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23 de octubre de 2025

Descubren restos de 50 personas de hace más de 4.000 años en Muel (Zaragoza)

Hasta el momento los arqueólogos de la Universidad de Zaragoza han identificado restos correspondientes a unas 50 personas, enterradas en este lugar entre el 2850 y el 2200 a.C.

Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Zaragoza ha concluido la tercera – y previsiblemente, última – campaña de excavación en el sepulcro colectivo calcolítico de la Paridera de la Dehesa, situado en el término municipal de Muel (Zaragoza). Los trabajos de campo se han desarrollado a lo largo del mes de octubre, con una jornada de puertas abiertas celebrada el pasado sábado 18 de octubre, destinada a que el público interesado pudiese conocer de primera mano el desarrollo de la excavación y los objetivos del proyecto.

En la jornada de puertas abiertas se explicó al público asistente las características del depósito funerario, datos preliminares acerca de la composición de la población, indicios de la alimentación, patologías y calidad de vida, líneas de investigación en desarrollo, etc. Además, se organizaron actividades complementarias como un taller demostrativo de tecnología prehistórica a cargo de Javier Fanlo, una carpa montada como espacio expositivo donde se mostraba la evolución de la excavación y se contextualizaba el sepulcro y un terrario didáctico simulando una excavación donde los más pequeños pusieron a prueba sus dotes arqueológicas con un notable entusiasmo.

Estas actividades contaron con la colaboración de los miembros del equipo de excavación Javier Fanlo, Fernando Pérez-Lambán y Óscar Lanzas, así como de personas voluntarias, además de los directores del yacimiento. Durante los preparativos, Óscar Pueyo y Jorge Martín, miembros de IUCA y profesores en la Facultad de Educación, procedieron a realizar la prospección geofísica (magnética) del yacimiento existente al pie del abrigo.

Hasta el momento, se han identificado en este yacimiento restos correspondientes a unas 50 personas de diferentes edades, depositadas en este espacio funerario colectivo. Las nueve dataciones radiocarbónicas realizadas hasta la fecha permiten situar su utilización entre el 2850 y el 2200 a.C., con una fase inicial comprendida entre el 2800-2500 a.C. y una fase posterior entre el 2500-2200 a.C.

En la presente campaña se está excavando el sector suroeste y los estratos situados bajo la cornisa de arenisca. Una vez finalizada esta fase de trabajo, se procederá al envío de nuevas muestras para datación y a la definición detallada de las secuencias de enterramiento. Además, el equipo ha llevado a cabo la extracción de muestras para análisis de isótopos y ADN antiguo, con el fin de avanzar en el conocimiento de las prácticas funerarias y de la composición biológica de las comunidades calcolíticas de la región.

Los trabajos en el sepulcro colectivo calcolítico de la Paridera de la Dehesa (Muel) se desarrollan en el marco del proyecto “Registros funerarios y paleoantropología en la Prehistoria reciente del valle medio del Ebro” (PID2022-140671B-I100 / NB-I00), dirigido por Jesús V. Picazo, investigador del grupo P3A del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA). Los trabajo de excavación han son codirigidos por Marina Bretos (P3A-IUCA) y Javier Fanlo (arqueólogo profesional), y han contado en las diferentes campañas con la participación de investigadores e investigadoras del IUCA, así como de estudiantes del Grado en Historia de la Universidad de Zaragoza.

15 de mayo de 2017

Hallado en Rodén un taller andalusí de piezas de alabastro del siglo XI

El obrador descubierto en Fuentes de Ebro (Zaragoza) solo tiene parangón con otro similar descubierto en el puerto iraní de Siraf. Han aparecido más de mil restos de alabastro que permiten recomponer la cadena de producción del siglo IX.
Jornada de trabajo con los participantes en la excavación del taller de alabastro de Rodén. FOTO: S.E.
A pesar de que la zona situada entre Fuentes de Ebro y Albalate del Arzobispo concentra la mayor producción mundial de alabastro, no se conocía hasta ahora la existencia de ningún taller en la zona donde se hubiesen elaborado piezas con este material. De ahí que el hallazgo de una escombrera en Rodén (Fuentes de Ebro) con restos evidentes de pertenecer a un obrador donde se fabricaron cuencos y vasos de alabastro supuso ya una interesante noticia. La sorpresa mayúscula llegó con la datación de las piezas encontradas, ya que su cronología se remonta al siglo XI, en pleno esplendor andalusí, y no tiene parangón en Europa y apenas referentes a nivel mundial, pues solo en el puerto iraní de Siraf se conoce una producción similar.

