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8 de enero de 2016

Las nuevas excavaciones multiplicarán por cuatro la superficie del Castro Alobre, en Vilagarcía (Pontevedra)

La excavación que comenzará en febrero sentará las bases de la musealización del yacimiento y cuadriplicará la superficie que las seis campañas anteriores examinaron. El Castro Alobre estuvo habitado 800 años, desde el siglo V aC y el III de nuestra era.
Recreación de los que pudo ser el castro Alobre en Vilagarcía de Arousa. INFOGRAFÍA: LA VOZ DE GALICIA.
Si todo va bien, la séptima campaña arqueológica de Alobre comenzará el 1 de febrero. Catorce años después de su primera excavación sistemática, deberían sentarse de una vez las bases para la musealización de un yacimiento que, según los especialistas, constituía un castro litoral potente cuya habitación duró probablemente ochocientos años, entre el siglo V antes de Cristo y el siglo III de nuestra era. Para empezar, la superficie de trabajo multiplicará por cuatro los 91 metros cuadrados que están documentados. Una diferencia sustancial que correrá a cargo de la Diputación de Pontevedra y de un equipo formado por doce personas con tres arqueólogos al frente. La siguiente fase, la potenciación de Alobre como museo al aire libre, es cosa del Ministerio de Fomento y el convenio puesto en marcha para la valorización de los asentamientos galaico-romanos en la provincia.

Las primeras noticias sobre la importancia que lo que duerme bajo O Montiño datan de 1914. No es fácil hacerse una idea de lo que Alobre pudo ser en la época de su máximo esplendor, fundamentalmente porque la construcción del Puerto fue desvirtuando su espacio original a lo largo del siglo pasado. Hace cien años se descubrieron restos de mosaicos y sepulturas romanas que los trabajos portuarios se habrían llevado por delante. De lo que hoy puede observarse, tras las sucesivas campañas ejecutadas, se deduce una mezcla de estructuras puramente castrexas con construcciones del período romano.

UNA HIPÓTESIS DE TRABAJO
La hipótesis de trabajo con la que parten los arqueólogos es la de un castro habitado durante un período prolongado, cuya trayectoria se inicia en el siglo V a. C. con cabañas circulares y se prolonga hasta un momento indeterminado de la época romana. «Lo que vamos a hacer es, entre otras cuestiones, estudiar cómo se produjo esa transición, cómo se transforman las formas ocupacionales y si el proceso fue un fenómeno brusco o paulatino», explica Rafael Rodríguez, miembro del equipo que llevará a cabo las excavaciones.


La zona de actuación partirá de los escasos restos que hoy permanecen a la vista, correspondientes a dos fondos de cabañas castrexas y una estructura rectilínea romana que se ha identificado con una fábrica de tejas. Desde allí avanzará hacia la plataforma que linda con el cierre del colegio Sagrada Familia. El área cuyos eucaliptos fueron talados.

DEL MEDITERRÁNEO AL ATLÁNTICO
De momento, dos hallazgos confieren resonancia al lugar desde el que creció la Vilagarcía medieval, la cuna de la ciudad actual. Se trata de un ara romana, dedicada a Neptuno, y de una fíbula, una pieza con la que se prendían las túnicas, de Navicella. Su fabricación, datada en el siglo V antes de Cristo, es el punto de referencia para establecer el origen del yacimiento en el tiempo. Pero, sobre todo, habla de la existencia de relaciones comerciales entre las Rías Baixas y la cultura atlántica castrexa, y el corazón del Mediterráneo en la Antigüedad. «Su presencia dice que el Noroeste y las rías no eran territorios aislados, sino un lugar introducido en los circuitos comerciales de largo recorrido, desde el centro del Mediterráneo, ya que esta fíbula posiblemente haya sido producida por el mundo etrusco», dice Rodríguez.

Ambos hallazgos se encuentran depositados en el Museo de Pontevedra. Al igual que las 18.000 piezas cosechadas en las seis campañas previas. «Hay una gran cantidad de material que yo he revisado en parte, hay una ficha de juego, el sello de un alfarero galaico-romano y un interrogante sobre la fábrica de teja, porque hasta donde yo sé no se ha documentado ningún horno y la abundancia de tejas puede responder a que las estructuras romanas disponían de tejado», indica el arqueólogo.

