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11 de agosto de 2026

Descubren restos de la desaparecida Hospedería de los Reyes Católicos en Guadalupe (Cáceres)

El sondeo revela la cimentación de la arquería y un sorprendente pavimento en espiga del claustro original.
Vista general del sondeo una vez definidas las principales estructuras y superficies.

Un equipo de profesionales (arquitectos y arqueólogos), coordinados por el profesor Juan Saumell, del Departamento de Expresión Gráfica de la Escuela Politécnica de la Universidad de Extremadura, ha realizado un sondeo arqueológico en el patio oeste del Monasterio de Guadalupe durante el mes de julio, en busca de trazas del desaparecido claustro de la Hospedería de los Reyes Católicos (edificio diverso en función y localización al conocido como Hospedería del Real Monasterio que funciona hoy en día) en el entorno del conjunto monumental guadalupense, encontrando la cimentación de la arquería y un tramo de la solería, a falta de ulteriores comprobaciones.

Las investigaciones previas del profesor José Carlos Salcedo, del Departamento de Construcción de la Escuela Politécnica, culminadas en su tesis doctoral, y de Salcedo junto con Juan Saumell, plasmadas en varios artículos de investigación, permiten un seguimiento sosegado de las fuentes y una decisión acertada en el ámbito del ensayo mínimamente invasivo, respetuoso en el terreno y con las autorizaciones patrimoniales pertinentes, que demanda un seguimiento futuro en aras de consolidar e incrementar la memoria cultural de Guadalupe. Además de las fuentes originales consultadas, como la decisión de los Jerónimos de la construcción de la Hospedería, el proyecto de Jean Goas (Juan Guas) para la Reina Isabel a finales del siglo XV y las vistas del paisajista Anton van den Wyngaerde (Antonio de las Viñas) para Felipe II en el XVI, las demás referencias con las que cuentan ofrecen muchas dudas en su interpretación histórica. El plano de 1839 de Francisco Yznardo de Guadalupe fortificado es el siguiente documento posterior al siglo XVI localizado hasta la orden de derribo de 1854 en el que supuestamente se produce el desmantelamiento final de la estructura edilicia, aunque con frecuencia se achaque ese desenlace a la construcción de la carretera de 1925, lo que algunos investigadores ponen en duda.

A partir de 1965, con la monografía de María del Carmen Pescador sobre la hospedería, se recuperan las referencias originales del proyecto y numerosos autores le prestan atención. Entre ellos, destaca Fernando Chueca Goitia en 1982; las tesis doctorales de Patricia Andrés en Valladolid de 1997, la de José Carlos Salcedo en Cáceres en 2010 y la de José Muñoz en Madrid en 2024 con un trabajo gráfico sugerente, además de Miguel Sobrino, Jesús Florencio Gómez, Manuel Viola, Héctor Salcedo, Jesús Arroyo y otros, tanto desde el ámbito académico como investigador.

Esos estudios y, especialmente las propuestas gráficas ofrecidas, han permitido centrar la atención en una esquina de lo que pudiera haber sido el claustro de la desaparecida Hospedería de los Reyes Católicos en busca de la cimentación de apoyo a la arquería del mismo. En la actualidad el patio presenta los restos de una cancha deportiva (de dimensiones proporcionadas a las de una pista de baloncesto) de cuando había una escuela en el Monasterio.

En la primera jornada del sondeo ya aparecieron dos zanjas corridas de cimentación, presumiblemente originales, y un tramo del pavimento del corredor cubierto del claustro con una composición en espina o espiga sorprendente, que corrobora las hipótesis planteadas. Avanzado el sondeo, se logró descubrir también el módulo de la arquería del claustro, lo que permite trazar el perímetro del mismo a partir del número de pilastras y vanos definidos en el proyecto original del siglo XV, trasladados al espacio actual del siglo XXI. Una vez terminado el sondeo, se cubrieron los hallazgos con una malla ligera para permitir la identificación futura y se enterraron de nuevo los restos arqueológicos edilicios.

Durante el sondeo se comprobaron excavaciones previas en el lugar por la mezcla de materiales de diversa época y procedencia, lo que avalora el rigor científico de la presente actuación con la redacción de un Informe preliminar entregado a las autoridades patrimoniales y de una Memoria en curso para completar la documentación reglada.

Además, desde la perspectiva universitaria, el cultivo de las relaciones entre investigadores, arqueólogos, maquinista, propiedad titular de la zona de sondeo (la Comunidad Franciscana) y propietarios de otros edificios colindantes, así como entidades administrativas como la Junta de Extremadura, el Ayuntamiento de Guadalupe y el Ministerio de Transportes, además de diversos archivos, enriquecen y avaloran los resultados.

La investigación se plasmará a corto plazo en sendos artículos centrados en los hallazgos arqueológicos, uno de ellos, y el otro en las trazas gráficas avanzadas de la Hospedería de los Reyes Católicos a partir de los resultados obtenidos. El futuro de la investigación está abierto a posteriores sondeos y excavaciones en algunos lugares, despejados de construcciones en la actualidad, de acuerdo con los respectivos propietarios que lo deseen, respetando las viviendas y locales actuales, que no ofrecen especial interés a juicio de los investigadores, en cuanto al descubrimiento de nuevos hallazgos.

