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18 de agosto de 2015

Sale a la luz un mosaico de los siglos II-III d.C. en La Puebla de Híjar (Teruel)

Se trata de un mosaico polícromo de buena factura con decoración geométrica que pertenece a una villa romana del siglo II o III ubicada en la partida de Campo Palacio. Aunque ya se han descubierto 12 metros cuadrados de mosaico los arqueólogos todavía no lo han delimitado en su totalidad por lo que se desconocen sus dimensiones y estado de conservación. Todo apunta a que la villa romana en la que ha aparecido podría extenderse por una área de unos 1.000 metros cuadrados situada en una pequeña elevación rodeada de fincas de regadío
Un mosaico polícromo de buena factura con decoración geométrica que pertenece a una villa romana del siglo II o III ubicada en la partida de Campo Palacio, en La Puebla de Híjar. Este es el nuevo descubrimiento arqueológico en el Bajo Aragón, un territorio rico en restos íberos y romanos por ser lugar de producción agrícola. La aparición de vestigios de esta villa, rodeada de campos de cultivo, refuerza la hipótesis de que los sistemas de riego de la margen derecha del Ebro tengan una antigüedad cercana a los 2.000 años.

El pasado mes de abril, un vecino de La Puebla de Híjar comunicó al Seprona de la Guardia Civil el hallazgo de un mosaico en Campo Palacio, una partida ya declarada como Zona de Prevención Arqueológica por el Gobierno de Aragón. El Servicio de Prevención y Protección del Patrimonio Cultural habilitó una partida de 2.350 euros (IVA aparte) para documentar y, sobretodo, proteger los restos aparecidos, de cuya existencia se tiene constancia desde finales del siglo XIX, cuando el maestro y secretario del Ayuntamiento de La Puebla Lorenzo Pérez Temprado hizo las primeras investigaciones motivado por su curiosidad.

YA HAN SALIDO 12 m2 de MOSAICO
Estos trabajos, llevados a cabo la semana pasada bajo la dirección de arqueólogos del Gobierno de Aragón, han consistido en una cata exploratoria de 4x4 metros cuadrados de lado en torno a la zona descubierta que han sacado a la luz unos 12 metros cuadrados de mosaico polícromo de buena factura, con decoración geométrica, que no ha sido delimitado en su totalidad y que con toda probabilidad se extiende por las zonas anexas a la cata realizada. 


Para el arqueólogo José Antonio Benavente, el elemento decorativo forma parte, "sin duda, de una villa romana de la que se desconocen sus dimensiones y estado de conservación, pero que parece extenderse por una área de unos 1.000 metros cuadrados situada en una pequeña elevación rodeada de fincas de regadío".

REGADÍOS DE ÉPOCA ROMANA
Este dato no es baladí, pues según Benavente vendría a reforzar la hipótesis de que los sistemas de regadío de la margen derecha del Ebro se remontan a época romana". "La acequia pasa a pocos metros" de esta villa, dijo el investigador, que puso otros ejemplos de la zona del Bajo Aragón. Así, de la presa de Almonacid de la Cuba -en los dominios del río Aguasvivas- parte una gran acequia para regar las tierras de Belchite junto a la ciudad romana de El Pueyo. En el río Martín, la acequia de Gaén está junto a las villas de la Loma del Regadío de Urrea de Gaén (en la que se han documentado hasta cinco grandes prensas de viga para la elaboración de aceite). En Alcañiz, la vieja acequia que riega la Redehuerta pasa muy cerca del yacimiento del Palao.

"Parece probable que se conserve no solo el mosaico, sino parte de las estructuras de esta villa", indicó Benavente. De la misma opinión es Salvador Melguizo, quien junto a Benavente ha codirigido las excavaciones. "Se ve perfectamente cómo hay restos de grandes muros de contención, de habitaciones". En definitiva, vestigios que, de ser excavados, sacarían a la luz con seguridad "infraestructuras de transformación" de productos agrícolas similares a los de la cercana Loma del Regadío.

Esta villa pertenecería a "una familia de terratenientes de poder adquisitivo alto, como indica la propia calidad de este mosaico, que pertenece a una de las habitaciones principales", explicó Benavente.

SIGLO II - III d.C
"La construcción del mosaico parece que pueda ser del siglo II o III después de Cristo", dató Melguizo, quien explicó que, "a partir del Alto Imperio Romano, las élites ricas que vivían en Caesar Augusta (actual Zaragoza) o Tarraco (Tarragona) fueron invirtiendo dinerales en fincas rurales en lo que es la realización de pavimentos y otras decoraciones".

