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14 de marzo de 2017

Documentan en Lugo una mámoa monumental de 30 metros de diámetro

El enterramiento megalítico se ha localizado a partir de fotos aéreas y está compuesto por un dolmen completo formado por seis grandes piedras hincadas en el suelo que sostienen en equilibrio una enorme losa horizontal que cubre el monumento funerario
Dos miembros de Mariña Patrimonio, junto a las piedras de la mámoa que están a la luz. FOTO: MARIÑA PATRIMONIO.
Lo definen como "monumental", y lo cierto es que entre los enterramientos megalíticos que se conocen en toda A Mariña lucense es el más grande. El conjunto mide 30 metros de diámetro y alcanza una altura bajo la tierra de aproximadamente 2,5 metros. Esta mámoa con dolmen completo, compuesto por seis chantos o grandes piedras hincadas en el suelo que sostienen en equilibrio una enorme losa horizontal que cubre el monumento funerario, se encuentra en un extenso terreno elevado y llano del ayuntamiento de Xove, casi al límite con el municipio de Viveiro.

Está cercada por plantaciones de eucaliptos que, por fortuna, respetaron la loma circular que forma la mámoa a pesar de que no se conocía su existencia. El colectivo de defensa cultural que la localizó, Mariña Patrimonio, se la topó repasando fotos aéreas de la zona en busca de huellas sobre el terreno que revelasen la existencia de yacimientos arqueológicos. "Era un bulto enorme en medio de una llanura", explica Manuel Miranda, portavoz del grupo, "tan grande que dudábamos que fuese una mámoa". Con esta táctica de las imágenes a vista de pájaro y la de estudiar a fondo la microtoponimia (que también revela grandes secretos), la asociación tiene ya en su haber decenas de hallazgos en la comarca, entre castros, petroglifos, minas romanas, mámoas y otros yacimientos.

Después de una visita al lugar, ya convencidos de que aquello tan grande que habían descubierto en el lugar de Guilán, parroquia de A Rigueira (Xove), era una mámoa, el equipo avisó a algunos expertos que también acudieron a comprobar si la sospecha era cierta. Ya con su confirmación, el colectivo ha informado a la Dirección Xeral de Patrimonio y ha solicitado su inclusión en el Catálogo de Xacementos Arqueolóxicos.

EXCELENTE CONSERVACIÓN
El estado de conservación del conjunto es excelente, a pesar de que presenta un cono de violación, un agujero excavado que revela que en algún momento de la historia alguien se abrió paso para acceder al interior del dolmen y expoliarlo, o simplemente llevarse piedras para otro fin. El cono de Guilán permite ver el dolmen y calcular aproximadamente su altura. Además de ser la más extensa, "la mámoa de Guilán", dice MariñaPatrimonio, "es una de las más espectaculares e importantes" del norte de Lugo, aunque no alcanza el tamaño de otras de la provincia como la de Friol, de 50 metros de diámetro.

El colectivo ha invitado al arqueólogo Ignacio Vilaseco el próximo sábado para dar una conferencia en el aula de formación del Ayuntamiento de Xove. Hablará sobre esta y otras mámoas después de una visita a Guilán y al círculo de Lavandeira. Aunque en otros ayuntamientos limítrofes no se conocen ejemplos de estos enterramientos líticos, el Plan Xeral de Ordenación Municipal de Xove tiene en cuenta una veintena, y se sabe de la existencia de un par de mámoas más, sin contar la que Guilán, también sin catalogar.

(Fuente: El País / Silvia R.)

20 de enero de 2015

Un equipo de arqueólogos rastrea las huellas de los vikingos por la costa de Lugo

La arqueóloga Irene García Losquiño, de la Universidad escocesa de Aberdeen, rastrea probables asentamientos de este pueblo nórdico en Galicia, tras el descubrimiento la pasada primavera en las playas lucenses de O Vicedo de un posible muelle de amarre, varios lastres de sílex (mineral casi inexistente en Galicia pero muy abundante en las costas inglesas y normandas) y de dos anclas de piedra.
La Dra Irene García Losquiño y el Dr. Jan Henrik Fallgren en un posible yacimiento arqueológico vikingo en el norte de España. Imagen: Universidad de Aberdeen.
La arqueóloga valenciana Irene García Losquiño, de la Universidad de Aberdeen (Escocia), lidera el primer estudio exhaustivo acerca de los asentamientos vikingos en nuestro país. «Se ha escrito mucho acerca de las incursiones vikingas en el norte de España. Sin embargo, arqueológicamente, no se ha hecho absolutamente nada en el plano académico», ha afirmado esta investigadora en una entrevista concedida a la revista Arqueology.