7 de enero de 2025

Las excavaciones en el castro vettón de Villasviejas del Tamuja avanzan novedades para reconstruir su historia

De momento se ha intervenido en dos puntos del yacimiento: la muralla del recinto Sur y la zona funeraria de El Mercadillo, localizada unos 300 metros al sur del castro.

Las últimas excavaciones realizadas por investigadores del Instituto de Arqueología-Mérida (IAM-CSIC) en colaboración con la Universidad de Extremadura y CICYTEX en el castro vettón de Villasviejas del Tamuja avanzan importantes novedades para reconstruir su historia. 

Este año se prevén nuevos avances en el proyecto de investigación que lidera Victorino Mayoral, científico titular e investigador principal del del IAM-CSIC, que se inició en 2016 y que está financiado principalmente por la Junta de Extremadura, a través de sus planes regionales de I+D. Este otoño se ha desarrollado una nueva campaña de excavaciones en el castro vettón de Villasviejas del Tamuja (Botija, Cáceres), considerado como uno de los sitios arqueológicos más representativos y mejor estudiados de la protohistoria extremeña, cuya ocupación abarca desde el siglo IV hasta el I a.C, es decir la Segunda Edad del Hierro y la transición al período romano. 

En esta ocasión, los trabajos se han centrado en contrastar la información aportada por los sistemas no invasivos (prospección geofísica y teledetección) a fin de confirmar su interpretación histórica. En particular, se ha intervenido en dos puntos del yacimiento: la muralla del recinto Sur y la zona funeraria de El Mercadillo, localizada unos 300 metros al sur del castro. 

En el primer caso, la excavación se ha orientado a continuar documentando el acceso monumental al recinto amurallado, detectado con ayuda del georradar y que ya fue objeto de intervención en el verano del año pasado. Los resultados más destacables han sido la documentación de toda la secuencia de cambios que van desde la construcción de la muralla hasta su reaprovechamiento para crear los bancales para el cultivo. En la etapa de abandono de la fortificación se ha vuelto a registrar la presencia de construcciones que se superponen a la muralla y que se corresponden con la última etapa de vida del castro. Los materiales hallados sugieren que esa ocupación se produjo ya hacia finales del siglo I a. C, es decir, en los comienzos de la etapa imperial. En ese mismo contexto se ha recuperado una moneda con un valor muy singular. Se trata de un nuevo ejemplar de la emisión bilingüe de Tamusia. Este hallazgo confirmaría la autenticidad de estas monedas, que han sido objeto de un largo debate científico, reafirmando la identificación de Villasviejas con la antigua ciudad de Tamvsia. 

En el segundo caso, el objetivo ha sido comprobar la interpretación de un conjunto de datos de tipo no invasivo (LiDAR, magnetometría, georradar e inducción electromagnética) correspondientes al entorno más cercano del castro. Estos indicios delataban la presencia al Sur del mismo de una gran estructura artificial de planta rectangular y unas dimensiones de 112X122 m. que se superpone parcialmente a una de las necrópolis en las que se enterraba la población de este asentamiento. Los materiales arqueológicos recuperados en la zona permiten asegurar que esta estructura se fecharía en torno al inicio del siglo I a.C. Por esto, así como por su naturaleza (por ejemplo proyectiles de honda y ánforas romanas) concuerdan con los ya descubiertos en 2019/20 en el recinto Sur del castro y que atestiguan un evento bélico, seguramente acaecido en el contexto de las guerras sertorianas (72-82 a.C). Se trata de las mismas fechas que se relacionan con el incendio y abandono del campamento militar de Cáceres el Viejo. En este caso, los sondeos confirman que la estructura de Villasviejas estaba formada por un gran terraplén de pizarra picada, delimitado por una estructura con postes que fue incendiada, y un rebaje en la base rocosa. Estos elementos delimitan un recinto de 1,27 hectáreas, formando una meseta elevada de fácil defensa apenas 200 metros al Sur del castro. 

Barajamos la hipótesis de que este recinto, que era completamente desconocido hasta ahora, está también relacionado con ese momento de conflicto en Villasviejas y su entorno, quizás un campamento vinculado al asedio del asentamiento, algo que sugieren con fuerza los indicios de destrucción violenta documentados en las ya citadas excavaciones. Aunque los datos de la campaña están aún en estudio, podemos adelantar que estos resultados añaden importantes novedades para reconstruir la historia de Villasviejas en un momento clave de los cambios que provoca en las comunidades locales el impacto de la presencia romana. Por último, estos resultados ratifican el excelente estado de conservación de la muralla del recinto Sur. 

