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24 de febrero de 2026

Hallan en la isla de Ons un maravedí de 1622 del reinado de Felipe IV

El hallazgo casual en la playa de As Dornas apunta a la actividad marítima y a la crisis monetaria del siglo XVII.
Maravedí hallado en la isla de Ons. | Europa Press

La playa de As Dornas, en la isla de Ons, en el municipio pontevedrés de Bueu, ha sido el escenario del hallazgo de un maravedí acuñado en 1622, durante el reinado de Felipe IV. La moneda, localizada de forma casual en una zona intermareal, constituye un testimonio de la circulación monetaria y de la actividad marítima histórica en el entorno del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia, según el informe preliminar elaborado por la Dirección del Parque.

El descubrimiento, adelantado por Faro de Vigo y confirmado por fuentes del Parque Nacional, se produjo sin intervención arqueológica planificada. Los técnicos barajan distintas hipótesis sobre cómo pudo llegar la pieza hasta la playa: una pérdida accidental, el arrastre desde un pecio o la movilización de sedimentos marinos.

Una moneda resellada en plena crisis monetaria
La pieza se encuentra en un estado de conservación "muy deteriorado", con fuerte corrosión y una pátina verde asociada a aleaciones de cobre expuestas durante largos periodos a ambientes marinos. Pese a ello, los elementos visibles han permitido una interpretación que el informe califica de "sólida".

En el anverso se distingue un escudo central muy erosionado. En el reverso aparece un castillo o motivo arquitectónico característico del cuartel de Castilla y la fecha visible de 1622. Además, se aprecia un resello con la inscripción ‘VIII’, propio de los realizados entre 1641 y 1642.

Ese resello se aplicó cuando se reutilizaron monedas antiguas para convertirlas en piezas de ocho maravedís, en el contexto de la crisis monetaria del siglo XVII. Con estos datos, el informe ratifica que la moneda original sería un maravedí de cobre acuñado durante el reinado de Felipe IV (1621-1665).

Testimonio de presencia humana en la isla
Aunque el valor económico de la pieza es "reducido", el informe preliminar subraya su interés histórico y etnográfico. La moneda constituye un testimonio de la actividad humana en Ons en época moderna, así como un elemento relevante para la interpretación del patrimonio marítimo del Parque Nacional.

El hallazgo se considera coherente con el contexto histórico documentado para la isla. Durante el siglo XVII existía un intenso tráfico marítimo entre puertos gallegos, portugueses y rutas atlánticas. Además, se registraba la presencia de marineros, pescadores y pobladores estacionales en la isla, así como naufragios en el entorno del archipiélago.

En este marco, la aparición de una moneda de circulación corriente refuerza la idea de una actividad humana continuada vinculada al mar y al intercambio comercial.

Un hallazgo en zona intermareal
La localización de la pieza en una zona intermareal añade complejidad a la interpretación de su origen exacto. Las corrientes, el movimiento de arenas y los temporales pueden desplazar objetos durante siglos antes de dejarlos al descubierto.

Entre las hipótesis planteadas figura la posibilidad de que la moneda proceda de un pecio cercano o que formara parte de objetos transportados por embarcaciones que recalaban en la isla. También se contempla que se trate de una pérdida accidental en tierra firme, posteriormente desplazada por la dinámica litoral.

En cualquier caso, la combinación de los elementos iconográficos y la datación visible ha permitido a los técnicos situar la pieza en un momento histórico concreto y relacionarla con procesos económicos documentados, como el resellado de moneda durante la crisis del siglo XVII.

Los próximos pasos previstos por la Dirección del Parque Nacional pasan por registrar el hallazgo en el inventario de bienes culturales del espacio protegido. Asimismo, se valorará su posible utilización en materiales divulgativos relacionados con el patrimonio histórico y marítimo del archipiélago.
(Fuente: El Faro de Vigo)

7 de mayo de 2013

La restauración de una iglesia en Castro Urdiales saca a la luz más restos arqueológicos

Los arqueólogos de la obra han documentado el uso funerario de las capillas, donde ha aparecido un arcosolio (nicho) del siglo XVI embutido en un muro.
Iglesia gótica de Santa María, en Castro Urdiales (Cantabria).

Las obras de restauración de la girola de la iglesia de Santa María, en Castro Urdiales (Cantabria), han sacado a la luz nuevos restos arqueológicos de interés que se suman a la necrópolis formada por 26 tumbas excavadas en roca caliza, y varios restos humanos, además de tres jarritos incensarios que aparecieron al inicio de esta actuación, en la que se ha invertido cerca de medio millón de euros y cuya finalización se prevé en dos meses.

