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6 de mayo de 2013

Los arqueólogos retoman la actividad en el Chao Samartín (Asturias) tras cuatro años de parón

La actividad regresa este verano al Chao Samartín (Grandas de Salime), uno de los yacimientos castreños del noroeste peninsular de mayor riqueza patrimonial y de más larga ocupación en el tiempo. El objetivo es detener el proceso de degradación de las estructuras, e iniciar la consolidación de las ruinas, lo que se llevará la mayor parte del presupuesto de 60.000 euros destinados al castro.
Imagen de archivo de las excavaciones en la "domus" romana
del Chao de Samartín. Foto: La Nueva España.
La Consejería de Cultura quiere desarrollar un ambicioso plan de actuaciones que se iniciará con la consolidación y conservación del yacimiento, atendiendo especialmente a las estructuras de la casa romana («domus»), cuya excavación fue interrumpida hace cuatro años «por razones no científicas», y que en la actualidad muestra el deterioro de tres años de abandono expuesta a las inclemencias meteorológicas.

Adolfo Rodríguez Asensio, director General de Patrimonio, es partidario de «pasar página» y olvidar desagradables episodios que «frenaron el desarrollo de un yacimiento de proyección social y científica indiscutible». «En este momento», sostiene, «lo importante es mirar al futuro y apostar por el potencial cultural que el Chao Samartín contiene». Por eso han optado por iniciar este mismo verano los trabajos, con el objetivo de detener el proceso de degradación de las estructuras, e iniciar la consolidación de las ruinas, lo que se llevará la mayor parte del presupuesto de 60.000 euros destinados al castro.

 "Sala externa" del Museo Arqueológico de Asturias
El dinero restante se invertirá en otra de las actuaciones que quedaron pendientes cuando el Ayuntamiento impidió a los arqueólogos el acceso a la instalación museística del castro donde se estaban reuniendo los materiales dispersos en varios almacenes. Ahora la idea de Rodríguez Asensio es retomar esa actividad como primer paso para convertir el museo del Chao en una sala externa del Museo Arqueológico de Asturias.

El novedoso plan busca potenciar al máximo las instalaciones, dándoles rango de museo y pasando a formar parte y depender a todos los efectos, y a pesar de la distancia que los separa, del Museo Arqueológico. Así lo confirma Asensio, que comenta que esta apuesta incluye realizar «un planteamiento museográfico moderno y comprometerse con una instalación lo suficientemente importante como para no dejarla navegar sola».
El desarrollo del plan incluye la firma de un convenio, que ya se está preparando, con el Ayuntamiento de Grandas, propietario del edificio que ocupan en la actualidad los materiales arqueológicos de titularidad regional.

Aportes de otros yacimientos
La aspiración de tomar las riendas del equipamiento museístico del castro no tiene otra intención que «sacar partido a los contenidos de alto valor patrimonial que alberga», comenta Asensio, convirtiéndolo en «un centro atractivo para el visitante, pero también, sobre todo, útil para los investigadores», no en vano uno de los motivos de su creación fue que sirviera de lugar de trabajo, custodia y conservación de la colección arqueológica del castro, enriquecida con los aportes de los otros yacimientos de la cuenca del Navia-Eo: Taramundi, Pendia, Monte Castrelo de Pelou y Coaña, entre otros.

Sin duda, la estrella de la zona es el Chao Samartín, un asentamiento habitado ininterrumpidamente desde la Edad del Bronce que tuvo su momento de mayor relevancia durante la ocupación romana en el primer siglo de nuestra era. Fue a partir de la segunda mitad del siglo I una villa vigorosa que ejerció como capital administrativa bajo el dominio del Ejército romano en una comarca directamente implicada en la explotación de yacimientos auríferos.

Ocho siglos de Historia encerrados en el Chao
El Chao encierra al menos ocho siglos de historia del suroccidente asturiano, una herencia patrimonial a la que la Consejería de Cultura ve posible sacar rentabilidad en el plano social, científico y docente. La vinculación a la docencia es otro de los propósitos a más largo plazo del director de Patrimonio.

Asensio quiere implicar a la Universidad de Oviedo para desarrollar en la zona «el embrión de una auténtica escuela de arqueología a la que los estudiantes de Prehistoria podrían acudir a realizar las prácticas que exigen los estudios de Prehistoria acogidos al "plan Bolonia"». Es una idea ambiciosa pero no descabellada, porque en España ya funciona ligada a importantes yacimientos arqueológicos. Mientras llega ese momento, se piensa en favorecer el desarrollo de tesis y tesinas, así como la realización de cursos y otras actividades docentes.
Para proceder a la aplicación del paquete de medidas al que aspiran desde Cultura también cuentan con formalizar un marco jurídico que permita una gestión razonable del conjunto.

"Sello Cultural de Europa" por la UNESCO
El director de Patrimonio sostiene que merece la pena apostar por el castro, porque cuenta con innumerables posibilidades que se deben desarrollar de cara al futuro y en beneficio del territorio en le que se enclava. A todo ello añade la intención de retomar una aspiración de Ángel Villa, el arqueólogo que dirigió en los últimos años las excavaciones, para conseguir a través de la UNESCO el «Sello cultural de Europa», que se concede a lugares destacados, así como la categoría de «Itinerario cultural europeo» para los castros del noroeste peninsular.

