google.com, pub-4869754641634191, DIRECT, f08c47fec0942fa0 La Bitácora de Jenri: Juan Ángel Ruíz Sabina
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19 de mayo de 2026

Los arqueólogos confirman el origen cristiano de la iglesia de Almodóvar del Campo (Ciudad Real)

La investigación revela que hubo un largo periodo sin evidencias significativas en este enclave hasta la llegada de la Orden de Calatrava en el siglo XIII.
Sobre la pantalla, la fotografía de la cruz procesional hallada durante las excavaciones.

La iglesia parroquial de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), cuyos orígenes están datados en el siglo XIII, no se asienta sobre ninguna mezquita musulmana anterior, según puede confirmar el equipo multidisciplinar de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha que el pasado jueves presentó los resultados de las excavaciones arqueológicas efectuadas.

Así lo explicitaron, ante más de 200 personas, el grupo de expertos integrado por el doctor en Historia Jesús Manuel Molero García y director de este proyecto y sus compañeros David Gallego Valle, también doctor en Historia y el experto arqueólogo Juan Ángel Ruiz Sabina, tras casi dos años de trabajos realizados con financiación del Ayuntamiento.

Los hallazgos reescriben en parte la cronología del edificio, aportan datos inéditos sobre el poblamiento de la zona desde hace 4.000 años y concretan cómo la Orden de Calatrava configuró la frontera castellana en estas latitudes peninsulares, algo que fue fundamental para avanzar en la Reconquista cristiana y que ilustran enterramientos en el templo.

Según dijeron los especialistas en una exhaustiva y muy documentada ponencia introducida por el párroco Juan Carlos Torres en el mismo lugar objeto de los estudios y que estaba a rebosar, en presencia también del alcalde, José Lozano, si bien la arqueología descarta la existencia de restos de la susodicha mezquita, lo encontrado sí apunta a una iglesia completa del siglo XIII, lo que supone todo un hito científico de primer orden.

El doctor David Gallego fue tajante al respecto al indicar que la excavación arqueológica centrada en la zona del oeste ha demostrado que las estructuras interpretadas inicialmente como restos de un edificio religioso islámico pertenecen, en realidad, a una iglesia cristiana de tres naves construida en la referida centuria.

Una conclusión fehaciente que el doctor Jesús Molero, especialista en Órdenes Militares, contextualizó dentro del proceso de repoblación cristiana que siguió a la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212. “La primera cita en la documentación de esta iglesia data del año 1245. La excavación nos ha demostrado que la iglesia ya existía en el siglo XIII en este lugar, lo cual contradice interpretaciones que decían que estaba en otro sitio”, dijo.

Esta estructura medieval, de unos 30 metros de longitud por 18 de anchura, constituye una de las pocas parroquias de la Orden de Calatrava de esa época que han podido ser documentadas arqueológicamente en Castilla-La Mancha.

Como fueron desgranando a lo largo de la hora y veinte minutos de explicaciones profusas y apoyadas en documentación fotográfica, recreaciones 3D o planimetrías en las que se han empleado técnicas muy modernas, los arqueólogos han documentado periodos ocupación que se remontan a la Edad del Bronce.

De los fragmentos cerámicos recuperados, una gran parte pertenecen a esta fase prehistórica. “Lo que sobre todo hemos documentado son niveles que nos hablan del origen de Almodóvar desde hace 4.000 años en este punto donde estamos”, señaló Gallego Valle.

Los elementos hallados, como urnas con formas angulosas conocidas técnicamente como de carena media y piezas manufacturadas a mano, confirman que el enclave del templo ha sido un punto de ocupación humana desde tiempos remotos. No obstante, la investigación revela que hubo un largo periodo sin evidencias significativas en este enclave hasta la llegada de la Orden de Calatrava en el siglo XIII.

La sorpresa de la conferencia: una cruz gótica inédita
Otro de los momentos de mayor trascendencia de la conferencia fue la proyección de la imagen de una cruz procesional gótica, hallada durante el cribado de los estratos medievales analizados y que, según avanzaron los expertos, quienes la sitúan entre los siglos XIV y XV, requiere ahora de un proceso minucioso de restauración.

“Es posiblemente la cruz procesional de la iglesia medieval”, refirió Gallego, para añadir que se trata de una pieza de gran relevancia porque “puede ser de las poquitas cruces procesionales góticas que tenemos en la provincia y en la región”, tal y como pudieron contrastar al consultar a Arturo Sagrado Pantoja, experto en cruces de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara.

