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6 de noviembre de 2017

Golpe al expolio arqueológico en Jaén

La Guardia Civil desarticula una red dedicada a desvalijar yacimientos y a vender en internet los objetos sustraídos, «de valor incalculable»
Parte de las 748 piezas de gran valor de época íbera, romana y griega que la Guardia Civil ha recuperado. FOTO: EFE
Agentes de la Guardia Civil han desarticulado una importante red criminal dedicada a desvalijar yacimientos y a vender posteriormente en internet los cientos de objetos recuperados de "valor incalculable". Los expertos apuntan que algunos de ellos son "únicos en el mundo", como una tablilla íbera datada entre los siglos III-I antes de Cristo. También se ha localizado una moneda griega del siglo V antes de Cristo y una placa romana con inscripciones latinas, del ya del siglo II o III después de Cristo y que refleja el origen de la escritura en la Península. Los seis integrantes del grupo han sido detenidos y puestos a disposición judicial como presuntos autores de varios delitos contra el Patrimonio y pertenencia a organización criminal.

En total, los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil han logrado recuperar en la operación Alfaíbero hasta 748 piezas procedentes de distintos yacimientos arqueológicos de Jaén, según desveló el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz. La investigación comenzó hace seis meses tras tener conocimiento de una persona que tenía en su poder tres láminas de plomo con inscripciones íberas, una pulsera o herraje romano y una lámina de plomo con inscripciones romanas, obtenidas del expolio arqueológico. Tras determinar la Delegación Territorial de Cultura que las piezas eran restos de gran importancia, se inició un dispositivo para controlar la actividad del poseedor de las piezas, que junto a otras personas frecuentaba con detectores de metales varios yacimientos catalogados en la provincia de Jaén.

En algunas ocasiones, los miembros de la organización captaban a personas poseedoras de las piezas, "que habían sido obtenidas utilizando detectores de metales o simplemente realizando labores agrícolas, y que desconocían el valor real de los objetos que poseían". Les aseguraban que tenían "un contacto que entendía mucho de la materia", y les pedían que "guardaran sigilo" al tratarse de "asuntos ilegales". Si las piezas no tenían valor, les eran devueltas, pero en caso de que tuvieran valor económico, les decían que habían sido interceptadas por la Guardia Civil y que se las habían intervenido. A los más escépticos les devolvían réplicas y falsificaciones realizadas por ellos o incluso objetos "que pudieran parecer de más valor que el entregado".

Posteriormente estas piezas eran comercializadas mediante páginas especializadas de internet. Algunas de ellas se vendían a coleccionistas, aunque también a personas que ejercían de intermediarios y las presentaban en eventos especializados donde se obtiene la documentación que legaliza su tenencia e incluso posterior comercio.

PIEZAS DE GRAN VALOR
El delegado del Gobierno en Andalucía destacó este viernes "el gran valor arqueológico de las piezas encontradas ya que, según las primeras apreciaciones de los expertos, entre los efectos rescatados "hay algunos que son prácticamente únicos en el mundo", como por ejemplo una placa ibera que data de entre los siglos III y I antes de Cristo. No obstante, entre los hallazgos más "impresionantes" destaca una placa romana con inscripciones latinas ya del siglo II o III después de Cristo, muy bien conservada y de un tipo del que solo existen "entre 30 y 40" ejemplares, y que según las primeras estimaciones arqueológicas sería una de las "primeras muestras de la escritura en la península".

La operación continúa abierta, dado que los agentes estiman que el material informático y de comunicación intervenido podría aportar pruebas suficientes para, una vez analizado, ampliar la investigación o abrir una segunda fase. Para la clasificación y catalogación de los objetos, la Guardia Civil ha contado con la colaboración de los arqueólogos del Centro Andaluz de Investigaciones en Arqueología Íbera, cuyos informes han sido remitidos a la Autoridad Judicial.

