucía hay muchos yacimientos», alerta el fiscal de Medio Ambiente, que está especialmente preocupado por estas actividades ilícitas y, sobre todo, por el escaso nivel de éxito que obtienen en comparación con otros delitos. «Mucha gente consigue la impunidad porque la característica del delito facilita mucho su comisión y la impunidad», advierte Rufino que también recuerda que en estos casos se encuentran con otro problema añadido, el de la prescripción. Y es que este tipo de delitos prescriben a los cinco años (hasta el año 2010 era a los tres años). Y ello provoca también que, en muchos casos, al no poder determinar cuándo se produjo esa expoliación ni la procedencia exacta, no puedan investigarlo porque ha «caducado» pese a que se trata de delitos que son castigados con penas de prisión de entre seis meses y tres años.

POR LA NOCHE Y EN ZONAS DE DIFÍCIL ACCESO 
El modus operandi de estas actividades hace que resulte dificultoso destapar estas redes: normalmente se producen en zonas agrícolas de difícil acceso y tienen lugar de noche. Para ello, cuentan con determinados aparatos, los detectores, algunos de los cuales son tan sofisticados que incluso discriminan entre distintos tipos de metales o bien son capaces de detectar la profundidad a la que está enterrada la pieza.

Normalmente, la mecánica que emplean los expoliadores consiste en que un individuo se encarga de señalar el lugar dónde puede haber una pieza valiosa. Y luego, cuando es de noche y no hay peligro de ser observado, el cómplice acude a la zona a expoliar. A veces han detenido a algunos «in fraganti» con el pico y la azada. Así ocurrió en un caso reciente en el que descubrieron a varios expoliadores que llevaban en el coche la azada y hasta el detector. Y en esa ocasión, como casi siempre, procedían de fuera.

GRAN CANTIDAD DE DINERO
También hay veces en que la Guardia Civil detecta algunas piezas de dudosa procedencia en mercadillos o en otras ocasiones descubren en viviendas restos de yacimientos de los que se desconoce su procedencia. Otras veces es difícil saber desde cuando tienen en su propiedad los restos. Pero el hecho de que la mayoría de los supuestos expoliadores procedan de otras ciudades u otros países se justifica en la gran cantidad de dinero que se mueve. Y es que, según Rufino, el tráfico ilegal de obras de arte, es uno de los sectores que más dinero moviliza por detrás de la droga, la prostitución o las armas.

Por eso hay redes dedicadas a buscar esas piezas arqueológicas para luego colocarlas en el mercado negro fuera de España. «Hay personas que están dispuestas a pagar mucho dinero por esas piezas», alerta Rufino, que recuerda que hay investigaciones internacionales que han llegado a apuntar que muchas de las piezas legales que se venden en conocidas casas de subastas procedían del expolio. «Es difícil saber si eso puede ocurrir realmente», dice.

CONSECUENCIAS NEFASTAS
Independientemente de esas dudas que podrían servir de argumento para una película de intriga, Rufino advierte de otras consecuencias nefastas del expolio arqueológico. Cuando se produce un robo de este tipo, la cuestión no es sólo el valor de la pieza robada, sino que se remueve el citado yacimiento arqueológico y se produce una alteración de la información histórica que ese descubrimiento puede proporcionar ya que, al haber sido manipulado, el daño es «irreparable». Eso provoca que sea más difícil obtener información histórica fiable. Un problema añadido es el que la Fiscalía se encuentra a la hora de valorar las piezas robadas ya que necesita que un técnico, normalmente un perito de la Junta de Andalucía, realice esa valoración. Y a veces hay «criterios discordantes» entre unos y otros informes a la hora de valorar. Un impedimento más en la lucha contra las redes organizadas que expolian los yacimientos arqueológicos.

