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5 de diciembre de 2014

La Guardia Civil trabaja con el Archivo de Indias de Sevilla para localizar a posibles cazatesoros en sus salas

"El Correo de Andalucía" entrevista a Jesús Gálvez, teniente coronel jefe del Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil, que asegura que los científicos contratados por Odyssey "pensaban que estaban haciendo un trabajo completamente legal". 
Teniente Coronel Jesús Gálvez.
Sevilla fue Puerto de Indias en la época del Descubrimiento. De aquel momento glorioso nos queda en la ciudad, entre otras cosas, un archivo en pleno Centro, desconocido para muchos sevillanos, que alberga en sus salas miles de documentos de incalculable valor. Algo, que, desgraciadamente, sí que conocen las empresas que dedican su tiempo, y esfuerzo, a localizar los tesoros de aquellos barcos que, hace siglos, nunca llegaron a puerto y que en sus maderas hundidas en el mar esconden, además de una historia, un botín

«El de Indias es el archivo más importante del mundo para conocer ese tráfico de barcos, no sólo a América sino a Asia», asegura Jesús Gálvez, teniente coronel jefe del Grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil.

«Lo primero que hace un expoliador es acudir a los archivos. Por eso trabajamos estrechamente con el de Sevilla», dice.«Es fundamental localizar a los sospechosos», muchos de ellos están identificados, e intentar controlar «si realizan ellos las consultas o las hacen a través de otros». Esta no es una tarea fácil. 

«En el caso de Oddisey se valieron de una tercera persona, asentada aquí en Sevilla, de buena reputación, para contratar a unos científicos que pensaban que estaban haciendo un trabajo perfectamente legal», apunta Gálvez. Por ello, la arqueología subacuática es una de las áreas donde más trabaja este grupo de la Guardia Civil en Andalucía.

600 ACTUACIONES ANUALES
Además, particularmente en Sevilla se produce «muchísimo el expolio de arqueología terrestre». De hecho, se dan tantos robos, que el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) realiza «500 o 600 actuaciones anuales» en todo el país, principalmente de personas que localizan con el detector de metales intentando expoliar un yacimiento.

Para Gálvez, lo «fundamental» es la prevención. «Una vez que se produce el daño sobre el bien cultural y se descontextualiza, es muy complicado saber su origen», explica. En Andalucía, por ejemplo, «se expolian desde monedas a torsos romanos. Bienes que se venden muy fácilmente a nivel internacional».

UN MERCADO GLOBALIZADO
Y es que el mercado de obras de arte se ha globalizado. Por este motivo, la Guardia Civil mantiene reuniones internacionales, como la que tuvo lugar ayer en Sevilla, «para estrechar lazos de colaboración». Las obras de arte se mueven en los grandes mercados internacionales, que están en EEUU, Reino Unido y Bélgica, principalmente. Es decir, «países ricos» y en el caso de los estadounidenses, «con poca historia y mucho interés por tener antigüedades».

Aún así, el trabajo desarrollado durante estos años da su fruto. Y de lo conocido, puesto que hay mucho patrimonio que no está catalogado, «se recupera en torno al 70-80 por ciento tras muchos años de trabajo». Prueba de ello es que entre los mayores logros que cuentan en su haber, junto a la recuperación del medio millón de monedas del Oddysey, está la reciente localización de un tapiz sustraído en un pueblo de Huesca en 1979 por Erik el Belga, autor del robo de más de 6.000 obras de arte sacro.

24 de enero de 2012

Piratas corporativos tras tesoros españoles hundidos en el Caribe

Se estima que son unos 500 barcos hundidos en costas dominicanas de los que pudieran salir a flote historias de piratas gracias a los tentáculos de empresas que usan tecnologías de última generación para recuperar tesoros de esos naufragios. Los exploradores se nutren del Archivo de Indias en España, único sitio de documentación de todas las colonias.

