google.com, pub-4869754641634191, DIRECT, f08c47fec0942fa0 La Bitácora de Jenri: Castro de La Ercina
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25 de febrero de 2025

Descubren uno de los signos más antiguos de escritura celtíbera en La Ercina (León)

Se trata de una letra del alfabeto celtibérico que se remontaría al siglo I a. C. grabada en un contrapeso de un huso de hilado hallado en el yacimiento de La Peña del Castro

El estudio de los materiales hallados en el yacimiento de La Peña del Castro (La Ercina, León) por parte de investigadores de la Universidad de León, ha permitido identificar el que sería uno de los primeros ejemplos de grafía alfabética en la provincia de León, se trataría de una letra del alfabeto celtibérico realizada en el propio asentamiento y que se remontaría al siglo I a.C.

Esa grafía está grabada en una fusayola (contrapeso de un huso de hilado) del yacimiento de La Peña del Castro, un asentamiento de la Edad del Hierro se encuentra en el municipio de La Ercina, en la Montaña Oriental leonesa. El enclave ha sido objeto de intervenciones arqueológicas entre los años 2013 y 2019 y continúa actualmente el proyecto con el estudio de los materiales recuperados en las excavaciones.

Durante la campaña de 2017, las excavaciones exhumaron un almacén donde además de un cesto con semillas, se recuperaron restos de carne curada de vacuno, varias herramientas y el objeto con el grabado alfabético. Este grabado podría corresponder con una marca de propiedad, si bien, el hecho de sea el único elemento de estas características en el yacimiento, hace que también sea un elemento de prestigio que diferenciaría a su propietario de otros habitantes del poblado. Este tipo de marcas son habituales en culturas limítrofes como la vaccea, que desde el s. II a.C. va a ejercer una influencia muy importante en el poblado leonés. Por lo tanto, esta práctica se enmarcaría en toda una serie de cambios sociales que se producirían en La Peña del Castro, como son el aumento de la población, la diferenciación social o la complejidad económica con la acumulación de excedentes agrarios y el aumento de los intercambios con la montaña y la meseta.

Inscripción en un objeto fabricado en talco
El objeto que cuenta con la inscripción está fabricado con talco, material procedente del entorno, por lo que la letra habría sido realizada en el propio yacimiento, y no ser fruto de intercambios con otras zonas. Esto indicaría que, aunque no conservamos textos en la Edad del Hierro de la zona cantábrica, sí habría en este poblado población que tendría los conocimientos para realizar esta práctica. A este respecto, hay que considerar la posibilidad de que pudiera haber población foránea en el asentamiento.

Este estudio ha sido publicado recientemente por el director de las excavaciones Eduardo González Gómez de Agüero en la revista Paleohispánica, una de las más prestigiosas en el ámbito peninsular sobre lenguas y culturas de la Hispania Antigua. En este enlace se puede acceder a la publicación.

23 de septiembre de 2014

Una muralla de dos metros de alto protegía el castro de La Ercina (León)

Medía dos metros de alto y veinte de longitud, Los habitantes del castro eran agricultores y ganaderos. Se han hallado ruedas de molino con los que molían semillas, restos de cabras y vacas y azadones y hachas. El castro estuvo habitado entre los años 600 a.C. y el 20 de nuestra era.
En La Ercina se combinan el trabajo científico con la participación social y la dinamización del Patrimonio.
Foto: DIARIO DE LEÓN.
Era una muralla imponente. Los arqueólogos que han trabajado este verano en el castro de La Ercina —con unas dimensiones de doce hectáreas— aseguran que se encuentran ante uno de los yacimientos prerromanos más interesantes del noroeste peninsular. Tanto que en este ‘breve’ espacio de terreno desenvolvió su vida una población cercana a las doscientas personas entre el año 600 a.C y el 20 de nuestra era. 

Fernando Muñoz Villarejo destaca que en este castro vivieron los abuelos de los futuros vadinienses, la ‘cultura’ que cien años después de aquello era capaz de hablar y escribir latín, lo que demuestra la rápida romanización de la población aborigen de la zona. Detalle revelador porque no se puede perder de vista que, aunque sería aventurado afirmarlo, podría decirse que las mujeres y hombres de la Peña del Castro pudieron haber participado en las guerras cántabras. Lo que sí puede afirmarse es que estaban en el lugar y en el momento.

UNA VIDA SENCILLA
Fernando Muñoz y el resto de investigadores de Talactor destacan que la vida social de los habitantes del castro era sencilla. Eran agricultores y ganaderos. Se han hallado ruedas de molino con los que molían semillas, restos de cabras y vacas y azadones y hachas, lo que lleva a pensar que dominaban las labores cinegéticas.


Sus casas eran redondas —sólo se ha encontrado un edificio cuadrado— y medían cinco metros de diámetro. «La muralla de piedra está muy bien trabajada. Se alza dos metros y tiene una longitud de veinte», destaca el arqueólogo, que niega que se hayan encontrado —aún— enterramientos.

Muñoz Villarejo resalta que resulta complicado hallar necropólis. Las fuentes clásicas dicen que los cuerpos de los guerreros muertos se dejaban en la naturaleza para que fueran las alimañas las que hicieran el trabajo. Pero la pregunta surge de inmediato ¿qué pasaba con las mujeres y los niños y qué ocurría con aquellos hombres cuyas labores no eran marciales?

La realidad es que en la zona noroeste de España no hay ningún caso en el que se hayan descubierto enterramientos aunque «nunca se sabe. Podrían aparecer», asegura Fernando Muñoz.

INVENTARIO DE LAS PIEZAS
Tras las labores de campo, los arqueólogos tienen ahora por delante la ardua labor de inventariar todas las piezas que han aparecido en el yacimiento. «Hay muchísima cerámica y metal», explica Muñoz Villarejo, que revela las influencias de la meseta que ha encontrado en el castro.

El proyecto de La Ercina aplica la denominada Arqueología pública, que combina el trabajo científico con la participación social, la divulgación y la dinamización del patrimonio. Y es que la de Peña del Castro no es excavación sin más puesto que los arqueólogos profesionales cuentan con la ‘ayuda’ de voluntarios de la zona.
(Fuente: Diario de León / Cristina Fanjul)