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15 de noviembre de 2023

Actos vandálicos provocan daños irreparables en las pinturas rupestres de Sésamo (León)

Las pinturas rupestres de Peña Piñera en el anejo de Sésamo, perteneciente al municipio leonés de Vega de Espinareda, han vuelto a sufrir actos vandálicos que en esta ocasión han causado daños irreparables.
Vandalismo sobre las pinturas rupestres de Peña Piñera

Las pinturas rupestres de Peña Piñera en el anejo de Sésamo, perteneciente al municipio leonés de Vega de Espinareda, han vuelto a sufrir actos vandálicos que en esta ocasión han causado daños irreparables, ha informado este martes el alcalde de la localidad, Javier Salgado.

Los daños, permanentes e irreparables según los técnicos, han consistido en raspaduras con un objeto punzante sobre unos de los pocos restos hallados en la comarca leonesa del Bierzo de pinturas esquemáticas de la época postneolítica, con una antigüedad que oscila entre los 2.000 y 5.000 años

Aunque se produjeron el pasado septiembre y fueron denunciados entonces, el Ayuntamiento no ha querido desvelarlos hasta ahora con el fin de evitar "mayores consecuencias", ha explicado este martes Javier Salgado.

Fue, según explica el regidor, la recomendación que recibieron de Patrimonio al dar cuenta del suceso que finalmente ha sido conocido cuando un grupo de excursionistas de la asociación cultural Tierra, Cultura y Arte se encontró con las pinturas tachadas con una roca.

El conjunto más interesante de estas pinturas fueron las únicas afectadas de todo el conjunto existente, pero también eran las que estaban en mejor estado de conservación.

Según el alcalde, la investigación está en manos de la Guardia Civil y no se ha podido localizar a los autores de los daños ni hay sospechas de nadie, aunque sí apunta que ha sido un acto poco casual, ya que para dañar las pinturas era necesario contar con algún medio para subir a tres metros de altura.

En la zona no hay sistemas de vigilancia y el regidor asegura que no hay capacidad para mantener sistemas de seguridad por lo costosos que podrían resultar.

Aunque estas pinturas eran conocidas por las gentes del lugar, no fueron objeto de la atención necesaria hasta la primavera de 1982, cuando se reconoció e identificó la veracidad del hallazgo pictórico.

Su cronología es imprecisa pero pueden datarse desde la época Calcolítica hasta la Edad de Hierro, lo que equivale a un arco temporal comprendido entre unos 5.000 a 2.000 años de antigüedad.

Las figuras son esquemáticas, hechas a base de trazos rápidos y básicos, a veces de difícil interpretación, y consta de varios conjuntos pictóricos distribuidos en abrigos rocosos y de representaciones aisladas entre cada una de las agrupaciones. El color mas utilizado es el ocre, en diferentes gamas.
(Fuente: COPE)

18 de enero de 2023

Dos ‘trineos’ permiten datar las pinturas rupestres de Sésamo

El hallazgo de nuevas pinturas en Peña Piñera (Sésamo), que representan ‘forcaos’ o ‘trineos’, permiten datar en la Edad del Hierro una parte importante de este yacimiento rupestre.

El arte rupestre preservado en Sésamo ha sufrido reiterados ataques vandálicos en los últimos años. Una visita, inicialmente turística y de comprobación del estado de estas pinturas prehistóricas en el municipio de Vega de Espinareda, permitió al investigador leonés David Gustavo López, ingeniero aeroespacial de formación, localizar algunas hasta ahora inéditas y reinterpretar otras.

El hallazgo de estas pinturas milenarias —no catalogadas hasta la fecha—despeja algunos misterios sobre uno de los enclaves prehistóricos más especiales de la Península. Dos trineos o ‘forcaos’ (instrumento de labranza consistente en un palo de madera y dos dientes de hierro), en el farallón donde se concentran más de medio millar de dibujos, algunos esquemáticos, permite datar las pinturas más recientes.

Tienen unos 3.000 años de antigüedad, fecha de aparición de estos primitivos aperos. En uno de estos conjuntos hay un ‘carro sin ruedas’ acompañado a ambos lados por dos antropomorfos (dibujos con forma humana). «Serían dos agricultores con técnicas de laboreo avanzadas», según Gustavo López.