"Eran propietarios y tenían una gran ventaja: la mano de obra era esclava, por lo que el beneficio era máximo". Contaban con elementos de transformación que convertían la oliva en aceite, y las espigas de trigo en grano. "Vendían por el valle del Ebro y, si bajaban por el cauce del río con barcazas, a través del puerto de Tarragona llevaban sus productos por todo el Imperio", prosiguió Melguizo, quien destacó que el Bajo Aragón "ha sido siempre un lugar de producción agrícola y de generación de riquezas".

A estos terratenientes les gustaba hacer alarde de su riqueza construyendo grandes casas con habitaciones decoradas. En La Loma del Regadío o el Camino de Albalate (Calanda) han aparecido ricos mosaicos, "pero si vamos al área del Matarraña o el Guadalope, donde se conservan los mausoleos en los que se enterraban, nos podemos hacer a la idea de toda la riqueza que se generaba en el territorio".

DETALLES COMO EL "NUDO DE SALOMÓN"
Frente al mosaico de La Loma del Regadío, con una decoración espectacular basada en la mitología, los animales y las plantas, los elementos de Campo Palacio son "estrictamente geométricos", indicó Melguizo. Aparecen decoraciones como el Nudo de Salomón, "un motivo geométrico que combina curvas, cuadrados y rectángulos de forma que se asemejan a un nudo". Alrededor hay "motivos vegetales de tallos y plantas". También hay triángulos, rectángulos y diferentes formas que acaban formando el dibujo deseado. Un extremo de la habitación termina en un semicírculo.

(Fuente: Diario de Teruel / Marcos Navarro)

15 de diciembre de 2014

Descubren un cementerio de mujeres de "alto estatus" en la necrópolis íbérica de Andorra (Teruel)

El análisis de ajuares y huesos arroja resultados inéditos en la arqueología protohistórica peninsular. Los seis túmulos funerarios encontrados a 400 metros del yacimiento ibérico andorrano de El Cabo pudieron albergar exclusivamente restos de mujeres que murieron con edades comprendidas entre los 20 y los 30 años, posiblemente con un elevado estatus social a juzgar por la riqueza de los ajuares depositados en las urnas con las que en la Edad de Hierro se distinguía a la gente pudiente.
Los arqueólogos extraen las dos urnas aparecidas en el túmulo | FOTO: J. A. Benavente/ DIARIO DE TERUEL.
Tras los trabajos de excavación, consolidación y puesta en valor de la necrópolis -realizados entre los años 2005 y 2006 bajo la dirección de los arqueólogos José Antonio Benavente y Fernando Galve-, en los dos últimos años un equipo de investigadores ha analizado los restos recuperados en la excavación. Tanto el estudio de los ajuares metálicos depositados en las urnas, realizado por el investigado Raimon Graells, del Museo de Mainz (Alemania), como de los restos humanos calcinados, realizado por el antropólogo Ignacio Lorenzo, del Gobierno de Aragón, coinciden en una misma atribución de género para los restos humanos allí depositados. De esta forma, todo parece indicar que se trata de un cementerio en el que se enterraron exclusivamente mujeres jóvenes y con un buen estatus social.

"Ha sido una sorpresa para nosotros mismos", reconoció el gerente del Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón, José Antonio Benavente, quien explicó que los ajuares son brazaletes, fíbulas y anillas de pequeño tamaño que se corresponderían con adornos femeninos. En cuanto al estudio de los huesos, se trataría de "personas gráciles", es decir "no musculosas ni fuertes", indicó el arqueólogo Salvador Melguizo, otro componente del equipo de investigación encargado de estudiar las urnas, las estructuras funerarias y el entorno del yacimiento. También ha participado la investigadora Alejandra Balboa, de la Universidad de Toulouse, que ha realizado análisis metalográficos de los ajuares.

"INÉDITO EN LA ARQUEOLOGÍA PROTOHISTÓRICA PENINSULAR"
El hecho de que solamente hayan aparecido elementos decorativos del cuerpo femenino es "inédito en la arqueología protohistórica peninsular", aseveró Benavente. Ello "plantea numerosos interrogantes de tipo sociocultural y ritual, de difícil explicación por el momento, y abre nuevas líneas e hipótesis de trabajo que habrá que confirmar mediante excavaciones en otras necrópolis de características muy similares ya localizadas en los valles del Guadalope y del Bergantes". 