El galeón español Nuestra Señora de Guadalupe, hundido frente
a las costas de Santo Domingo en 1724  y "recuperado" en 1976.
  Un reportaje publicado en Listín Diario cita, entre otros, a Roberto Llerena, periodista y buzo salvadoreño quien radica en Santo Domingo desde hace 30 años y asegura que no hay en todo el Caribe un país con tantos naufragios de la época colonial como Dominicana y Haití.

Por otra parte, el director de arqueología de la empresa exploradora Deep Blue Marine, Alejandro Selmi, indica que los naufragios comenzaron desde 1492 hasta la fecha.

El periódico nombra cinco empresas, legalizadas por el gobierno, que tienen concesiones en diversas áreas.

Tesoros del Caribe (Caribe Salvage S,A,) de Tracy Borden, Fundación Punta Cana de Paul Beswick, Anchor Research and Salvage, S.R.L. de Bobby Prichert, Deep Blue Marine de Wilf Blue y la Universidad de Indiana, a cargo de Charles Beeper, todas ubicadas en partes de las costas norte, sur y este.


Buzos trabajando en aguas del Caribe.
Se denominan empresas de rescate arqueológico, aunque es difícil decir quiénes se beneficiarán de los bienes recuperados.

Los exploradores, indica Llerena, se nutren del Archivo de Indias en España, único sitio de documentación de todas las colonias.

Ese archivo, ubicado en la ciudad de Sevilla, posee unos 43 mil legajos con cerca de 80 millones de páginas y ocho mil mapas y dibujos procedentes de mercantes y tropas españolas.

El director técnico de la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático (Onpcs), Francis Soto, asegura que por más sofisticados que sean los equipos y la investigación previa que hagan, la práctica indica que la mayoría de los restos son encontrados por lugareños.

Los pescadores del área son los que encuentran los pecios

Los huracanes hacen que el mar cambie todo, por eso a veces salen piezas a la superficie y eso da una referencia, señala Soto.

Sobre el costo de explorar y recuperar estos bienes, Llerena y Selmi coinciden en afirmar que son muy altos.Aunque el periódico asegura que ellos estiman en 50 a 60 mil dólares mensuales los salarios, alimentación y mantenimiento de embarcación, equipos y combustibles, otras opiniones consultadas creen que esas cifras están por debajo de las reales.

Desde 1976, cuando se recobró el Nuestra Señora de Guadalupe, se han recuperado 22 hundimientos. El más reciente fue el San Miguel en 2011.

En cuanto a la repartición de los bienes recuperados, el director general de la Onpcs, Wilfredo Féliz, apunta que las empresas que funcionan legalmente en el rescate de pecios, deben entregar al Estado dominicano 50 por ciento de los tesoros hallados, pero de todas maneras el Gobierno es el que elige primero y no tiene la obligación de dar a las empresas la mitad de los bienes.

Féliz explica que el Gobierno tiene la opción de pagarle en efectivo, pero debido a las dificultades financieras del Estado, le resulta más fácil pagarles a esas empresas con bienes recobrados.

Por esa vía, el Estado dominicano se ha quedado con colecciones completas de cerámica de la Dinastía Ming, que se exhibe en la fortaleza Santo Domingo de la Zona Colonial.

El funcionario reconoció que todavía se presentan casos de saqueo y no descarta que ocurran actos de corrupción de parte de los encargados de notificar a la Onpcs sobre las piezas encontradas.

Féliz desearía que el Estado se responsabilizara con la búsqueda de estos bienes y no que entregue concesiones a empresas extranjeras, pero para eso tiene que preparar personal especializado en buceo y arqueología, además de conseguir los equipos necesarios.

Incluso después que son recobradas las piezas hacen falta otros productos y equipos para conservar esos bienes y devolverles en lo posible su estado original, de los cuales carece el Laboratorio de Conservación de la Onpcs, reconoce su encargada, Isabel Brito.

(Fuente: Prensa Latina / República Dominicana)