La pieza descubierta conserva elementos floronados y restos que sugieren la presencia de pedrería o esmaltes originales y los investigadores barajan la hipótesis de que se perdiera accidentalmente o fuera ocultada deliberadamente, durante la gran reforma de ampliación a la que se sometió el templo en el siglo XVI o por algún asalto militar.

Evidencias bioarqueológicas
El estudio de los restos humanos recuperados en la necrópolis parroquial que quedó al descubierto en las excavaciones, también ha permitido trazar un perfil antropológico de los antiguos habitantes de Almodóvar, al analizarse restos de individuos adultos e infantiles que revelan una realidad social marcada por la dureza física de aquellos siglos.

“Hablamos de una comunidad sometida a un desastre corporal, con una exigencia física y estrés continuado”, afirmó David Gallego, quien citó por ejemplo análisis dentales que muestran desgastes acusados por consumo de harinas mal procesadas, exponiendo también altas tasas de patologías como artrosis y hernias discales, incluso en jóvenes, en unos restos que han vuelto a ser depositados y enterrados tal y como los encontraron.

El dato más revelador aquí fue documentar heridas de guerra. Se localizaron varios individuos con puntas de flecha y virotes de ballesta alojados en sus cuerpos y que fueron la causa de sus muertes, lo que evidencia que pobladores almodovareños de la época participaron en guerras y conflictos civiles de la Orden de Calatrava en los siglos XIV y XV.

La iglesia de la Asunción, un “organismo vivo”
La investigación ha permitido asimismo reconstruir la biografía constructiva del templo que, como un “organismo vivo” tal y como proclamó el equipo, ha crecido y se ha transformado a lo largo de siete siglos, por cuanto la estructura de hoy es resultado de un proceso evolutivo acorde a cada etapa histórica.

Así, ya el levantamiento en el siglo XIII de esta iglesia que no se concibió precisamente como un edificio menor, pues contaba con tres naves y unas dimensiones considerables de 30 metros de longitud por 18 de anchura, construida con muros encintados de ladrillo al estilo toledano, requiriendo una peana de mortero y cal diseñada para estabilizar pesos.

Esta fisonomía medieval se mantuvo sin grandes cambios hasta finales del siglo XV y principios del XVI, cuando el auge económico de Almodóvar del Campo, impulsado por sus ferias y la riqueza ganadera del Valle de Alcudia, demandó un templo de mayor envergadura.

El proceso de ampliación se realizó mediante una técnica de superposición en la que se levantó una nueva cabecera y el altar mientras la iglesia vieja seguía en uso. Una vez concluida esta zona, mucho más alta y monumental, la obra avanzó hacia los pies del templo reconfigurando progresivamente la estructura del siglo XIII. “El proyecto del siglo XVI era mucho mayor; se nota que querían dotar a la villa de una catedralidad que antes no tenía”, ilustró el doctor Gallego Valle.

La evolución continuó en los siglos XVII y XVIII con añadidos de estilo de época barroca que terminaron de configurar su actual planta. Se han identificado también los muros de cimentación de las estructuras que se adosaron al muro norte del templo, destacando el área que hoy ocupa la capilla octogonal del sagrario y la torre aledaña. Asimismo, se han documentado muros de apoyo del antiguo coro barroco situado a los pies de la iglesia.

Finalmente, la etapa contemporánea desde el siglo XIX estará marcada por el traumático incendio de 1978, suceso que obligó a una reconstrucción profunda pero que, según advirtieron los arqueólogos, ha generado ciertas confusiones históricas por cuanto en dicha restauración se emplearon técnicas “historicistas” que imitaban las formas medievales utilizando materiales modernos como el hormigón, lo que hoy obliga a los investigadores a ser extremadamente prudentes al analizar los alzados.

El equipo lamentó la pérdida de pinturas murales originales durante estos procesos, señalando que la iglesia actual, aunque imponente, es una versión restaurada que ha ocultado tras distintas reformas la riqueza iconográfica que un día decoró sus muros.
Tecnología de vanguardia para generar un “gemelo digital”

La gestión del proyecto investigador ha destacado por el uso de tecnologías avanzadas para poder documentar convenientemente todo este conjunto patrimonial, hasta el punto de que, como aseveró Juan Ángel Ruiz Sabina, esas aplicaciones han permitido generar un “gemelo digital” del edificio.

De cara a este objetivo, se han empleado “drones para documentar fotográficamente todo el exterior e interior, generando modelos tridimensionales que nos permiten tomar medidas exactas y seccionar el modelo para vislumbrar grosores de muros”, indicó el experto, quien aludió además a técnicas de georreferenciación para fijar coordenadas.