Todo ello contribuirá a potenciar la zona y a dar a conocer un patrimonio de primer orden. De momento, lo primero es desatascar un proyecto científico interrumpido hace cinco años, garantizar la preservación de las estructuras del yacimiento y reunir los materiales dispersos aunque, en su mayor parte, inventariados.

(Fuente: La Nueva España / M.S. Marqués)

3 de abril de 2013

Los análisis resuelven la autenticidad de las Tablas de barro de Astorga

Algunos expertos creían falsas estas cuatro extrañas piezas, que contienen itinerarios inéditos romanos.
Esta placa, la que más polémica ha suscitado entre los historiadores,
señala el recorrido desde Legio VII Gemina (León) a Portus Blendium (Suances).
Discurre por la actual Aguilar de Campoo. Las distancias no son correctas.
Podría ser una vía militar de acceso a Cantabria.
Son tan extrañas que durante un siglo han mantenido en vilo a los historiadores. Durante décadas los expertos han tratado de dilucidar si las llamadas Tablas de barro de Astorga son auténticas. La ciencia, finalmente, ha dado la razón a autores como Antonio García Bellido, que defendió con vehemencia su origen romano. Los resultados no dejan dudas: son de mediados del siglo III, entre los años 267 y 276.

El Laboratorio de Datación y Radioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid llevó a cabo análisis de termoluminiscencia (una prueba que se emplea en arqueología para determinar la edad de piezas sometidas a calentamiento) a partir de fragmentos minúsculos de la arcilla con que se hicieron estas piezas enigmáticas, tan extrañas que constituyen un unicum. Las tablas son una suerte de mapas de carreteras de la época, con las mansiones y civitates que hay en cada ruta, así como la distancia entre las mismas.

Es lógico que algunos historiadores las considerasen falsificaciones, no sólo por el formato, prácticamente inédito, sino por el contenido. Las cuatro pequeñas tablas (de 14 por 12 centímetros), conocidas también como el Itinerario de Barro de Astorga, depositadas en el Museo Arqueológico de Asturias (en Oviedo), ofrecen cinco rutas romanas desconocidas, que no aparecen en ningún otro documento. Especialmente extraña es la tabla I, que da cuenta de una vía que enlazaría Legio VII (la ciudad de León) con un lugar denominado Portus Blendium, que podría ser la localidad cántabra de Suances, pasando por la actual Aguilar de Campoo.

Unas piezas asombrosas

La historia de las tablas es fascinante, porque su aparición es igualmente enigmática. La primera noticia que se tiene de ellas es en 1902. En ese momento son propiedad del coleccionista asturiano Soto Cortés, que las tiene en su palacio de Labra, en Cangas de Onís, y las dona al museo de Oviedo. No hay datos de dónde o cómo las consiguió. El investigador Diego Santos, que llegó a consultar el archivo original del coleccionista, apunta que se encontraron «en la región de Astorga».

Las tablas deslumbraron a Ángel Morillo —uno de los mayores especialistas en el León Romano— cuando su profesora de la Universidad Carmen Fernández Ochoa les relató en clase esta historia. Morillo preguntó entonces por qué no se analizaban las tablas para salir de dudas: «Es muy caro y no está a nuestro alcance», fue la respuesta. Fernández Ochoa, que hace dos años reorganizó la colección del Museo Arqueológico de Asturias, llamó a su ex alumno y decidieron que era el momento de determinar si las célebres placas de barro cocido eran un falso histórico o ejemplares auténticos.

Cada tabla contiene una relación de las mansiones que había a lo largo de cinco rutas. La tabla I da cuenta de la vía Legio VII-Portus Blendium, la que más ha enzarzado a los historiadores, por ser una ruta meseteña hasta ahora desconocida; la tabla II versa sobre las rutas Lucus (Lugo) e Iria y Lugo-Dactionum, que tampoco figura en las fuentes itinerarias conservadas hasta la fecha; la tabla III, la ruta Asturica-Emérita; y, finalmente, la tabla IV, el itinerario Asturica-Bracara.

Más incógnitas

Por si la historia de las tablas no fuera suficientemente fascinante, además están firmadas por un cargo municipal, el duunviro Lépido. Algunos historiadores creen que se hicieron para el uso de viajeros y se encontraban en un edificio de postas. Los itinerarios que describen no coinciden con los de otros documentos romanos, tampoco las distancias. Morillo tiene una teoría. Es posible, afirma, que para la secuencia de las mansiones que aparecen en las tablillas el autor utilizara un ‘mapa pintado’ (una tabula picta), de forma que fundiera trayectos principales y secundarios y calculara las distancias «en línea recta».

Los análisis determinan además que las cuatro tablillas son obra de la misma mano. Otra rareza de estas tabletas es su forma, con un asa superior perforada, para sujetarlas, seguramente, a la pared, lo que constituye también un caso excepcional. Asimismo resulta peculiar la paleografía de la letra cursiva empleada.

Morillo reconoce que el misterio se mantiene, aunque los análisis certifican la autenticidad de las tablas de barro de Astorga. La primera cuestión que habrá que resolver es cuál era su finalidad. Y hay que esclarecer la identidad de Lépido, que podría haber ostentado un cargo administrativo en Asturica Augusta, origen de dos de los itinerarios y probable lugar de hallazgo de las piezas.