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4 de abril de 2023

Hallan un escarabeo egipcio de la XXVI dinastía en una necrópolis ibérica de Ciudad Real

Se ha encontrado en Alcubillas, un pequeño municipio de la provincia de Ciudad Real, durante las excavaciones de la necrópolis de El Toro, un yacimiento arqueológico en el que ha aparecido la tumba de un importante príncipe íbero


Imagen del escarabeo encontrado (debajo), junto con otros objetos hallados en la necrópolis del Toro. OPPIDA

Unos 5.000 kilómetros son los que separan Egipto de Alcubillas, un pueblo de menos de 500 habitantes donde hace poco se ha producido uno de los mayores descubrimientos arqueológicos ya no solo de la provincia de Ciudad Real, sino de la Península Ibérica: el hallazgo de un escarabeo de piedra egipcio. Este objeto era una especie de amuleto de vida y poder, con forma de escarabajo coleóptero (Scarabaeus sacer), que representaba al Sol naciente, se usaba contra el mal de ojo y permitía el paso a la vida eterna.

De hecho, el escarabeo que ha aparecido en esa tumba lleva el cartucho real de un faraón egipcio de la XXVI dinastía y ahora se puede contemplar en la exposición 'Atempora' del Museo de Ciudad Real. Así se lo explica a ABC José Luis Fuentes Sánchez, director de proyectos de la empresa Oppida y uno de los dos arqueólogos que, junto con Luis Benítez de Lugo Enrich, de la Universidad Complutense, han comandado un equipo que lo ha localizado.

Un grupo de profesionales del que también forman parte María Benito Sánchez y Alexandra Muñoz García, forenses del Laboratorio de Antropología y Odontología Forense de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid. En ello también han trabajado Manuel Blanco y María Cruz Medina, del servicio de Conservación, Restauración y Estudios Científicos del Patrimonio Arqueológico (Secyr); María José López Grande, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, y Helena Jiménez Vialás, del departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid.

En total, según informan, han sacado unas 5.000 piezas extraídas entre los años 2016 y 2017 de la necrópolis de El Toro, que debe su nombre a la aparición allí de una escultura tallada en arenisca roja y de bulto redondo que representa un toro. El hallazgo de la tumba múltiple T5 abc, que es su denominación, fue motivo de «sorpresa y emoción», subrayan. En el lugar se encontraron in situ tres urnas diferenciadas, donde se documentaron cuatro individuos cuyos huesos habían sido cremados. La urna P10 de la Tumba 5a, otra de las que apareció, permitió extraer una cuenta de pasta vítrea quemada y estallada, así como una pieza completa del escarabeo, también sometido a la acción de fuego en el proceso de cremación de los cadáveres. Se recogieron 1.375 gramos de material óseo calcinado pertenecientes a dos mujeres adultas que habían sido introducidas en la misma urna cerámica.

Tal y como lo describen, el escarabeo tiene dos líneas incisas, que separan el tórax y las elytra y otra para la división de estas entre sí. Está perforado de lado a lado, lo que posibilitaba su engarce en un collar. En la base plana del reverso lleva la inscripción con cinco caracteres jeroglíficos egipcios insertos en un cartucho ovoide que los circunda. Se lee el antropónimo p-s-m-T-k, un nombre de probable procedencia libia adoptado por tres monarcas del Reino Nuevo de la Dinastía XXVI o Saíta, Psamético I (664-610 a.C.), Psamético II (595-589 a.C.) y Psamético III (526-525 a.C.).

Pero, ¿por qué es tan importante este descubrimiento? «Es excepcional porque convertiría a esta necrópolis orientalizante en uno de los espacios rituales de cremación de la jerarquía oretana más antiguos de la provincia de Ciudad Real», asegura José Luis Fuentes Sánchez, que dice que las dataciones de los materiales allí encontrados parten desde finales del siglo VIII hasta el siglo III a.C. Además, indica que el lugar guarda mucho paralelismo con otros hallazgos emblemáticos como el Monumento de Pozo Moro, otra tumba de época íbera que se encontró en Chinchilla de Montearagón (Albacete) y que hoy puede contemplarse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Este hallazgo confirmaría la existencia de relaciones comerciales de larga distancia con el Mediterráneo oriental, establecidas entre las poblaciones indígenas de toda la Península Ibérica y, en este caso particular, los pertenecientes a la etnia oretana los tendrían con comerciantes fenicio-púnicos. «Los oretanos no solo realizaban adquisiciones para su viaje al más allá, sino que además las oligarquías y sus clientelas se hacían construir monumentos funerarios turriformes, así como otros denominados pilares estela, en el que se reflejaban las heroicidades del linaje al que pertenecían los difuntos», afirma el arqueólogo.

Además, han hallado evidencias de un paisaje funerario conformado por túmulos que cubren tumbas en hoyo, túmulos sobre plantas cuadrangulares, que amortizan tumbas de una etapa anterior y sobre las que se depositaron interesantes urnas de procedencias lejanas, como la Crátera de Hermes. Según señalan, se trata de «un objeto muy interesante, manufacturado en Grecia en torno a mediados del siglo IV y que destaca por su cuidado estilismo pictórico». Ha sido hallada en fragmentos, acompañada de un centenar de restos escultóricos pertenecientes a los monumentos de algún príncipe oretano, cuyo monumento fue objeto de destrucción sistemática hacia mediados del siglo IV a.C.

Los investigadores se encuentran trabajando ahora sobre los modelos 3D de las piezas para poder recomponer los monumentos que se hallaron desmontados durante las excavaciones arqueológicas. En el conjunto entregado al Museo de Ciudad Real se encuentra un fragmento de cabeza de un príncipe oretano de entre los siglos V y VI a.C. Sus rasgos orientales remiten a modelos típicos para esta época, que concuerdan con la antigüedad y arcaicidad de la escultura del toro.

De este posible monumento se han hallado elementos arquitectónicos como golas y restos de las escalinatas del podio del pilar, motivos vegetales (roleos y ovas), fauna (pezuñas de toro, cañas de caballo, cuartos traseros de caballo y felino). «Se trata de un puzle incompleto de uno o varios monumentos escultóricos que nadie ha visto montado desde hace 2.400 años», apuntan los responsables de la excavación.

Los trabajos en la necrópolis continuarán próximamente, cuando se presenten a la comunidad científica los resultados de las excavaciones y de las largas investigaciones que se han realizado en estos cinco últimos años. El equipo de investigación es multidisciplinar y participan, además de arqueólogos, especialistas en cerámica, metales, escultura, antropología, conservación y restauración.

Los terrenos de la necrópolis han sido adquiridos por la empresa E2IN2, con una inversión de más de 50.000 euros, con el fin de garantizar su conservación y preservar su expolio. Los responsables de la excavación de este yacimiento agradecen esta ayuda privada, algo que no ha hecho ni el Ayuntamiento de Alcubillas ni la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, se lamenta Fuentes Sánchez, que dentro de poco espera poder anunciar más novedades de este lugar único.