Un modelo digital que ha servido como base para integrar los datos obtenidos mediante georradar, permitiendo además a los arqueólogos “ver” bajo el suelo antes de excavar. Gracias a esta metodología, se identificaron anomalías en la zona de los pies del templo que resultaron ser las cimentaciones originales de la iglesia medieval y esa gran peana.

Gracias a este modelo replicado con nuevas tecnologías, el equipo puede ahora continuar con su estudio dando paso a una fase de carácter documental, centrada en el estudio de los Libros de Visita de la Orden de Calatrava y los expedientes de restauración de mediados del siglo XX custodiados en el Archivo General de la Administración.

Esta labor, en contraste con lo que ya han podido recabar, va a ser clave para deslindar con total precisión los elementos medievales originales de las reconstrucciones historicistas realizadas tras el incendio de 1978 y poder ser más certeros en torno a las consideraciones expuestas.

Porque, ya el doctor Jesús Molero quiso rebajar en cierta manera las expectativas sobre el carácter definitivo de los resultados expuestos, por cuanto, advirtió, “en investigación, estas tareas no se acaban nunca. Son conclusiones finales a día de hoy, pero dentro de un mes podrían cambiar porque seguimos avanzando”.

28 de mayo de 2025

Hallado en Alcázar de San Juan un brazalete islámico con inscripción coránica del siglo IX

Se trata de una teja reutilizada como brazalete de arquero, modificada mediante diez perforaciones para adaptarse al brazo. Lo más singular de esta pieza es la inscripción árabe que presenta en su superficie, parcialmente erosionada por el uso del arco. En las obras de una vivienda particular también se ha descubierto una fosa fechada entre los siglos IX y X, perteneciente al periodo islámico, cuyo relleno contenía materiales arqueológicos de notable valor. 

El subsuelo de una vivienda ubicada en la calle Jesús Romero de la localidad manchega de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) escondía restos de una ocupación humana que abarca desde la antigüedad tardía hasta la época contemporánea.

El hallazgo se ha producido recientemente en el marco de los trabajos preventivos vinculados a la construcción de un nuevo sótano en la citada vivienda. Concretamente, tras la retirada de los niveles superficiales modernos, que incluían un pozo y diversas estructuras asociadas a la red de alcantarillado.

De especial interés resulta una fosa fechada entre los siglos IX y X, perteneciente al periodo islámico, cuyo relleno contenía materiales arqueológicos de notable valor. Se documentaron abundantes restos óseos, fragmentos cerámicos (como ataifores, cerámica a cuerda seca, cántaros casi completos, piezas acanaladas de tipo pajizo y un candil incompleto), así como elementos de bronce, restos de cáscaras de huevo y voluminosas concentraciones de cenizas grises.

Entre los objetos recuperados destaca una teja reutilizada como brazalete de arquero, modificada mediante diez perforaciones para adaptarse al brazo. Lo más singular de esta pieza es la inscripción árabe que presenta en su superficie, parcialmente erosionada por el uso del arco. El texto, escrito con una cuidada caligrafía, corresponde a la fórmula coránica Bismillah (En el nombre de Al-lah, el Misericordioso, el Compasivo), encabezamiento habitual de los suras del Corán y expresión utilizada tradicionalmente antes de iniciar cualquier acción significativa.

La viceconsejera de Cultura y Deportes, Carmen Teresa Olmedo, ha confirmado que el hallazgo ha sido debidamente protegido y documentado conforme a los protocolos de conservación preventiva. “Los resultados completos de la investigación serán objeto de un análisis pormenorizado y se darán a conocer en futuras publicaciones científicas”, ha sentenciado ante los medios de comunicación.

Colaboración
Carmen Teresa Olmedo ha explicado igualmente que el hallazgo pasará a formar parte del inventario del Museo Provincial de Ciudad Real, al tiempo que ha avanzado que se está estudiando una colaboración para que ciertos fondos del Museo de la capital provincial se muestren en el Museo de Alcázar, y viceversa.

En el acto de presentación ha estado acompañada de la alcaldesa de Alcázar de San Juan, Rosa Melchor; de parte del equipo del equipo municipal; y del grupo de arqueólogos responsables del descubrimiento liderados por los profesores Juan Ángel Ruiz Sabina y David Gallego.