Otra de las pinturas, inventariada en los años ochenta por los profesores José Avelino Gutiérrez y José Luis Avello como trece ‘idoliformes’ (ídolos antropomorfos), según la tesis de Gustavo López serían las armazones de carros o forcaos. Estos ‘trineos’ permiten datar una parte importante del yacimiento en la Edad del Hierro. No así algunos dibujos esquemáticos, que podrían oscilar entre los 3.000 y los 6.000 años, según la investigación que Gustavo López ha publicado en la Revista de Antropología y Tradiciones Populares. En España son contadísimas las pinturas rupestres de carros, la mayoría en Sierrapino (Badajoz). Gustavo López se pregunta si este enclave rupestre berciano era un lugar de culto o las pinturas expresan simplemente escenas de la vida cotidiana.

Personajes raros
Peña Piñera, en Sésamo, alberga 506 figuras, todas en color ocre y rojo vinoso, porque se usó como pigmento una beta ferruginosa del propio yacimiento. Hay 78 tipos distintos de antropomorfos de épocas diferentes, así como figuras de animales, escenas de pastoreo y trabajo en el campo, posibles ídolos, además de instrumentos de trabajo y caza.

Entre las singularidades de Peña Piñera, en una veintena de antropomorfos de los 78 existentes su rostro es un círculo vacío de color. Una figuras muy raras en el arte rupestre de la Península. Entre los nuevos localizados por Gustavo López hay dos antropomorfos. «Uno parece ir andando y lleva un penacho en la cabeza. El otro tiene los brazos y piernas en uve. Sobre éste, hay dos arcos de circunferencia concéntricos. O bien se trata de un casco con cresta o es una diadema».

El investigador ha localizado además un antropomorfo cuya cabeza se cubre con un casco con dos largos cuernos que se entrecruzan. En el yacimiento, que de vez en cuando depara alguna sorpresa, como en 2012, cuando el arqueólogo Feliciano Cadierno descubrió 151 figuras que no constaban entre las 351 registradas por Gutiérrez y Avello, únicamente hay dos representaciones solares; y eso a pesar de que todos los dibujos están orientados hacia el astro. Y ninguna de las dos está inventariada. En la primera, hay un antropomorfo en actitud orante ante un sol con once rayos muy enmarañados. En la segunda, el sol está muy desdibujado y aparece próximo a un animal con cresta y larga cola que recuerda a un faisán.

Gustavo López aboga por una excavación en la zona que permita vincular las pinturas rupestres a un contexto arqueológico próximo. El cercano Castro de Peña Piñera, además de fortín de los astures en las guerras cántabras, es posible que se erigiera sobre restos de otro de la Edad del Hierro, de la misma época que las pinturas de antropomorfos de cabeza ‘vacía’ y los forcaos. Alerta de que «con poca gente que vaya con mala intención» las pinturas podrían perderse. «Es fundamental tenerlas vigiladas». Reclama la creación de un centro de interpretación donde se expliquen las singularidades de esta ‘estación rupestre’ de pinturas únicas.

29 de enero de 2014

Un arqueólogo descubre dos santuarios de arte prehistórico y 149 pinturas rupestres en León

El arqueólogo leonés Feliciano Cadierno ha descubierto dos pequeños santuarios de arte prehistórico en San Pedro Mallo (Toreno). Son abrigos rocosos de poca profundidad que albergan pinturas rupestres hasta ahora inéditas. 
Figura antropomorfa en posición orante documentada en Peña PIñera. Foto: Cadierno.
Aunque estos enclaves eran conocidos por los vecinos, ha sido Cadierno, investigador de la Universidad de Valencia, quien ha reparado en las pinturas por primera vez con ‘ojos científicos’. Algunos de los dibujos esquemáticos prácticamente sólo se aprecian con nitidez utilizando técnicas fotográficas, pero poseen un enorme atractivo histórico y artístico. 

Cadierno, que lleva años ‘peinando’ la provincia para documentar su tesis doctoral sobre arte rupestre en León, ha encontrado en una cavidad de Castrocontrigo un extraño antropomorfo con cuernos; una figura de unos cuatro centímetros. Una pintura tan rara que llamó la atención de los especialistas reunidos en el último congreso de arte rupestre celebrado en agosto en Nerja cuando se la mostró Cadierno. Muy cerca de esta pintura localizó también un nuevo petroglifo.