El responsable del seguimiento arqueológico, Javier Marcos, en colaboración con el equipo de arquitectos Alonso y Barrientos, ha podido documentar en los últimos meses el uso funerario de las capillas. Concretamente, en la capilla de ‘La Blanca’ se ha registrado un arcosolio embutido en el lienzo del muro del Evangelio. Es decir, una hornacina o tumba que albergaba y cubría un sepulcro nobiliario. «Probablemente existía una sepultura suntuaria a ambos lados del altar. La estructura pudo construirse durante el siglo XVI. Se realizó con un elevado riesgo arquitectónico, ya que afectó a parte de uno de los contrafuertes de la cabecera de la iglesia. Este sepulcro pudo pertenecer al linaje de los Campo», señala Marcos.

Según este arqueólogo, el arcosolio se cubría con arco apuntado y seguramente angrelado, con motivos ornamentales góticos. Además, durante el descubrimiento de esta tumba, se comprobó que el muro y la estructura funeraria se encontraban muy alterados por reformas posteriores. «Probablemente en el siglo XVII conoce una intensa reforma, en la que se instala una hornacina con solución semiabovedada. Posiblemente, se relaciona con la transformación barroca que afectó a la capilla, con la instalación de un nuevo retablo y un transparente, bajo el patronazgo de las familias nobiliarias de Mena y de la Torre y Rado». Marcos asegura que en el siglo XX, en una de las restauraciones de la iglesia, este nicho se cegó y se rellenó todo el interior del muro.

Otros hallazgos interesantes 

Entre los materiales heterogéneos de relleno también se han recuperado piezas de interés arqueológico, aunque descontextualizadas: piedras labradas (un cairel, que es un fleco o festón colgante de un arco) y una moneda de 8 maravedís, del siglo XVII.

Pese al valor de estas piezas halladas recientemente lo cierto es que la aparición el pasado año de un cementerio ubicado en el subsuelo del templo, que podría fecharse entre el siglo VIII y el XII, es de mayor interés arqueológico. Durante el descubrimiento de esa necrópolis, aparecieron restos humanos en algunas tumbas, junto a jarritos incensarios que podrían corresponder a un rito funerario originario del norte de Europa, en concreto de Normandía, «ya que los maestros de la iglesia eran normandos», según la hipótesis de Marcos.

Además de la necrópolis, también salió a la luz una fase del edificio que podría ser anterior al gótico (época en la que se construyó la iglesia), y que pudo pertenecer a la época románica. Asimismo, se encontraron siete estelas discoideas, alguna de gran tamaño. Y también aparecieron dos monedas, una medieval de Enrique IV; hebillas de cinturón, también medievales (una de ellas del siglo XIV), laudas de sarcófago, y lascas del Paleolítico superior.

Resultado de las obras

El responsable de la restauración de los paramentos exteriores de la girola de la iglesia, José Ignacio González, avanzó que en un par de meses, «como mucho», estará finalizada esta actuación. De hecho, ya se ha retirado el 70% del andamiaje y en los próximos días comenzará la urbanización de la parte baja de esta zona del templo. También explicó que la obra ha sufrido retrasos debido a la mala climatología y a los temporales que este invierno causaron daños en la iglesia e impidieron por un tiempo ejecutar obras en determinadas zonas.

Con la retirada de los andamios, ha quedado al descubierto la zona rehabilitada y muchos son los vecinos que se han visto sorprendidos porque la piedra que se ha colocado en sustitución de la antigua nada tiene que ver con el resto en cuanto a tonalidad y textura. No obstante, el jefe de obra asegura que en un par de años apenas se notará, «ya que tendrá un tono más uniforme».

18 de marzo de 2015

Los investigadores creen haber encontrado los restos de Miguel de Cervantes

La investigación comenzó hace 10 meses en la iglesia del convento de las Trinitarias de Madrid. Los restos del escritor se han hallado muy disgregados y junto con los de otras 16 personas. El hallazgo de una moneda de la época de Felipe IV y prendas litúrgicas junto a los restos óseos han permitido datarlos en el siglo XVII.
Los restos del escritos estaban mezclados juntoa  los de otras 16 personas.
FOTO: ATLAS / SOCIEDAD ARANZADI
El forense y director de la búsqueda de Cervantes, Francisco Etxebarria, ha confirmado este martes que "es posible considerar que entre los fragmentos" encontrados en la cripta de la iglesia madrileña de las Trinitarias "se encuentran algunos" pertenecientes a Miguel de Cervantes, sin "discrepancias". Los restos del escritor se han hallado muy disgregados y junto con los de otras 16 personas.

Así se pone punto y final a una investigación que comenzó hace diez meses para localizar el lugar exacto de la iglesia donde reposaba el autor de "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", aunque los forenses no han cerrado la puerta a que una tercera fase lleve a un análisis más detallado de los restos.