EVIDENCIAS ARQUEOLÓGICAS
García Losquiño visitaba Galicia junto a los arqueólogos Jan-Henrik Fallgren e Ylva Backstorm, especialistas en vikingos y ostología, respectivamente, y el documentalista Kenneth Oakes, la pasada primavera. Los especialistas acudieron a la zona después de que la Asociación Mariña Patrimonio encontrara restos arqueológicos en O Vicedo (Lugo) que los temporales sacaron a la luz. Se trataba de lastres (pesos que necesitan las embarcaciones para mantener la estabilidad) de sílex (casi inexistente en Galicia pero muy abundante en las costas inglesas y normandas) y de dos anclas de piedra.

Una de las anclas de piedra encontradas en O Vicedo.
Foto: ARQUEOLOGIA SUBACUÁTICA 

El equipo de García Losquiño estudió los citados restos y encontraron varios signos reveladores de la presencia de vikingos. 

Sobre la playa donde fueron encontrados había un montículo, donde los habitantes de la zona afirman que había una fortaleza con características típicamente normandas, «con la ayuda de un geógrafo ahora pensamos que era un muelle de amarre asignado a una fortaleza naval que solo se encuentra en Irlanda con los primeros vikingos».

MAPAS AÉREOS
La investigación también ha estado comparando mapas aéreos a partir de los años 1950 con imágenes de satélite para buscar asentamientos adicionales. «Queremos encontrar algo datable y, a partir de ahí, registrar los movimientos que les llevaron a establecer sus asentamientos» ha afirmado esta especialista.

El proyecto de García Losquiño (que incluiría, al parecer, un documental) de investigar el pasado vikingo de la Península Ibérica pasa por la captación de fondos públicos para rastrear los yacimientos, que tiene previsto abrir al público, así como dejar que aporten sus propios hallazgos a las exposiciones.

(Fuente: ABC)

21 de marzo de 2013

Descubierta una mina de oro romana en Lugo

Se trataría del aurífero romano más grande de Galicia, y el único conocido que lavaría el metal precioso no en dirección a un río, sino a una ría. El yacimiento puede llegar a ocupar 150 hectáreas. Es el primero de estas características que aparece en A Mariña, entre Foz y Barreiros.
"Pepitas" de oro extraídas actualmente de las arenas del río Miño
 en Salvaterra por la empresa "Áridos do Mendo".
FOTO: La Voz de Galicia / Óscar Vázquez
Las jornadas micológicas dan a veces frutos inesperados. Sobre todo cuando el amante de las setas sabe leer los mensajes ocultos bajo los montones de piedras y las formas onduladas del terreno, que no acostumbran ser caprichosas. En A Mariña coincide que hay varios de estos aficionados al níscalo y el cantarelo que además son capaces de emocionarse ante un petroglifo, una mámoa o lo que podría parecer el parapeto de un castro.

La última vez, en Foz, cesta de mimbre en mano, lo que creyeron toparse dos de estos vecinos de la comarca lucense fue precisamente eso, un parapeto y el consiguiente foso. Pero pasó que después de este foso se levantaba otro parapeto, seguido nuevamente de un foso, y de otro parapeto y otro foso. Parecía una sucesión eterna. La fortificación semejaba excesiva, imposible, y entonces Manuel Miranda, que era precisamente uno de los dos colectores de setas, se llevó la duda a casa tras la excursión. Y no se le ocurrió mejor cosa, a quien también ejerce de portavoz del colectivo Mariñapatrimonio, que empezar a despejar su intriga repasando la toponimia de la zona.