21 de marzo de 2016

España "esconde" un tesoro arqueológico bajo tierra que está siendo expoliado

Una moneda de la época romana, un casco celtíbero, una espada de la Edad Media, joyas... Toda la geografía española esconde bajo tierra sepultadas por el paso de los siglos decenas de miles de estas piezas de alto valor arqueológico que generan una intensa actividad delictiva a cargo de grupos dedicados al expolio de reliquias históricas. Las obras adquieren luego un alto valor en el mercado y muchas de ellas son vendidas en el extranjero. Las hay que acaban incluso en las grandes casas de subastas.

Según datos a los que ha tenido acceso Europa Press, desde 2011 la Guardia Civil ha practicado un total de 180 detenciones o imputaciones y se han abierto casi 2.000 expedientes por infracción administrativa, más de la mitad corresponden al Seprona. Entre las comunidades que registran una mayor actividad destacan Andalucía, Asturias, Galicia, Murcia y Castilla y León.

Los expertos de la Guardia Civil advierten de que, si hace años la mayor preocupación a la hora de proteger el patrimonio histórico y cultural de España era evitar los robos en las iglesias, ahora es prevenir este expolio de obras arqueológicas bajo tierra. Se trata de una actividad que en muchos casos pasa de padres a hijos o significa buena parte de la actividad económica de algunos pueblos.

"Hay municipios en los que hay decenas de vecinos denunciados y nos quedamos cortos", dicen en la Guardia Civil, que se remiten a estudios arqueológicos, según los cuales, España cuenta con un yacimiento cada 3 kilómetros. Refuerzan su tesis recordando la multitud de proyectiles de la guerra civil que aún se encuentran todas las semanas por España: "Si esa guerra sólo duró tres años, imagina lo que puede haber bajo tierra tras varios siglos".


DETECTORES DE METALES
Estos grupos se hacen con detectores de metales y salen al monte a buscar piezas. La mayoría de las veces han recibido un soplo o recurren a especialistas e historiadores que les guían por dónde buscar. "Por la zona donde hubiese una construcción romana ya saben que debe haber vestigios de piezas valiosas", explican como ejemplo los agentes, para los que no es extraño encontrar revistas y libros especializados en Arte antiguo e Historia durante algún registro.

Muchas veces se trata de una delincuencia itinerante. Trasladan las herramientas y los detectores por mensajería hasta la provincia en la que van a practicar el expolio. Lo hacen para no llamar la atención y no ser detectados en un posible control de carretera. Durante el tiempo que dura la campaña suelen esconder en el monte el material y las piezas que van encontrando y no las recogen hasta el último día. Los conocimientos propios del buscador también cuentan, es casi como una profesión, aunque es difícil poder llegar a vivir de ello. "Alguien de un pueblo de Sevilla ha tenido suerte y ha encontrado cosas en Soria y, cuando vuelve y lo cuenta, van todos para allá", describen las fuentes consultadas.


La forma de actuar de estas organizaciones responde a criterios parecidos a los barcos pesqueros cuando buscan peces: experiencia, intuición y fortuna, todo influye. "A veces es el propio Boletín Oficial de la provincia el que declara algo como zona arqueológica y ya les has dado la pista", lamentan.

ANTICUARIOS Y COLECCIONISTAS
Una vez logran desenterrar algo de valor, el negocio entra en una segunda fase en la que cobran protagonismo los intermediarios. En un primer nivel son, sobre todo, anticuarios locales o coleccionistas, pero en el momento que adquieren la pieza, ésta ya entra a formar parte de un mercado que actualmente no tiene límites tras la entrada de internet y las webs de intercambio. En torno a las ferias de antigüedades también se suele generar un mercado paralelo de estas piezas de origen desconocido.