HALLAZGOS  EN LA CUEVA DE BOUDELA
Pero hay más hallazgos insólitos. En un enclave que sólo está documentado en la carta arqueológica de la Diputación —pero no en la de la Junta—, en la cueva denominada Boudela (Fabero), ha localizado pinturas rupestres, probablemente de 5.000 años antes de Cristo (Edad del Bronce). Lo llamativo es que están hechas con una técnica «muy inusual», explica el arqueólogo leonés. Una de ellas representa a un ídolo oculado realizado con 120 puntos, al estilo puntillista del siglo XIX (salvando las distancias). Además, hay bitriangulares, es decir, pinturas esquemáticas de hombres hechas con dos trazos cruzados, como un aspa.

149 PINTURAS CATALOGADAS EN PEÑA PIÑERA
En el yacimiento de Peña Piñera (Sésamo), donde había catalogadas hasta ahora 351 pinturas esquemáticas, Cadierno ha identificado otras 149. La mayoría son figuras antropomorfas, alguna en posición orante, varios zoomorfos y dos soliformes (dibujos solares), uno de ellos de sólo dos centímetros ,«pero muy bonito»; el otro, de nueve centímetros, «está muy mal conservado». Y es que muchas de estas pinturas se encuentran prácticamente a la intemperie. 

Cadierno ya sorprendió con sus hallazgos en las Jornadas de Jóvenes Investigadores del Valle del Duero, que se celebraron hace dos años en el Museo de León, con las nuevas pinturas que descubrió en la citada cueva de Sésamo, «el tercer abrigo de arte rupestre más grande de la Comunidad». Con paciencia y cientos de fotografías, el investigador leonés ha conseguido incrementar notablemente el catálogo de arte rupestre en este abrigo rocoso. Cadierno volverá a rastrear la provincia en primavera en busca de arte primitivo, con el fin de detectar el mayor número de pinturas rupestres antes de que desaparezcan.

22 de noviembre de 2011

En peligro las pinturas del Santuario Prehistórico de Librán (León)

Considerado como un estilo figurativo en el que sólo se representan los rasgos básicos y característicos de cada figura, el llamado Arte Esquemático se extendió por toda la Península Ibérica en un amplio período que abarca desde el comienzo de la metalurgia hasta iniciada la Edad del Hierro, es decir, entre seis mil y dos mil quinientos años antes de nuestros días.