Francisco Etxebarria presenta los resultados de la investigación.
FOTO: REUTERS

 HUESOS MUY FRAGMENTADOS
No obstante, ha apuntado Francisco Etxebarria, es "un imposible" comprobar a través del ADN cuáles son los restos de Cervantes de entre todos los localizados en la cripta, puesto que están "muy fragmentados", y hay además otra dificultad: el escritor no tuvo hijos, y la única familiar sepultada en un lugar conocido es su hermana, cuyos restos están en un osario común en Alcalá de Henares.

El forense ha destacado que tanto la investigación documental como los hallazgos arqueológicos permiten concluir que los restos de Cervantes fueron trasladados a la cripta de la iglesia de las Trinitarias y que uno de los conjuntos de restos óseos encontrado en esa cripta coincide "fielmente" con los datos de archivo sobre el grupo con el que habría sido enterrado el escritor.


Muestra de la fragmentación de los huesos.
RESTOS TRASLADADOS EN EL S. XVIII
Se trata de los restos de 17 cuerpos, que fueron inhumados entre 1612 y 1630 de la iglesia primitiva de las Trinitarias, ubicada al contrario de lo que se pensaba hasta ahora en un lugar distinto al actual, y que fueron trasladados a la cripta entre 1698 y 1730, en el momento en que estaban terminando las obras de construcción del convento.

Según ha expresado en la rueda de prensa la antropóloga Almudena García Cid, concretamente hay restos de un mínimo de cinco niños y un mínimo de diez adultos (de ellos, cuatro masculinos, dos femeninos, dos indeterminados y dos probablemente masculinos).

Los restos estaban en el subsuelo, en el conjunto que los investigadores han nombrado con el punto 32, y han aparecido junto con una moneda de 16 maravedís de Felipe IV y prendas litúrgicas, entre otros objetos que han permitido datarlos en el siglo XVII.

Esta investigación, liderada por el forense Luis Avial y el georradarista Francisco Etxebarria, ha costado 124.000 euros y ha estado apoyada por el Ayuntamiento de Madrid.

Sobre qué pasará con los restos del escritor y la posibilidad de que se expongan al público, el historiador Francisco José Marín Perellón, funcionario del Ayuntamiento y archivero, ha indicado que no corresponde al Gobierno local esta decisión, que ha dejado en manos del convento de las Trinitarias y la Real Academia Española, que ostenta la tutela del edificio.

Las iniciales M.C. en uno de los restos de madera.

CASI UN AÑO DE TRABAJO EN EL CONVENTO
Los trabajos comenzaron a finales de abril del año pasado, cuando el equipo de georradaristas liderado por Luis Avial localizó las áreas de la iglesia donde había enterramientos, y, tras meses de gestiones para obtener los permisos, entre ellos los de la Comunidad de Madrid, el pasado 22 de enero una treintena de investigadores accedieron a la cripta para comenzar con la fase arqueológica.

El hallazgo coincide con la conmemoración de los 400 años de la publicación de la segunda parte de "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", que precede a la celebración en 2016 del cuarto centenario de la muerte del escritor español más universal, que coincidirá, por cierto, con el homenaje de Inglaterra a Shakespeare, cuya tumba puede visitarse en la iglesia de su pueblo natal.

(Fuente: La Opinión / EFE)

7 de junio de 2012

Hallan 11 castros fortificados de la Edad del Hierro en Burgos

La comarca burgalesa de Las Loras, al norte de Burgos es un territorio histórico que perteneció a la Cantabria antigua. En opinión de los codirectores del proyecto, estos hallazgos podrían conducir a reinterpretar la historia de las guerras cántabras desde un punto de vista "estrictamente operacional".
Emplazamiento de uno de los castros de la Edad de Hierro
descubiertos al norte de Burgos.
Once nuevos castros cántabros y numerosos vestigios medievales han sido descubiertos en la comarca burgalesa de Las Loras, al norte de Burgos, un territorio histórico que perteneció a la Cantabria antigua y donde un grupo arqueólogos ha trabajado durante varios años en más de medio centenar de yacimientos.

Los codirectores del proyecto Alfonso Bourgon, Ignacio Ruiz Vélez y Ramón Bohigas han presentado este jueves en rueda de prensa estas novedades arqueológicas, que se presentarán públicamente en una conferencia, a las 20 horas, en el Ateneo de Santander, y que, en su opinión, podrían conducir a reinterpretar la historia de las guerras cántabras desde un punto de vista "estrictamente operacional".

El principal hallazgo son 11 nuevos castros fortificados de la Edad del Hierro pertenecientes al mundo cultural del pueblo protohistórico que llamamos cántabro, en la zona que fue frontera de las llamadas Guerras Cántabras (años 29 al 19 AC).