"El problema es la dificultad para demostrar que una obra ha sido expoliada y no forma parte de una colección familiar desde hace años. Aquí no hay prueba de ADN", ironizan los investigadores que, según explican, en esta actividad también hay blanqueo. Concretamente se falsifican documentos sobre el origen de las obras: "si se trata de una pieza romana, por ejemplo, puede proceder de cualquier país del entorno Mediterráneo, por lo que los vendedores declaran haberlo adquirido en el extranjero. Muchas veces cuentan con la complicidad de personas extranjeras. No son una red como tal, pero sí un circuito en el que se conocen casi todos". Luego las casas de subastas o los coleccionistas tienen sus propios tasadores y especialistas que confirman la autenticidad de las piezas. Muchos proceden de fuera de España. Alemania, Reino Unido, Suiza o Japón están entre los países destacados.

Es imposible cuantificar ni las piezas expoliadas, ni el dinero que genera esta actividad ya que no hay un precio fijado y cada coleccionista paga lo que cree conveniente. "Puede haber una pieza de oro y otra de cobre, pero que la segunda sea más valiosa porque sea más difícil de encontrar", explican.

LEYES CONTRA EL EXPOLIO
La persecución contra este tipo de delitos cuenta con una normativa marco en toda España, la Ley de Patrimonio Histórico que prohíbe expresamente la búsqueda sin autorización de restos arqueológicos. En caso de encontrar alguna pieza arqueológica se debe entregar a la Administración. El Código Penal (artículo 323) castiga estos delitos contra el patrimonio con entre seis meses y tres años de cárcel, pero las fuentes consultadas coinciden en que la parte económica es lo que más disuade a los expoliadores.

"A veces hemos pillado a alguien que nos pide que no le denunciemos, sino que le detengamos", advierten desde la Guardia Civil. La razón es que, bajo la normativa marco, cada comunidad autónoma tiene su propia legislación al respecto y hay regiones en las que la vía Penal apenas prospera. Pese a ello, estas fuentes celebran que en los últimos años las comunidades más afectadas se han reforzado con juristas contrastados que han mejorado la lucha contra esta delincuencia.

En la operación Helmet II, desarrollada en 2013, la Guardia Civil incautó 2.000 objetos expoliados en Aragón, incluyendo puntas de lanza y flechas. En la operación Mosaico fueron arrestadas más de ochenta personas e intervinieron un millar de piezas. Cuando no han sido descubiertos in fraganti, la principal dificultad es demostrar ante los tribunales que las piezas proceden de un expolio.

Tras la operación Tertis (2007), el juzgado de Instrucción Número 2 de Marchena (Sevilla) archivó las actuaciones alegando que no había nada que pusiera de manifiesto que alguno de los imputados acudiese a un yacimiento concreto. Otras, en cambio, dan la razón a los investigadores, quienes otorgan especial relevancia a las cantidades económicas que se imponen en calidad de indemnización por haber dañado el patrimonio histórico.

Un ejemplo de ello es la sentencia que condenó a los detenidos tras laoperación Badía y en la que en materia de responsabilidad civil se les imponían más de 130.000 euros. A pesar de todo, desde la Guardia Civil lamentan que el dinero que consiguen de la venta de piezas hace que hasta con esa indemnización les resulte rentable la actividad.

(Fuente: Europa Press / Asturias 24)

13 de mayo de 2015

‘Cazatesoros’ expolian las excavaciones de la ciudad romana de Lesera (Castellón)

Si la semana pasada nos haciámos eco en éste blog del comienzo de las excavaciones en la ciudad romana de Lesera, en Forcall (Castellón) hoy tenemos que denunciar el expolio perpetrado en el yacimiento en los últimos días y en el que los asaltantes han aprovechado las acciones realizadas por los arqueólogos para conseguir sus objetivos.
Los hechos se descubrieron en la mañana de ayer con el regreso de los arqueólogos a la zona. FOTO: MEDITERRÁNEO.
La ciudad romana de Lesera, en el término de Forcall, ha sido víctima de un importante expolio por parte de ladrones cazatesoros. El botín se desconoce pero, presumiblemente, robaron monedas de gran valor de hace unos 2.000 años. También podrían haberse llevado metales preciosos o clavos, entre otros objetos, de aquella época. Los hechos se descubrieron ayer por la mañana, cuando los alumnos-trabajadores del taller de ocupación de la Mancomunitat de Els Ports dedicado a la arqueología llegaron al yacimiento donde están trabajando, en la Moleta dels Frares, y se encontraron 17 agujeros.