(Fuente: El Norte de Castilla / Cecilia Cuerdo)

30 de abril de 2014

Encuentran una misteriosa "tablilla de maldición" greco-latina en el Museo Arqueológico de Martos (Jaén)

La "tablilla de maldición" o Defixionum Tabellae se localizó entre otros objetos arqueológicos del fallecido padre franciscano Alejandro Recio Veganzones, eminente erudito, historiador y arqueólogo que fuera promotor del Museo Arqueológico de Martos. La tablilla de plomo mide casi 11 centímetros de largo y 5.7 de ancho. Tanto su procedencia y datación así como la identificación y el significado de las grafías que contiene son toda una incógnita, aunque algunos expertos apuntan a que podría estar escrita en latín. 
Francisco Ocaña revisa información sobre otras "tablillas de maldición" encontradas en la Península Ibérica.
Según Francisco Ocaña, técnico del Museo Arqueológico de Martos, ubicado en el Colegio San Antonio de Padua de esta localidad gienense,  "la tablilla de plomo se encontró enrollada sobre sí misma y envuelta en papel de periódico entre otros objetos arqueológicos que pertenecieron al Padre Recio y "en su interior aparecen unas inscripciones en un lenguaje que todavía no se ha podido ni siquiera identificar y en el que parece que se combinan algunos signos del griego clásico con otras grafías de difícil identificación." .

La "defixionum tabellae" de Martos mide 10,7 cms de largo y 5,6 cms de ancho.
Ocaña nos comenta que desde el Museo de Martos se han puesto en contacto con epigrafistas de las universidades de Valladolid, Córdoba y Barcelona, sin que hasta el momento hayan recibido una respuesta que identifique el lenguaje en que está inscrita ésta lámina de plomo.

Hemos estado investigando -nos comenta Ocaña- sobre esta extraña tablilla, "y hemos encontrado semejanzas con la "tablilla de Llíria", encontrada en esta localidad valenciana y la de Orleyl, en Castellón, "aunque en este caso se trata de una "defixionum" ibérica." "Existen otras tablillas semejantes aparecidas en  Ampurias, Sagunto, Córdoba o Itálica, aunque en estos casos -aunque con mucho esfuerzo por parte de los epigrafiastas- ha sido posible identificar su origen latino."

ESCRITA EN LATÍN
Desde La Bitácora de Jenri nos hemos puesto en contacto con la Dra. Ana Vázquez Hoys, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), quien después de observar las fotografías que le enviamos nos apunta que "podría tratarse de latín", y en su página web comenta sobre estas pequeñas tablillas, llenas de conjuros, "que suelen estar escritas de forma incorrecta, a veces con la repetición incomprensible de las palabras, lo que impide su correcta interpretación y que a menudo las hace incomprensibles".

 "Estos aparentes errores de redacción o incorrecciones con respecto al lenguaje culto, no son más que una serie de elementos mágicos, que obscurecen el texto a propósito", dice la profesora Vázquez Hoys.
Detalle de las grafías que aparecen en la tablilla de Martos.
Segun Vázquez Hoys, "en algunos casos se llega a emplear "la escritura de espejo", ya que muestran grafías escritas al revés, tal es el caso de la encontrada en Ampurias.

Sobre la procedencia de la tablilla, Francisco Ocaña nos comenta que no está nada claro, ya que no se acompañaba de ninguna etiqueta o identificación, y que además fue encontrada en una maleta junto a otros objetos arqueológicos que el Padre Recio guardaba de sus viajes por Italia y el norte de África.

TABLILLA DE MALDICIÖN ("DEFIXIONUM TABILLAE")
Una tablilla de maldición (en latín defixio, y en griego κατάδεσμος katádesmos) era un medio frecuente para maldecir en el mundo grecorromano, por el que alguien pedía a uno o más dioses que dañasen a otros, con frecuencia como venganza. 

Se escribían estos textos en finas hojas de plomo que posteriormente se enrollaban, doblaban o clavaban. Estas tablillas se colocaban normalmente bajo tierra, ya fuera enterrándolas en tumbas, arrojándolas a manantiales, pozos o piscinas, escondiéndolas en santuarios subterráneos, o incrustándolas en las paredes de los templos.