Panorámica de la necrópolis ibérica de El Cabo, formada
 por seis túmulos circulares. FOTO:  C. Piazuelo DIARIO DE TERUEL 
En concreto, el experto se refiere a dos cementerios ibéricos, en Aguaviva y en la Ginebrosa, ambos marcando la ruta de comunicación histórica por el cauce del río Bergantes. "Allí habría que volver a hacer estudios de ajuares y de huesos", indicó Benavente. "Sería la mejor forma de confirmar si este fenómeno se da en otros yacimientos", señaló el máximo responsable de la Ruta Íberos en el Bajo Aragón, a la que pertenece la necrópolis. Otra posibilidad sería que la necrópolis andorrana fuera más grande y, por la erosión, solo se conservasen seis tumbas

"Si aceptamos que existe un cementerio femenino, tenemos que aceptar que hay uno masculino no muy lejos", dijo Melguizo, que se llegó a plantear que "todo esto fuera un error y fuéramos incapaces de diferenciar el sexo de los individuos solo por los ajuares y por los restos sólidos". Y es que "estamos trabajando con cenizas", por lo que "resulta muy complejo" y más si la investigación "es más bien voluntariosa que con medios materiales: no tenemos capacidad de investigaciones de ADN" por falta de financiación.

DOS URNAS EN UN TÚMULO
Uno de los seis túmulos -todos ellos planos y de planta circular- conservaba dos urnas funerarias que fueron depositadas al mismo tiempo, lo que da la clave de que las cenizas de dos mujeres habrían sido depositadas al unísono. "No es muy habitual en la Edad de Hierro, donde empiezan a aparecer tumbas individuales donde el poder de los individuos -forjado a base de intercambios comerciales- se demuestra con riquezas", dijo Melguizo. "Que haya dos urnas juntas puede deberse a que haya una relación familiar muy directa entre individuos", interpretó el arqueólogo.

Preguntado por si le sorprende la edad de la muerte de estas chicas, Melguizo explicó que la esperanza de vida de la época era de 40 años por la dureza de aquellos tiempos.

EL CEMENTERIO NO ES DE "EL CABO"

En plena excavación, en el año 2005, la necrópolis ya arrojó la sorpresa de que, pese a que se encontraba junto al yacimiento de El Cabo -localizado por Endesa en la mina a cielo abierto Corta Barrabasa y trasladado pieza a pieza hasta el parque de San Macario-, ambos no se correspondían en el tiempo. Mientras que el cementerio se sitúa sobre el 600 a.C., el poblado es del 450 a.C.

En este sentido, en la última investigación se ha aprovechado también para realizar prospecciones con un radio de tres kilómetros a la redonda con las que se han localizado varios yacimientos por excavar. "En todo lo que es la Val de Ariño hay un pequeño curso de agua, un pequeño arroyo" que favorecería el asentamiento de núcleos poblacionales, explicó Benavente.

(Fuente: Diario de Teruel / Marcos Navarro)

29 de mayo de 2013

Un estudio sitúa cientos de túmulos funerarios íberos en la Comarca del Matarraña (Teruel)

Algunas de las tumbas localizadas son de tipo “monumental”, pues se han encontrado varias que llegan a tener hasta siete u ocho metros de diámetro y que presentan cistas (cámara sepulcral) que llegan al metro y medio de altura.
Varias personas visitan los túmulos funerarios íberos
que recientemente han sido limpiados de vegetación.
Foto: J.A. BENAVENTE
Los arqueólogos José Antonio Benavente y Salvador Melguizo han terminado un estudio, por encargo de la Comarca del Matarraña, de las decenas de tumbas ibéricas que están repartidas por distintos términos municipales. 

Su trabajo ha consistido en realizar una catalogación de estos túmulos, la mayor parte de ellos mencionados en documentos escritos por otros arqueólogos a principios del siglo XX y muchos de ellos expoliados con anterioridad.

Algunas de las tumbas localizadas son de tipo “monumental”, pues se han encontrado varias que llegan a tener hasta siete u ocho metros de diámetro y que presentan cistas (cámara sepulcral) que llegan al metro y medio de altura.

Además de realizar un inventariado de estas pequeñas necrópolis ibéricas, los dos arqueólogos han realizado una propuesta para fijar una única denominación para cada uno de ellos. No en vano, según el arqueólogo José Antonio Benavente, “existen túmulos que en unos documentos se denominan de una manera y en otros aparecen de otra”, algo que lleva a confusión.

La localidad de Cretas, uno de los municipios beneficiados por el descubrimiento de los túmulos acogió el pasado año la IV Edición de las Jornadas Ïberas de la Comarca del Matarraña.