Arqueólogos de la Universidad de Granada y FUNCI han hallado una de las paradas harineras más potentes de Toledo tras realizar excavaciones en el artificio de Juanelo
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| Construcción con sillares de piedra que pertenecieron a la noria islámica - Foto: David Pérez |
La localización de tres molinos harineros que datan, al menos, desde el siglo XIII. Ese ha sido el resultado de las investigaciones llevadas a cabo en el artificio de Juanelo durante noviembre y diciembre de 2025 por investigadores del Laboratorio de Arqueología Biocultural (Memolab) de la Universidad de Granada y la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI), con la colaboración de la Fundación Juanelo Turriano y de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Gracias a la limpieza y a las labores arqueológicas en esta zona entre el Puente de Alcántara y el nuevo Puente de Alcántara, en la que se acumulaba basura y maleza, los arqueólogos lograron ubicar la estructura de estos molinos que no estaban documentados, por lo que el hallazgo es relevante. Marisa Barona, una de las arqueólogas que han formado parte de estos trabajos desarrollados desde el 24 de noviembre hasta el 5 de diciembre, asegura a La Tribuna de Toledo que «no se tenía prácticamente conocimiento» de estos molinos, los cuales se erigieron aprovechando la estructura de la famosa noria documentada por Al Idrisi cuya «sillería grande protege bien de las venidas del río». Se constata de esta manera que el lugar ha sido testigo de distintas etapas históricas, desde la romana con el puente de Alcántara pasando por esa noria musulmana, que aprovechaba la fuerza de las aguas en el lugar; la época medieval, con los molinos harineros; hasta llegar a la edad moderna del artificio y terminar con la contemporánea de las turbinas de Vargas.
La investigación ha podido definir con seguridad la presencia de tres molinos, los cuales seguirán estudiando para dilucidar la época exacta de la que datan cada uno de ellos porque no se conoce «en qué cronología exacta se mueven». Estos estudios formarán parte de los trabajos que los investigadores deberán desarrollar este 2026.
Lo que está claro es que se trataría de «una de las paradas harineras más potentes de la Baja Edad Media y de la época moderna de la ciudad de Toledo», afirma Marisa Barona. No obstante, estos molinos se encuentran muy deteriorados, ya que uno de ellos se ubica hacia el río y ha sido erosionado a lo largo de los siglos por la fuerza del agua. «Los otros se encuentran en la cara sur de la noria donde, aunque en teoría están más protegidos, también sufren modificaciones posteriores», asevera la arqueóloga. En esta zona todavía queda trabajo pendiente por excavar e investigar, según el equipo del proyecto.
Definir la noria islámica
Los tres molinos harineros han sido el gran hallazgo de los trabajos, que también han permitido aportar más detalles sobre todas las épocas por las que pasó el lugar, teniendo como objetivo principal el de ofrecer luz sobre la presencia de la noria islámica del siglo XII a la que hacía referencia en las crónicas de Toledo el geógrafo Al-Idrisi. Una noria «bien metida en el río para asegurarse que el agua tenía fuerza suficiente en todos los momentos del año», indica Sergio Isabel, de FUNCI.
Han podido definir en planta esa noria con su acceso «y ahora tocará todo el trabajo de laboratorio», afirma Marisa Barona, para conocer más detalles de la misma. Otro gran hallazgo ya que, aunque se había hablado de su ubicación, nunca se había podido localizar con exactitud. Esa sería la estructura más antigua del lugar en el que, posteriormente, se erigiría el famoso artificio de Juanelo Turriano, del que se ha logrado distinguir varias fases constructivas.
Se han ubicado, por un lado, las reparaciones propias producto del funcionamiento del artificio y, por otro, las remodelaciones «que podrían corresponderse con alguno de los daños por venidas de agua» recogidos en la documentación a la que han tenido acceso los investigadores, la cual indica cómo las arenas del río fueron dañando la infraestructura a lo largo de sus 80 años de vida. Asimismo, han logrado localizar restos del segundo artificio que construyó Juanelo tras el éxito del primero, algo que terminarán de confirmar «con el trabajo de laboratorio». Lo que está claro es que «su fábrica constructiva está localizada, así como unos restos de aceñas molineras que, o bien construyó Juanelo, o bien aprovechó porque era propiedad del rey (Felipe II) para construir su ingenio» y subir agua del río al Casco.