«Desde la Asociación Torre Rodén nos avisaron de que habían encontrado una escombrera con piezas de alabastro. En la zona no hay ningún taller documentado de ninguna época, lo que ya era importante pues suponía que en algún momento se había trabajado allí este material. La intención era saber qué tiempo tenían esos restos tan bien conservados, pensando que sería un taller relativamente moderno, de entre 100 ó 200 años», cuenta el ceramista y arqueólogo Javier Fanlo, que ha dirigido el proyecto de la excavación, en la que también ha colaborado el arqueólogo Jesús Picazo.

TODA LA CADENA DE PRODUCCIÓN

Lo que tras un complicado y metódico trabajo salió a la luz fue una colección de restos de alabastro --más de mil--, todos ellos desechos de la producción, cuyo abanico es tan amplio «que puede reproducirse toda la cadena de fabricación de principio a fin», cuenta Fanlo. Así, en los restos se encuentran desde los bolos o buñuelos, que es la piedra básica sin trabajar, a preformas --los bolos acondicionados ya mediante una primera talla--, piezas a mitad de hacer, y otras ya terminadas pero que se rompieron y fueron desechadas «que son las que parecen ser el producto fundamental del taller, cuencos hemiesféricos con bordes estriados y vasos lisos de paredes delgadas», aunque también aparecen, en menor medida, formas de alguna pieza especial «y todo de una gran calidad», recalca el arqueólogo.

Dentro de las piezas halladas cabe destacar unos restos en forma cónica, con un agujero central, y otros en forma de discos planos, que hablan del procedimiento de fabricación: «Son desechos del torneado, y conforman las piezas mayoritarias del yacimiento. Los conos son la parte central por la que se sujetaba la piedra al torno hasta que está terminada y luego ese cono que queda en el centro se quita con un golpe, mientras que para separar el cuenco se corta por la base y quedan los discos planos que hemos encontrado».

Un procedimiento de fabricación que emplea un torno con un eje horizontal y movido a pedal (como los que se utilizan aún para hacer cuencos de madera) en el que aprovechando el giro de la pieza, esta se va desgastando, vaciando por dentro y dándole forma por fuera con un cincel o una herramienta similar. «Una técnica innovadora para la época», apunta Fanlo, quien explica que tras comprobar la cronología de los restos mediante la técnica del Carbono 14 –que las sitúa en la primera mitad del siglo XI– surgió otro «problema», como era el no tener referencias con las que comparar las piezas. «Nos pusimos en contacto con numerosos museos europeos y profesionales de la arqueología y no fue fácil; al final encontramos formas similares en el Brithis Museum procedentes de Siraf, un importante puerto situado en Irán, en el Golfo Pérsico, cuyo auge tuvo lugar entre 850 y 1050 d.C.»

En este destacado centro comercial por el que pasaban los productos orientales hacia la Europa de entonces se ha documentado la manufactura de vasos de anhidrita, roca de yeso similar al alabastro, con una técnica idéntica a la del taller de Rodén, basada en la utilización de un torno. «Los restos de los productos fabricados allí son similares, por lo que, hasta la fecha, las manufacturas de Siraf son el único referente que hemos encontrado para la produccion de Roden», cuentan Fanlo y Picazo en su informe. «Se conoce la fabricación de vasos de piedra en Egipto y las islas mediterráneas, pero no torneadas, una técnica que solo encontramos en Rodén y en Siraf».

Los arqueólogos se encontraron así con que en el Valle del Ebro se dieron las condiciones precisas para una producción de vasos de piedra de clara referencia oriental –el comercio con oriente está documentado en la Taifa de Zaragoza con piezas incluso llegadas de China en la Aljafería--, piezas sofisticadas «que eran objetos de lujo, para quienes podían pagarlos; no era una producción popular para las casas –matiza Fanlo–, eran piezas destinadas a los palacios, a las élites de las taifas, y que posiblemente, con el flujo comercial que había con oriente, serían fabricadas por artesanos llegados de esas latitudes aprovechando la riqueza de alabastro de la zona»

De hecho, las únicas piezas similares a las ahora encontradas fueron halladas en el castillo de Albarracín. Más allá de eso y algún resto que salió en las excavaciones de la plaza de La Seo de Zaragoza –«una pieza discoidal que se clasificó como tapadera y que ahora se ve que es idéntica a los discos hallados en Rodén»–, apenas se encuentran objetos de alabastro del siglo XI tallados con torno, «ni en el Louvre ni en ningún sitio de Europa, solo las piezas de Siraf en el British Museum y las de Rodén», concluye Fanlo.