Los yacimientos han sido descubiertos mediante prospección ocular por Alfonso Bourgon a lo largo de varios años de "exhaustivas" salidas de campo y certificados en visitas posteriores por los doctores Ruiz Vélez y Bohigas, con la colaboración puntual del profesor y arqueólogo Manuel García Alonso y el doctor y catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria César González Saiz.


Las campañas realizadas tenían por objeto el rastreo sistemático del terreno, mediante prospección visual y recogida de materiales en superficie para la identificación de posibles nuevos yacimientos arqueológicos en la franja de territorio comprendida.

La zona está delimitada por Alar del Rey-Villela por el oeste; Montorio-Huérmeces por el este; el valle de Valdelucio por el norte y Sasamón-Villadiego por el sur, según han indicado los codirectores, que han indicado que el objetivo era "completar el inventario arqueológico regional en una zona insuficientemente explorada".

Con los resultados de la campaña se publicará un trabajo revisando el conocimiento científico existente sobre el poblamiento de la edad del hierro en una zona que se identifica "claramente" como límite o frontera entre los antiguos cántabros, que ocupaban las primeras elevaciones y loras de la cordillera, y los turmogos o turmódigos, habitantes de las llanuras cerealistas del entorno de Villadiego y a los que, según las crónicas de los historiadores clásicos, las bandas de guerreros cántabros rapiñaban el fruto de sus cosechas por la fuerza de las armas.

A la vista de los resultados, se pretende también reinterpretar el episodio militar de las guerras cántabras (años 29 al 19 AC), desde un punto de vista estrictamente operacional, en lo que todas las fuentes clásicas y contemporáneas sitúan como la zona donde se inició la campaña de conquista y las primeras operaciones militares de la fuerza de invasión romana.

HALLAZGOS "DIVERSOS"
Los codirectores del proyecto han señalado que "los hallazgos han sido muy diversos, de distinto período y entidad e importancia", y que la "mayor parte" de ellos son asentamientos castreños y yacimientos medievales.

Entre estos hallazgos, "la pieza más antigua" es un 'chopper', una primitiva herramienta de piedra tallada. "Es un núcleo de canto rodado, de cuarcita, tallado con unos golpes básicos para darle un filo cortante, pero que también se ha utilizado como percutor a juzgar por las huellas de uso que presenta", han explicado.

Según los expertos que lo han analizado, su cronología es "muy amplia y poco concreta", oscilaría entre 400.000 y 1.100.000 años de antigüedad; es decir, entre el homo heidelbergensis y el homo antecessor de Atapuerca. Probablemente, según han indicado, es el primer hallazgo de estas características en esa zona del norte burgalés.

Por el contrario, la pieza más moderna es un cobre castellano o vellón resellado del siglo XVII, concretamente de 1636; es decir, una pieza a la que, durante el caos monetario del reinado de Felipe IV, se reacuñó un nuevo valor, en este caso de ocho maravedís.

En medio de estos dos hallazgos casuales hay 11 castros o poblados fortificados del hierro "totalmente inéditos", varias necrópolis tumulares del mismo período asociadas a algunos de esos castros; varios asentamientos no fortificados del mismo período; y antiguas minas de donde obtenían el mineral de hierro para la fabricación de herramientas y armas.

También se ha localizado un asentamiento fortificado tardorromano, es decir, visogodo; tres santuarios altomedievales con necrópolis asociada; restos de dos castillos altomedievales; o tres estelas medievales, una de ellas todavía en pie, entre otros.

REINTERPRETAR LAS GUERRAS CÁNTABRAS
Como apunte general, los codirectores han augurado que "igual no todos los castros se ubicaban atendiendo a cuestiones exclusivamente de defensa" del territorio, "sino a la presencia de la materia prima estratégica por excelencia en aquel momento: el hierro".

Si esto fuese así, han indicado que puede que "haya que reinterpretar un período muy concreto de la historia y muy de moda de unos años a esta parte, como es el de las llamadas guerras cántabras, que tuvieron lugar entre los años 29 y 19 AC.

"Aceptando que no todos los castros localizados sean contemporáneos de ese episodio bélico -algunos serán sin duda mucho más antiguos- en cualquier caso, entre los que se han localizado nuevos en estas campañas y los que ya eran conocidos, el panorama que se nos presenta, en lo que era el límite meridional del territorio histórico de los cántabros es el de una franja fronteriza literalmente plagada de recintos amurallados o fortificados y perfectamente comunicados visualmente entre sí", han explicado.

Y es que, según han elucubrado, "esto quiere decir que las crónicas de los historiadores romanos sobre las operaciones militares contra los cántabros no pueden tener una explicación tan simple como la que nos ha llegado".