Dinamita y restos
Han podido definir en planta esa noria con su acceso «y ahora tocará todo el trabajo de laboratorio», afirma Marisa Barona, para conocer más detalles de la misma. Otro gran hallazgo ya que, aunque se había hablado de su ubicación, nunca se había podido localizar con exactitud. Esa sería la estructura más antigua del lugar en el que, posteriormente, se erigiría el famoso artificio de Juanelo Turriano, del que se ha logrado distinguir varias fases constructivas.
Se han ubicado, por un lado, las reparaciones propias producto del funcionamiento del artificio y, por otro, las remodelaciones «que podrían corresponderse con alguno de los daños por venidas de agua» recogidos en la documentación a la que han tenido acceso los investigadores, la cual indica cómo las arenas del río fueron dañando la infraestructura a lo largo de sus 80 años de vida. Asimismo, han logrado localizar restos del segundo artificio que construyó Juanelo tras el éxito del primero, algo que terminarán de confirmar «con el trabajo de laboratorio». Lo que está claro es que «su fábrica constructiva está localizada, así como unos restos de aceñas molineras que, o bien construyó Juanelo, o bien aprovechó porque era propiedad del rey (Felipe II) para construir su ingenio» y subir agua del río al Casco.
Dinamita y restos
Los trabajos no solo han podido constatar lo mejor del ingenio y del desarrollo hidráulico de épocas pasadas en Toledo; también han atestiguado la «brutalidad que se llevó a cabo a mediados del siglo XIX cuando, teniendo restos muy considerables, tanto de la noria como del artificio, se dinamitan», afirma la investigadora que ha formado parte del equipo de arqueólogos.
Las marcas de los barrenos de la dinamita «están por todas partes y son muy evidentes», asegura, ya que se destruyó, para la construcción de la elevadora de aguas alrededor de 1870, más de la mitad del alzado de lo que se conserva ahora mismo. En este sentido, también se ha podido constatar que existen varias fases. A la primigenia le sigue la remodelación de la elevadora de aguas después de la guerra civil y otra fase, la de la escuela-taller de los años 90. «Al ser de gestión municipal, el edificio se acaba utilizando como parte de los almacenes de la casa-taller de Toledo», momento en el que pierde ya su función de elevar las aguas del Tajo al construirse los embalses del Torcón y de Guajaraz. Los restos más evidentes, los cuales pueden verse en la actualidad, son los de la elevadora que funcionó hasta los años 70 y que supuso «el primer abastecimiento a Toledo».
De ella han persistido las turbinas eléctricas, por lo que los restos también hablan de los avances tecnológicos del siglo XIX, aunque también se conservan elementos de la máquina de vapor.
El reto está ahora en ordenar toda esa información y las fotos realizadas para redactar una memoria para aglutinar todas estas conclusiones que se hacen insuficientes para los investigadores. Les gustaría tener una segunda fase de intervención arqueológica este año, aunque eso depende de la financiación del proyecto y de la apuesta del mismo por las administraciones. Creen que la importancia que guarda el espacio, «muy interesante por la relación histórica de Toledo con su río», lo merece, dice Sergio Isabel. Una cuestión de memoria colectiva.
Las marcas de los barrenos de la dinamita «están por todas partes y son muy evidentes», asegura, ya que se destruyó, para la construcción de la elevadora de aguas alrededor de 1870, más de la mitad del alzado de lo que se conserva ahora mismo. En este sentido, también se ha podido constatar que existen varias fases. A la primigenia le sigue la remodelación de la elevadora de aguas después de la guerra civil y otra fase, la de la escuela-taller de los años 90. «Al ser de gestión municipal, el edificio se acaba utilizando como parte de los almacenes de la casa-taller de Toledo», momento en el que pierde ya su función de elevar las aguas del Tajo al construirse los embalses del Torcón y de Guajaraz. Los restos más evidentes, los cuales pueden verse en la actualidad, son los de la elevadora que funcionó hasta los años 70 y que supuso «el primer abastecimiento a Toledo».
De ella han persistido las turbinas eléctricas, por lo que los restos también hablan de los avances tecnológicos del siglo XIX, aunque también se conservan elementos de la máquina de vapor.
El reto está ahora en ordenar toda esa información y las fotos realizadas para redactar una memoria para aglutinar todas estas conclusiones que se hacen insuficientes para los investigadores. Les gustaría tener una segunda fase de intervención arqueológica este año, aunque eso depende de la financiación del proyecto y de la apuesta del mismo por las administraciones. Creen que la importancia que guarda el espacio, «muy interesante por la relación histórica de Toledo con su río», lo merece, dice Sergio Isabel. Una cuestión de memoria colectiva.
(Fuente: La Tribuna de Toledo / María José Lara)

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