DETECTORES DE METALES
Casualmente, no trabajaban en el espacio desde el pasado martes, ya que la semana pasada se dedicaron a estudiar una zona en Vilafranca. El director del taller, Ramiro Pérez, señalaba que los expoliadores de este patrimonio histórico “robaron en algún momento entre el martes por la tarde al domingo, posiblemente, aprovechando las horas solares, justo unos días que no estábamos en Forcall”. Al respecto del modus operandi, Pérez y los encargados de las excavaciones tienen muy claro que “lo hicieron con detectores de metales, como los que se gastan en las playas, y cuando detectaron algo, excavaron”.

Francesc Duarte, monitor y responsable de la excavación, señalaba con resignación que “ahora será muy difícil recuperar el material. Es un hecho muy grave. Nosotros ya no lo encontraremos en esta excavación, perderemos la información que podían aportar, así como un importante valor artístico, y pasará al mercado negro de compraventa de numismática”. 


"HAN PERJUDICADO LA INVESTIGACIÓN"
Además, los asaltantes aprovecharon las acciones realizadas hasta el momento. “Todo lo que habíamos tratado de forma metodológica y con riguroso cuidado ha ayudado al objetivo de los ladrones”, indicaba Duarte. Por otra parte, los cazatesoros han perjudicado la investigación. Ramiro Pérez explicaba que, a nivel científico, “han mezclado distintos niveles históricos, de periodos distintos, lo que dificulta el trabajo que estamos desarrollando”. Un agente de la Guardia Civil del cuartel de Morella visitó ayer el yacimiento y la denuncia se trasladará al Seprona.
(Fuente: El Periódico Mediterráneo / Miguel Agost)

5 de mayo de 2014

Localizado un monumental edificio íbero en el Cerro de las Cabezas II, en Valdepeñas (Ciudad Real)

Las estructuras de época ibérica se localizan en la cima del cerro. No cabe duda de que se trata de un edificio singular de grandes dimensiones, en torno a 450 m2 que destaca por su complejidad arquitectónica y la fortaleza del sistema constructivo utilizado. El Cerro de las Cabezas II se encuentra a unos 400 metros del asentamiento ibérico y no está recogido en la Carta Arqueológica de Valdepeñas.
Los muros conservan una gran altura hasta 1,60 m y su potencia alcanza los 90 cm.
El grupo de investigación del Cerro de las Cabezas ha llevado a cabo estos días, junto a miembros de la Asociación ORISOS una campaña en la que se han llevado a cabo dos sondeos en las inmediaciones del yacimiento ibérico del Cerro de las Cabezas, en el denominado Cerro de las Cabezas II, un yacimiento no recogido en la Carta Arqueológica del Término Municipal de Valdepeñas y situado a 400 metros al Oeste de la Ciudad Ibérica, donde se tenía constancia a través de diversas prospecciones, de la existencia de unas estructuras ibéricas situadas en la cima del cerro.

ESTRUCTURAS DEFENSIVAS Y DOMÉSTICAS

La intensa campaña realizada ha permitido constatar la importancia del asentamiento existente junto al Cerro de las Cabezas, donde a falta del estudio detallado de los materiales arqueológicos localizados que se está realizando, se han documentado varias estructuras defensivas y domésticas que podrían datarse cronológicamente en algún momento tardío del Calcolítico y la Edad del Bronce; así como una mínima extensión de lo que puede ser un gran edificio de época ibérica, coetáneo cronológicamente con algunas fases de ocupación del Cerro de las Cabezas.