Toponimia referida al agua

Rego Grande, Pozo Mouro, Quebradoiro, Cal, Furada, Piego, Meixador, por la banda de Foz. Lagoa, Covas y Carral, ya al otro lado del límite municipal, en el ayuntamiento de Barreiros. “Nos dimos cuenta de que muchas de estas palabras hacían referencia al agua, a las conducciones, a los pozos, y que eso tenía que indicar algo”, explica Miranda. “Cal es canal; Piego es piélago, que en castellano tiene también la acepción de estanque; Meixador es, según algunos estudiosos de la toponimia, un lugar por donde se vierte agua; Carral es, entre otras cosas, un lugar con surcos que recuerdan el rastro de las ruedas de los carros”.

Los miembros de Mariñapatrimonio, un grupo que en el último lustro ha informado a la Xunta de numerosos hallazgos arqueológicos que nadie antes había identificado, comprobaron que aquella extraña estructura de fosos y parapetos encontrada en el lugar de A Espiñeira (Foz) tenía su continuidad en la vecina zona de As Covas, al borde de la ría, en Barreiros. Y descubrieron otros signos, como unos montículos de cantos rodados que bien podían ser murias, las escombreras que dejaban a su paso los romanos después de explotar una mina. 

Fotografía aérea del año 1956
Fotografía aérea de 1956 que ayudó a limitar la zona de la mina.
Las fotos aéreas que consultaron en Internet no ayudaban mucho. La zona está repoblada con pinos y eucaliptos que apenas dejan ver el suelo desde el cielo. Hasta que, buscando con paciencia, se toparon con imágenes en blanco y negro, del año 56. Ahí la vegetación todavía no había crecido, y el terreno aparecía dibujado de surcos que desembocaban en otros canales más grandes, ladera abajo.

Por entonces, y ya con la sospecha de que aquello se trataba de una mina, habían telefoneado al arqueólogo Santiago Ferrer, uno de los mayores expertos gallegos en yacimientos romanos, que dirige en Bande la excavación del campamento militar de Aquis Querquennis siempre que lo permite el nivel de las aguas (las ruinas duermen buena parte del año sumergidas en el embalse de As Conchas). Según Miranda, cuando le enviaron la vieja foto aérea, la respuesta de Ferrer fue rotunda. No cabía duda de que se trataba de una mina de oro romana, con canales, balsas y depósitos para el lavado y la decantación del mineral. 

Primera mina de oro en A Mariña
Nadie antes había sospechado que en A Mariña se hubiese extraído oro. Es la primera mina que aparece, y según Mariñapatrimonio, a juzgar por las estampas aéreas, podría alcanzar unas dimensiones enormes: 150 hectáreas de terreno repartidas entre Foz (50 hectáreas) y Barreiros (unas 100). Efectivamente, si así fuese, se trataría del aurífero romano más grande de Galicia, y el único conocido que lavaría el metal precioso no en dirección a un río, sino a una ría.

Pero el arqueólogo, que visitó el lugar con miembros de Mariñapatrimonio y el alcalde de Foz, es cauteloso. Según él, lo que de momento se puede decir de este yacimiento es que se encuentra en buen estado de conservación y que es “novedoso”, porque “nadie imaginaba que pudiera existir”. Miranda añade que esta mina, “una obra de ingeniería bestial”, podría explicar la abundancia de castros en la zona. Alrededor hay registrados 20 asentamientos que pudieron haber surgido para alimentar de mano de obra el filón. Se supone que los técnicos que dirigieron la construcción del complejo sistema de canales y compuertas eran ingenieros de la Legio VII Gemina, es decir, de León. La mina era propiedad de Roma, y los pobladores castrexos pagaban los impuestos al Imperio con su trabajo y las pepitas de oro que con él obtenían.

La actividad pudo llegar a extenderse, como en el resto de las minas romanas, del siglo I al III. “Entonces, todas se abandonaron”, ilustra Santiago Ferrer. “Se cree que en algún momento se dio una fluctuación en el precio del mineral. Bajó mucho y ya no interesaba... No, no fue porque se acabase el oro. El oro todavía sigue estando”.

(Fuente. El País / Silvia R. Pontevedra)