Todos estos elementos añaden aún más potencial del sitio como punto de atracción para el turismo cultural de la región. Los trabajos se han desarrollado gracias a la financiación de la Consejería de Educación, Ciencia y Formación Profesional de la Junta de Extremadura, con la colaboración del Ayuntamiento de Botija y la asistencia técnica de María Estévez Bizarro y Pedro Delgado Molina (Groma 2.0) con la supervisión científica de Victorino Mayoral.

3 de julio de 2013

Encuentran evidencias de diferentes asentamientos en el yacimiento de Logrosán (Cáceres)

Entre los descubrimientos hay restos prehistóricos, de una ermita en uso hasta el XVII y de una fortaleza de época andalusí.  
Mark Hunt dando explicaciones en los restos aparecidos
en el yacimiento de Logrosán. FOTO: Javier Sánchez Pablos
La jornada de trabajo comienza a las seis de la mañana, con el fresco del amanecer. Se actúa con pico y pala en algunas zonas, en otras son más apropiados los punzones, espátulas y cepillos para limpiar las áreas descubiertas. No falta el metro para las mediciones, que se apuntan en el cuaderno de trabajo. Aunque pasen las horas, el intenso calor de los últimos días de junio, en pleno campo y sin sombra, parece que no hace mella en los operarios. Así desarrollan su labor cada día y desde principio de junio los tres arqueólogos y los nueve operarios que trabajan en las excavaciones arqueológicas del Cerro de San Cristóbal en la población cacereña de Logrosán, en pleno geoparque de Villuercas-Ibores y Jara.

Este proyecto está financiado por el Ayuntamiento de la población. Además, cuenta con la asesoría científica de la Universidad de Extremadura. El objetivo es hacer un diagnóstico de las fases de ocupación este este cerro. Según explica el director de la excavación, Mark Hunt Ortiz, se pretende realizar un primer diagnóstico que sirva de base para futuros trabajos.


Varias áreas en estudio
 En dos de ellas predominan un asentamiento prehistórico. En un espacio cercano a la población se ha comenzado a trabajar en una posible fortaleza islámica. Junto a este lugar existen los restos de una ermita. También se pretende hacer las averiguaciones oportunas en una zona donde hay evidencias de época romana. Estos yacimientos podrían ser un recurso turístico más, junto a la importancia geológica y paisajística que tiene ese lugar, donde se divisa gran parte de la comarca.

Una de las preguntas que puede surgir es por qué estos arqueólogos se han puesto a excavar en ese inmenso cerro. Como suele pasar en este tipo de ocasiones, el equipo de Hunk ha tirado de otros estudios y proyectos. Este arqueólogo sostiene que los asentamientos se conocían desde la antigüedad. Se han basado sobre todo en trabajos realizados en las últimas décadas.

En los años 90 un compañero detectó en esta zona restos de cerámica y otros instrumentos líticos relacionados con la ocupación preshitórica y la explotación de estaño. Más tarde, un grupo de la Universidad de Londres realizaron varias excavaciones en Logrosán entre 1998 y 2002. Se determinó la importancia de los asentamientos prehistóricos.

Trabajos previos

Ante las bondades de este cerro y con los estudios realizados, se ha continuado el trabajo. A diferencia del resto de estudios, se ha querido tener una visión global de la ocupación. Antes de nada, se hizo un desbroce de la profunda vegetación que tapaba las áreas de trabajo.

Para acceder a esos lugares, es necesario ir en un todoterreno y subir a pie algunos tramos. En una de la excavaciones hay supuestamente evidencias de época prehistórica, en un asentamiento donde se explotaba el estaño.

Son necesarias las explicaciones de Hunk para entender lo descubierto. Con restos de barros y alineaciones de piedra donde se podría sujetar el ramaje se vislumbran los restos de una habitación. Este arqueólogo reconoce que no es fácil indentificarlo. Además, existen incursiones realizadas por la intensa actividad minera en la zona de casiterita en los años 50. En este espacio podría haber varias épocas de ocupación que se entremezclan.

Cerca de este lugar, trabaja el arqueólogo sevillano Jacobo García, junto con tres operarios. Explica que en su área se ha podido documentar una gran cabaña de tendencia circular en la que se conservan los suelos interiores con fragmentos de cerámica. Además, hay agujeros o delimitaciones de piedras donde podrían ir los postes. Ahora, se trabaja en documentar un área exterior de uso, con evidencias metálicas de casiterita sin tratar. Todo ello esta junto a una nueva prospección de mina de la mitad de siglo XX.

El otro espacio de trabajo está coordinado por José Márquez. Su equipo se sitúa en los restos de una ermita, que podría tener origen justo después de la Reconquista y su uso pudo llegar hasta el siglo XVII. Tras el desescombro y la limpieza de la vegetación, se ha llegado al suelo originario de piedra. Uno de los últimos hallazgos en este lugar han sido unos enterramientos. Esta tarea esta en una fase inicial. Márquez también supervisa el trabajo de una posible fortaleza en uno de los puntos más altos de Logrosán. Aunque aún se tiene poca información, se podría documentar en la época Andalusí, entre siglos X y XI.