3 de junio de 2013

Las excavaciones en Monte do Castro se amplían hacia el exterior de las murallas

Este año se trata de descubrir la verdadera entidad de este poblado celta del S. V a.C., cuya estructura puede asemejarse a otras de épocas más avanzadas, al contener un núcleo urbano muy denso en el interior de las murallas y más disperso en los alrededores, en la falda del monte.
Topógrafo realizando estudio del terreno en Monte do Castro.
Foto: Iñaki Abella
Las excavaciones en el Monte do Castro entran casi de lleno en su cuarta fase, esta vez por un año, con el objetivo de cubrir la máxima superficie posible, si bien la máxima atención se presta al desbrozado y limpieza de escombros, con el fin de determinar los niveles de seguridad, en especial parapetos y fosos, así como descubrir las imponentes vistas desde el recinto.

Gracias a ello se descubren también nuevas estructuras del asentamiento al ampliarse la actuación al área extramuros, lo que sin duda va a ofrecer una nueva visión de conjunto sobre la población que lo habitó.

Entidad del poblado celta

Situado en uno de los puntos estratégicos de la comarca, los expertos consideran que se trata de uno de los núcleos importantes de población de O Salnés (Pontevedra), cuyos inicios se remontan a los últimos años del siglo V antes de Cristo y se estima su fin allá por el siglo I de la presente Era.

Ahora se trata de descubrir la verdadera entidad de este poblado celta, cuya estructura puede asemejarse a otras de épocas más avanzadas, al contener un núcleo urbano muy denso en el interior de las murallas y más disperso en los alrededores, en la falda del monte.

De hecho, la zona excavada en las tres primeras fases muestran una gran compactación en la zona interior, es decir dentro de la muralla con al menos una quincena de viviendas, una enorme casa-patio que ocupaba casi un quinto de la superficie, así como zonas de trabajo, almacenes y otro tipo de estructuras del tipo metalúrgico.

La excavación cumple tres años ininterrumpidos, por lo que ya tiene mucho que visitar, aunque para un profano siga siendo difícil la interpretación de esta antigua urbe, aunque la cartelería ya está prevista.

Los distintos equipos de arqueólogos y trabajadores especializados que coincidieron en Besomaño han tenido jornadas intensivas, tanto para el descubrimiento de las estructuras, como luego para realizar tareas de drenaje y consolidación de todos los restos que sobreviven después de más de veinte siglos de historia.

Así hay las típicas cabañas circulares, con forma oval y también rectangulares e incluso a modo de semicírculo. Determinar la época exacta de cada uno es prácticamente imposible, pese a que incluso se han empleado técnicas de carbono 14, que aproximan bastante las épocas en las que se ha hecho uso de un material concreto.

Restos de diferentes etapas

Una de las características especiales de esta urbe celta es que conserva restos de las muy distintas etapas de formación del mismo.

En algunas cabañas se pueden ver hasta tres épocas superpuestas de construcción, ya que se solían aprovechar las cimentaciones de las anteriores etapas para realizar las más modernas.

Si las viviendas y estructuras industriales halladas son importantes en la morfología interior del castro de Besomaño (Ribadumia) hay también otras construcciones que denotan la enorme importancia que tuvo ese poblado en el conjunto de la comarca.

Becarios colaborando en las excavaciones del yacimiento castreño
que cumple tres años de excavaciones ininterrumpidas. Foto: Iñaki Abella.

De hecho, uno de los hallazgos más importantes de la última etapa de las excavaciones es el imponente muro que rodeaba la metrópoli, con una enorme entrada desde la que se dominaba visualmente todo el valle.

Reconstrucción de la muralla

En estos momentos, con la intervención de arquitectos expertos se llevan a cabo obras de reforzamiento de la ladera sobre la que se asienta esta muralla. La labor consiste en la colocación de sacos terreros en la falda de la montaña, con el fin de evitar los derrumbes que básicamente provoca la simple ley de la gravedad.

Una vez que se consolide el terreno será posible la reconstrucción de la muralla, de 82 metros de longitud aproximadamente, por seis de ancho y unos dos metros y medio de alto.

Asimismo se localizó la entrada al castro, algo de lo que se enorgullecen los arqueólogos pues no se trata solo de un hueco de paso sino que guardaba unas características de monumentalidad, y que incluso estaba coronada por un ídolo de piedra protector, que será exhibido en el Museo de Pontevedra.

Puerta de entrada al castro

La entrada cuenta con una calzada de piedra, parte de cuyo enlosado se conserva en bastante buenas condiciones.

En este momento, el equipo de arqueólogos está llevando a cabo una importante actuación en esta entrada exterior del castro, pues se comprobó que continúa el trazado hacia el norte.

El otro nivel importante de actuación que se está llevando a cabo ahora es en la croa del Monte do Castro.