26 de octubre de 2015

Localizan la puerta y la muralla de la Judería de Toledo

Como muchos grandes descubrimientos, se ha producido por casualidad. Un grupo de arqueólogos cree haber encontrado parte de la muralla judía de Toledo y su puerta de entrada. El lienzo tiene ocho metros de longitud, de 2,86 de anchura y cuatro de altura, aunque el desarrollo que presentaba indica que esta había sido mucho mayor. 
El muro se encuentra justo debajo de la estatua de Isabel "La Católica".
FOTO: LA TRIBUNA DE TOLEDO

El muro se encuentra delante de la puerta principal de San Juan de los Reyes, enterrado justo debajo de la estatua de Isabel ‘la Católica’. Hasta que los desprendimientos les impidieron continuar, los arqueólogos llegaron a una profundidad de cinco metros para desvelar el secreto de una muralla de siete siglos escondida por lo menos desde hace cinco.

Antonio José Gómez Laguna, Tania Obregón Penis y Juan Ángel Ruiz Sabina se encargan de la asistencia técnica de arqueología del Ayuntamiento. Estaban trabajando en el control arqueológico de las obras con la que Tagus ha asegurado el abastecimiento de Picadas en todo el Casco, aún en caso de avería, cuando se encontraron con dos sorpresas bajo la tierra. Por un lado al inicio de Cava Baja aparecieron restos de cimentación de unas viviendas a una profundidad tal, que no tuvieron que tocarse siquiera.

Pero la gran sorpresa estaba casi justo debajo de Isabel ‘la Católica’, en el pequeño espacio verde situado frente a San Juan de los Reyes. Bajo el paso peatonal transcurre una tubería de abastecimiento instalada a mediados del siglo XX, y la actuación tenía previsto instalar a los pies de la monarca la nueva estación de bombeo. Parecía que no iba a haber sorpresas, dado que los planos antiguos marcaban que toda la zona había sido siempre un rodadero hasta el siglo XX, sin estructura alguna. Hasta que comenzó la obra. 

MURO DE MAMPOSTERÍA Y SILLARES
El primer día de trabajo, explica Gómez Laguna, localizaron ya «el pico de algo muy gordo que estaba allí». Tan sólo habían levantado la zona peatonal, y advirtieron que la antigua canalización había roto un lienzo de muralla. Una muralla que transcurría justo por la zona en la que se iba a instalar la nueva estación de bombeo de Picadas. Al abrir esa zona, los arqueólogos pudieron descubrir no sólo un muro de mampostería y sillares del que no se tenía conocimiento, sino también lo que parece el espacio de su puerta. Sin embargo, a causa de los dos derrumbes que se produjeron en la zona cuando ya se había excavado cinco metros, no pudieron llegar a los niveles de cimentación de la muralla.

Este hecho dificultó la datación del lienzo. Había que interpretar qué era, porque el muro no aparecía ni en los planos de Covarrubias de 1778, ni en los del Greco. Sin embargo, sí aparece en ambos parte de una muralla que, saliendo del puente de San Martín, tal y como se puede ver hoy en día, llegaba hasta cerca de San Juan de los Reyes. Para averiguar su origen, los arqueólogos acudieron a Passini, quien habla de una muralla inconclusa de la judería.

En el siglo XIV, los judíos sufrieron varios ataques en España, y sobre todo en Toledo, que acabó con buena parte de las diez sinagogas de la ciudad. En respuesta, los sefarditas decidieron adelantar su muralla hasta un lugar por el que sería más difícil penetrarla. Comenzaron una nueva construcción defensiva, que en teoría comienza en los torreones situados junto al puente de San Martín, pero que va subiendo hasta que desaparece. Passini recoge en su libro La Judería de Toledo que el rey de Castilla Enrique de Trastámara ordenó parar su construcción en 1366, ante las protestas de los toledanos. Aunque esta muralla, no fue demolida, y en ella, el arzobispo Don Gómez Manrique mando abrir varias puertas.

El estudioso francés proponía que el muro tendría que pasar unos metros más abajo del lienzo descubierto, hasta el torreón del siglo XIX de una vivienda particular en la plaza. Sin embargo, Gómez Laguna ve más lógico que la muralla estuviera más arriba, para alejarla de la parroquia de San Martín, que según parecen indicar las catas realizadas para la instalación de contenedores soterrados, estaba situada a la entrada del instituto Sefarat. 

Por un lado, la iglesia tenía que estar fuera de la Judería. Pero además, la muralla tenía que alejarse, para que no se pudiera acceder a ella desde el templo cristiano para proferir ataques. Y la linea trazada por Passini pasaba justo por la iglesia.