UN EDIFICIO DE 450 METROS CUADRADOS
Las estructuras de época ibérica se localizan en la cima del cerro. Nos encontramos ante un edificio singular de grandes dimensiones, en torno a 450 m2 que destaca por la complejidad arquitectónica y fortaleza del sistema constructivo utilizado. El hecho de que algunos muros pudieran observarse a nivel superficial permitieron plantear la excavación de una habitación completa, con un área de 20 m², situada al este del edificio y a la que se accedía a través de una puerta situada en su ángulo noroeste y que da acceso a un pasillo central.

MUROS DE GRAN POTENCIA
Los muros tienen grandes dimensiones y varían desde los 90 cm de anchura de los muros perimetrales a los 60 cm de las compartimentaciones interiores. Conservan además una gran altura, sobre 160 cms, siendo construidos con mampostería muy regular a base de cuarcita trabada con barro sobre los se construyó el alzado de adobes.

PLATOS DE CERÁMICA IBÉRICA
Entre los materiales arqueológicos de época ibérica localizados destacan los platos de cerámicas grises, las cerámicas pintadas de finas bandas, cerámicas con decoración estampillada y algunos fragmentos metálicos difíciles de identificar que podrían datar esta ocupación, en un primer análisis y a falta del estudio definitivo que está realizándose en estos momentos, en torno a los siglos V - IV a. C.

OTROS MATERIALES
Bajo estas estructuras ibéricas se ha localizado un nivel de cerámicas a mano, con decoraciones  digitales, incisas y pintadas y algunos restos de estructuras, como hoyos de poste. Este nivel de cerámicas a mano podría datarse inicialmente en momentos finales del Calcolítico y durante la Edad del Bronce y se asocia a las estructuras localizadas en el segundo sondeo realizado en la ladera del cerro. En él se ha excavado una posible muralla a la que se asocian estructuras de habitación con abundante material cerámico, pesas de telar cilíndricas, etc.

Un primer análisis del material y de las estructuras retrotrae posiblemente la ocupación del entorno del Cerro de las Cabezas a finales de la Edad del Cobre inicios del Bronce. No obstante estos primeros datos han de tomarse con la debida precaución ante el estudio pormenorizado de los resultados que nos dará una mejor y amplia visión de la ocupación que el paraje del Cerro de las Cabezas ha tenido en épocas pasadas.

PROTECCIÓN ANTE LOS EXPOLIOS
Por otro lado, y dada la relevancia del lugar, se ha comunicado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado esta circunstancia, a fin de proteger y evitar las acciones que se están produciendo en zonas cercanas, con el uso indebido de detectores de metales y la destrucción de pinturas rupestres en la zona de Despeñaperros, entre otros actos contra el Patrimonio.

(Fuente: La Comarca de Puertollano)

21 de agosto de 2013

Arrestado un vecino de Alagón por el expolio de más de 2.000 piezas arqueológicas

La Guardia Civil ha arrestado a un vecino de Alagón de 63 años, Mariano O. M., como presunto responsable del expolio de al menos 2.000 restos arqueológicos en Aragón y comunidades limítrofes, fundamentalmente celtibéricos y pertenecientes al yacimiento de Aratikos (Aranda de Moncayo, Zaragoza).
Algunos de los cascos procedentes del yacimiento de Aranda de Moncayo que fueron intervenidos en Alemania.
La operación deriva de la ejecutada en febrero de este año, bautizada Helmet (casco en alemán) y en la que arrestaron a otro vecino de Illueca, Ricardo G. P., en cuyo poder hallaron otras 4.000 piezas. El instituto armado no considera cerrada la investigación, que partió de las fiscalías de Medio Ambiente del Supremo y de Zaragoza y que actualmente instruye el Juzgado número 2 de La Almunia. El levantamiento del secreto de sumario estaba previsto para esta misma semana, pero es posible que esta nueva operación lo retrase.