Cierto que en esta superficie solo se ha continuado con una excavación muy superficial, en la que se descubren algunos muros que pueden pertenecer a viviendas o edificios de uso público de los antiguos pobladores,

¿Un santuario celta?
Este punto del castro es uno de los que serán examinados con las máximas expectativas, pues desde el primer momento se baraja que puede haber algún santuario o edificio público.

Así en esta cima del monte se encuentra la denominada "Pedra da Santa", ubicada en dirección al orto, cuando el sol era una de las deidades más veneradas.

(Fuente: Faro de Vigo / A. Touriño)

1 de septiembre de 2012

El Museo de Pontevedra halla un pergamino de las Partidas de Alfonso X El Sabio en gallego

Se trata de un bifolio de la traducción al gallego de las Partidas de Alfonso X el Sabio (S. XIII). Corresponde en concreto a la quinta Partida, referida a los contratos entre personas y figuraba que como cubierta de un Libro del Concello de Pontevedra de 1573-1575 
El Museo de Pontevedra ha localizado en su archivo un singular pergamino medieval, cuya existencia estaba documentada pero que tras años de búsqueda no había aparecido. Finalmente fue necesario el "vaciado" de los fondos para localizar la obra, "que se encontraba totalmente fuera de la colocación original", explica la archivera del Museo María Jesús Fortes Alén.
El manuscrito, antes de su restauración que integró las partes
que faltaban. Foto: Museo de Pontevedra

Se trata de un bifolio de la traducción al gallego de las Partidas de Alfonso X el Sabio. Corresponde en concreto a la quinta Partida, referida a los contratos entre personas. La archivera precisa a este respecto que "es posterior al año 1265 aunque parece que no mucho más tardío".

La institución cultural hace público este verano el hallazgo después de que durante once años Martha E. Schaffer y Arthur L.F. Askins, profesores de las universidades de San Francisco y de California-Berkeley, respectivamente, intentasen sin éxito consultar el pergamino a fin de incluirlo en la Bibliografía Antiga de Textos Galegos e Portugueses.

Los técnicos de la institución cultural sabían de la existencia del documento. "En el catálogo de la documentación medieval del archivo del Museo recopilado por María Jesús Miramontes", explica la archivera, "figuraba que como cubierta de un Libro del Concello de Pontevedra de 1573-1575 se reaprovechara una hoja de pergamino, en muy mal estado de conservación y con textos de naturaleza jurídica".

La desubicación de la obra, no obstante, obligó a una "revisión profunda de una parte de los fondos del archivo del Museo" hasta localizar el pergamino. 

Tras el hallazgo los profesores estadounidenses volvieron a visitar la institución cultural pontevedresa para comprobar, estudiar y certificar "lo que en un principio sospechaban", que se trata efectivamente de la traducción de las Partidas.

Por lo que respecta al contenido, la experta explica que "abarca desde el final del capítulo cuarto o quinto al principio del decimocuarto o decimoquinto título de la quinta partida de Alfonso X El Sabio, relativo a la fianza de los contratos entre personas".

María Jesús Fortes indica al hacer público el hallazgo (su estudio ya puede consultarse en la web del Museo, así como las imágenes del pergamino antes y después de la restauración) que "aunque está pendiente de confirmación, parece que el fragmento que se conserva en el Museo podría tener una correspondencia con el que se localizó en el Arquivo do Reino de Galicia".

En lo que atiene a como fue escrito el pergamino, señala que "está escrito a doble columna, en escritura gótica textual y utiliza tres colores de tinta, marrón para el texto, rojo para encabezamientos y azul en alguna inicial".

El pergamino localizado en el Museo Provincial conserva la doblez original si bien para adaptarlo posteriormente a su función de cubierta del Libro del Concello "se plegaron los lados superior e inferior, se desplazó la doblez central y se cortó un fragmento lateral".
Tras el hallazgo los técnicos confirmaron el mal estado en el que se encontraba el documento del siglo XIII, lo que obligó a acometer varios trabajos de restauración para intentar recuperar en lo posible la obra.

Una vez completada la limpieza y el alisado de la piel del pergamino, se reintegraron partes que faltaban en este documento que también incluye el título del Libro del Ayuntamiento del año de 1573, escrito sobre el texto original del siglo XIII.

La restauración de este singular pergamino enriquece aún más los impresionantes fondos del Archivo Documental del Museo, que conserva joyas como un Privilegio de Fernando II, del año 1159. 

Destaca especialmente la colección medieval, en la que se incluyen más de 1.000 documentos. Entre ellos varios privilegios reales, caso del citado, de excepcional valor histórico.

El Archivo Documental del Museo conserva importantísimos legados familiares, entre los que destaca por ejemplo la Colección de la Casa de Sotomayor, un archivo del Antiguo Régimen que incluye escrituras de época medieval.