SILLAR VISTO SIN ROTURA
Los arqueólogos sospechan que justo bajo la zona verde investigada estaba la puerta de la muralla. Y con el lienzo unos metros más arriba de lo previsto por Passini, queda espacio abierto delante de la puerta. Delante y detrás de la misma, por lo tanto, tendría que haber unas zonas abiertas donde parar con los carros, pagar los impuestos y mercadear.
Allí, explica Ruiz Sabina, hay un hueco en el que se ve un sillar visto sin rotura, lo que apunta a la presencia de una puerta. No se trata de un lienzo roto, sino de una muralla que gira y hace unos sillares. Hay que tener en cuanta que las murallas judías similares no presentan torreones cuadrados, sino que todos son redondeados. Además, otro indicio apunta más en esta teoría.

 La colocación de los escombros indica que se trataba de un espacio abierto que permitía que estos bajaran y formaran el rodadero. Bajando cinco metros, los arqueólogos detectaron que el rodadero empezaba a aparecer, y había suelo compactado por el paso y la lluvia.

Sin embargo, y a pesar de encontrar lo que parece un lateral de la puerta, los arqueólogos pudieron hacer poco más, tras dos derrumbamientos, y ante la posibilidad de que cayera encima la estatua de Isabel ‘la Católica’. Por lo que el jefe de obra de Tagus decidió tapar lo antes posible para evitar accidentes.

MURALLA DESAPARECIDA
La aparición de estos restos supone un cambio en la configuración de los límites de la Judería, que se conocían hasta este momento, y parece indicar que los judíos sí llegaron a concluir su nueva muralla, o cuanto menos, explica Gómez Laguna, su construcción estaba muy avanzada cuando se abandonó. El misterio está en que no aparezca en ninguno de los planos medievales de la ciudad.

Todo el material hallado desde la superficie hasta los cinco metros en los que se ha excavado no son más antiguos del siglo XVI. De forma que es posible que debajo haya todavía doscientos años más de historia hasta el suelo original. Sin embargo, sí queda claro que es ortogonal con todas las construcciones y calles medievales de judería en la zona. El modelo de lienzo, además de la investigación histórica, indican que se trata de una muralla del siglo XIV. Se trata de muro de sillares con llagueado exterior decorado con piedras negras, un sistema constructivo similar, por ejemplo, al de la muralla almoade de Alarcos desde el siglo XII.

DESMANTELAMIENTO INTENCIONADO
Es cierto, explica Ruiz Sabina, que la muralla en ciertos tramos está destruida, o se han quitado varios sillares. El muro presenta varios agujeros, que sugieren una destrucción y desmantelamiento intencionados. También hay evidencias del expolio de los sillares de la esquina, probablemente, reutilizados en la construcción de San Juan de los Reyes o a la reforma del cercano palacio de los Duque de Maqueda. A partir del siglo XVII esta zona se transformó en un rodadero, que descendía hacia la puerta del Cambrón.quee mantuvo hasta principios del siglo XX.

Cuando en 1478 Isabel y Fernando mandan la construcción de San Juan de los Reyes, el muro ya debía de que estar tapado. Se nota que fue en ese punto cuando se tallaron los bloques de caliza que se traían para San Juan de los Reyes. De forma que todo el relleno que hay en la zona son centenares de fragmentos de caliza. En consecuencia, apunta el arqueólogo, es posible que se reaprovechara algún sillar del muro para la nueva construcción, pero había tantos escombros encima ya que no se veía. De forma que en el plano del Greco no aparezca un muro que como mínimo llevaba siglo y medio enterrado.

PROTECCIÓN
Tras su descubrimiento, los restos han quedado protegidos de nuevo. Sólo ha sido necesario desplazar dos metros al norte la estación de bombeo prevista inicialmente. La solución de la obra de Tagus no fue complicada. Sin necesidad de abrir nuevas tuberías, se colocaron todos los servicios en la zanja antigua. Además, la muralla está a tal profundidad, que la antigua tubería sólo rompió un pequeño trozo.

A partir del descubrimiento, se modificó el proyecto de la estación de bombeo, que se ha instalado dos metros hacia abajo, para no afectar la muralla. Después, el lateral se protegió con geotextil y maderas, para evitar daños. El espacio entre el muro de hormigón y la muralla se ha rellenado con arena, y se ha quedado todo enterrado tal cual estaba, sin tocarse. Encima está de nuevo una pequeña zona verde. El descubrimiento no ha supuesto ni un sobrecoste, ni retraso alguno en la necesaria obra.