Subastas
La investigación nació de la denuncia de un arqueólogo alemán, que a finales del año pasado comunicó a las autoridades españolas que unos cascos que iban a ser subastados en Alemania --finalmente se paralizó el proceso-- corresponderían al yacimiento de Arátikos, en Aranda. Una fotografía del vecino de Illueca en una red social, en la que posaba con un casco celtibérico de características similares, puso a la Guardia Civil tras su pista, y finalmente fue arrestado. Le decomisaron el citado material --cascos, falcatas (espadas), munición de honda...--, y detectores de metales que los vecinos de la comarca le habían visto utilizar; según él, hace más de 15 años, con lo que el delito habría prescrito.

En la operación fue imputada una segunda persona, y el análisis de la documentación incautada condujo al inicio de la operación Helmet II, explotada el pasado mes de julio. En ella se arrestó a Mariano O. M. que, como los otros, quedó en libertad con cargos tras declarar ante la Guardia Civil.

Salían a "pitear" 
Según fuentes del instituto armado, el último detenido habría sido compañero de Ricardo G. P., con el que salía a pitear, como llaman los aficionados a buscar restos con el detector de metales, por los pitidos que indican el hallazgo.

En los registros de sus domicilios de Alagón, el distrito zaragozano de Universidad y la ebanistería que regenta en un polígono industrial de Utebo encontraron más de 2.000 piezas entre las que se incluirían un casco, puntas de flecha, monedas, falcatas, cerámica y broches, habituales en los enterramientos celtíberos. No todas corresponden a esta cultura, y los técnicos de Patrimonio de la DGA, que colaboraron en el operativo, se encargan de analizarlos y catalogarlos.

El arrestado regentaba hace unos años un comercio de detectores de metales, y en su poder encontraron mapas cartográficos de varios yacimientos de Zaragoza y otras provincias. Los investigadores barajan la hipótesis de que los objetos hallados en su poder --algunos expuestos en su casa, la mayoría apilados-- serían los menos valiosos, al haber vendido las joyas, como los cascos que iban a ser subastados.

(Fuente: El Periódico de Aragón / F. Mantecón)
¿Aficionados a la Arqueología o presuntos ladrones?
Al hilo de esta noticia me ha dolido especialmente escuchar a un colega periodista referirse al detenido como "gran aficionado a la Arqueología". Nada más lejos de la realidad.
Los aficionados a la Arqueología respetan el trabajo de los profesionales y nunca visitan los yacimientos arqueológicos sin autorización y en el improbable caso de encontrar algún vestigio de interés lo ponen en conocimiento de la administración correspondiente.
Los aficionados a la Arqueología no se lucran con el saqueo premeditado de yacimientos arqueológicos y nunca desplazarán de su sitio una pieza sin que un profesional haya analizado el entorno de su hallazgo. Un verdadero aficionado respeta la metodología arqueologica que debe servir al profesional para realizar una correcta interpretación histórica de su hallazgo.
Un auténtico aficionado a la Arqueología sacia su "mono" de excavaciones participando como voluntario en las cualquiera de las campañas de excavaciones y cursos que se organizan por toda España.
Y lo más importante: un verdadero aficionado a la Arqueología respeta y sabe valorar ante todo la importancia del Patrimonio Histórico y el significado que el cuidado y el mantenimiento de este legado supone para las generaciones venideras.
Estos señores, que afortunadamente han sido detenidos para beneficio de nuestro Patrimonio, no han tenido en consideración ninguno de estos aspectos por lo que mientras que un juez no diga lo contrario, no merecen otro calificativo que el de presuntos ladrones de un patrimonio que nos pertenece a todos.

5 de agosto de 2013

El patrimonio desprotegido: el expolio en yacimientos arqueológicos crece con la crisis

La práctica impunidad de los infractores y un floreciente mercado negro reabre el debate sobre la desprotección del patrimonio histórico, muy especialmente el de los yacimientos arqueológicos, mucho más diseminado y menos vigilado.
Dos estatuas del alto imperio romano recuperadas en  Jaén. Foto: José Manuel Pedrosa / EL PAÍS
Le ocurrió no hace mucho a una patrulla de la Guardia Civil cuando detuvo a un vecino de Sevilla que fue sorprendido expoliando un yacimiento arqueológico de Ciudad Real: “No me denuncien, deténganme”, les dijo el infractor a los agentes. Por sorprendente que parezca, el expoliador sabía muy bien lo que decía. La impunidad penal con la que casi siempre se despachan los ataques al patrimonio histórico es uno de los factores que ha alentado el resurgir de grupos y bandas especializadas. Y Andalucía, con más de 3.000 yacimientos arqueológicos catalogados, es uno de los lugares favoritos para los cacos, a los que anima un mercado negro que mueve millones de euros.

La detención esta semana de dos hermanos sevillanos —uno de ellos imaginero de profesión— acusados de haber esquilmado la Casa de la Provincia hispalense y numerosas iglesias de Andalucía y Portugal ha reabierto el debate sobre la desprotección del patrimonio histórico, muy especialmente el de los yacimientos arqueológicos, mucho más diseminado y menos vigilado.

En la misma operación, la Guardia Civil detuvo a seis personas en Alcolea del Río y Brenes (Sevilla) que llevaban casi una década desvalijando yacimientos arqueológicos de Castilla-León y que habían sustraído un busto de mármol del emperador romano Marco Aurelio en una iglesia de León. “Esta banda empezó a operar en Sevilla y más tarde, conforme fueron conociendo el mercado negro, se fue expandiendo por otras comunidades”, apunta Jesús Gálvez, jefe del Grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO).

El expolio no tiene fronteras
Parece claro, pues, que los expoliadores no tienen fronteras. “Conocen bien la zona antes de perpetrar sus robos”, añade el comandante Gálvez. Los agentes sostienen que los saqueadores suelen contar con un intermediario que les compra la mercancía para, después, intentar introducirla en el mercado lícito con facturas falsas u otras formas de blanqueo. Otras veces, en cambio, la venta se hace directamente a coleccionistas nacionales e internacionales.

Uno de los expolios de este tipo que alcanzó mayor relevancia fue el de dos capiteles cordobeses de época omeya que acabaron en la sala de subastas Sotheby´s de Londres, aunque finalmente la puja (que llegó hasta las 70.000 libras) quedó desierta. En este caso, como en otros muchos, la principal dificultad de los investigadores es determinar el origen de las piezas. También el año pasado, agentes de la policía de Jaén recuperaron en Pedro Abad (Córdoba) dos estatuas de bronce del alto imperio romano que formaban parte del grupo escultórico de Castor y Pólux. La policía abortó la operación antes de la venta de estas piezas a un comprador italiano a través de intermediarios que operaban desde Jaén y Sevilla.

Detectores de metales y georradares
El Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil realiza cada año más de 500 actuaciones por expolios arqueológicos en el país y Andalucía está, junto con Valencia y las dos Castillas, entre las comunidades más afectadas. “En los últimos tiempos están aumentando las denuncias por el uso ilícito de los detectores de metales”, indica Jesús Gálvez. Se trata de un artilugio cuya adquisición es legal en España y sobre el que no hay ningún control administrativo. Solo se puede denunciar su utilización si se ha constatado su uso en una zona próxima a un yacimiento o con la intención de expoliar. La Guardia Civil ha detectado también la utilización de georradares en algún expolio.

Las pinturas rupestres: en peligro
Más desprotección sufren aún las pinturas rupestres, muchas de las cuales ubicadas en las sierras de Jaén, Granada y Almería fueron declaradas hace 15 años Patrimonio Mundial por la Unesco. “El principal daño viene de la mano del hombre porque no existe la suficiente concienciación para conservar un legado con más de 6.000 años de antigüedad”, explica Manuel Gabriel López Payer, doctor en Prehistoria de la Universidad Complutense y consejero del Instituto de Estudios Giennenses (IEG).