Aunque las manifestaciones de este arte, en su mayoría pinturas efectuadas en abrigos rocosos, son más frecuentes en el Sur y Levante y, con carácter específico, en los petroglifos galaico-portugueses, la provincia de León no ha quedado al margen de tan importante manifestación prehistórica, contando con algunos conjuntos situados en los municipios de Vega de Espinareda (yacimiento de Peña Piñera, en la localidad de Sésamo), Toreno (El Buracón de los Mouros, en Librán, y La Cueva, en San Pedro Mallo) y Castrocontrigo (Peña del Pozo Rocebros y Cerro de Llamaluenga, ambas en Morla de la Valdería), todos ellos declarados Bien de Interés Cultural por la Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985 y, por lo tanto, teóricamente sometidos a la protección establecida en la misma ley.
Figura humana ante el sol. Foto: Gustavo López
A fecha actual, las pinturas de Sésamo cuentan con un estudio monográfico, realizado y publicado en 1985 por los profesores José Avelino Gutiérrez y José Luis Avello, ambos de la Universidad de León en aquellas fechas. También las de Librán fueron inventariadas en 2004 por el arqueólogo Felipe San Román, aunque de ellas no se ha efectuado ningún estudio técnico. Este segundo yacimiento ha sido objeto de polémica en los últimos dos años por causa de un supuesto expolio de algunas de sus figuras, lo cual desmintió la Junta de Castilla y León mediante un comunicado en el que aseguraba que las pinturas permanecían inalteradas respecto a la documentación existente en la Consejería de Cultura desde 1990. A pesar de ello, los vecinos de Librán siguen convencidos de que alguien se ha llevado la pintura de un soliforme, lo cual es erróneo como demuestran las fotos de este artículo.
No es fácil visitar el Buracón de los Mouros, yacimiento principal de la pequeña localidad de Librán, pues a un precioso recorrido –en nada señalizado-, ascendiendo a través de un bonito bosque de robles y pinares, le sigue un empinado descenso por un afloramiento rocoso que, aun contando con asideros recientemente instalados, no resulta apto para cualquier persona. El abrigo consiste en una oquedad natural en la roca y está orientado hacia el sureste, asomado al impresionante farallón cuarcítico que cae por la margen derecha del desfiladero de Bustillo, excavado por el río Primout aguas arriba de Librán.
Tonalidades rojizas y azuladas
La reciente protección con malla de acero instalada en la boca del covacho no impide la observación de las pinturas, en gran parte situadas cerca del exterior. Parecen estar realizadas con óxidos de hierro y manganeso y poseen tonalidades rojizas y azuladas, a veces muy desleídas por los agentes atmosféricos, distribuyéndose en varios grupos con un total de 31 figuras visibles, casi con seguridad ejecutadas en etapas cronológicamente distanciadas.
Las figuras humanas o antropomorfos generalmente tienen su cuerpo representado mediante un trazo grueso, con una pequeña prolongación en la parte superior a modo de cabeza y, en el caso de los de sexo masculino, el trazo se alarga por la parte inferior, a veces de forma muy notable (ictiformes), simulando el pene. Dos trazos adicionales, arqueados y con forma de asa o golondrina, cruzan al central y dan lugar a piernas y brazos. Este tipo de humanos es el más frecuente en el Arte Esquemático, datándose a lo largo de toda la Edad del Bronce.
A la izquierda de la cueva, cerca del exterior, se halla uno de los conjuntos más interesantes. Está representado sobre un panel de roca cuarcítica resquebrajada y demolida en su zona central por la acción de la intemperie. En su lado izquierdo se observa una escena de caza o de pastoreo en la que dos hombres marchan junto a dos cuadrúpedos grandes y dos pequeños, probablemente perros, aunque uno de ellos, por su cola larga y gruesa, parece un zorro. En color azul, bastante descolorido, se observa la figura de otro animal como los anteriores, pero éste marcha en sentido contrario y parece volverse hacia el frente, dando sensación de perspectiva. Los trazos azules se hallan en algunas zonas bajo los rojizos, seguramente por haber sido pintados en una etapa anterior. Sin embargo, la complejidad de obtener pigmentos azules hace que su presencia sea rarísima en las pinturas prehistóricas europeas, existiendo opiniones que ven en dicha dificultad la razón de que algunas culturas antiguas considerasen el azul como un símbolo del mal, al contrario del sentido que hoy se le da. Por ello es posible que, en su origen, el azul de Librán fuese un negro pintado con pirolusita o bióxido de manganeso, también existente en El Bierzo, que derivó hacia el azul por decoloración y posible transformación físico-química posterior. Ejemplos similares hay en los abrigos de Arroba de los Montes (Ciudad Real) y Cueva del Plato, en Ontiñar (Jaén), entre otros.
En el lado derecho del panel se observan otros cuatro antropomorfos masculinos y, en su entorno, restos de pintura azul junto con una figura humana, tal vez femenina, de las llamadas en «phi» griega (un círculo atravesado por un trazo vertical), ampliamente extendida por toda la Península y cuya antigüedad podría remontar a un momento avanzado de la Edad de Bronce.
Debajo y a la derecha de la «phi», existen otras cuatro figuras de las llamadas «ramiformes», también de un color rojizo bastante desvaído, dotadas con dos, tres y hasta cinco pares de extremidades de trazo más fino que las demás representaciones y, casi seguro, de etapa distinta. Normalmente se las considera esquemas de árboles, astas de ciervo o figuras humanas, según sea la temática de la escena, existiendo diferentes opiniones sobre el porqué de la multiplicidad de brazos, interpretados a veces como representación de un grupo de personas, aunque, según mi opinión, en este caso simboliza más bien a un ser de múltiples poderes y gran capacidad de acción, como ocurre en ciertas iconografías hinduistas y budistas (Brahma, Visnú, etc.). De hecho, dos de los ramiformes de Librán (uno de tres pares de extremidades y otro de cinco, aunque asimétrico y con brazos a un solo lado) se adornan con tocados de dos plumas, cosa repetida en más de veinte yacimientos esquemáticos de toda España (Sierra de la Virgen del Castillo, en Ciudad Real; Posada de los Buitres en Badajoz; Castillo de Monfragüe, en Cáceres, etc.). De forma unánime, estos adornos han sido interpretados como un símbolo de prestigio personal en una sociedad jerarquizada. Aunque las representaciones ramiformes son propias de toda la Edad del Bronce, adornos como los citados, máxime al tener en cuenta la existencia de una figura con un tocado de tres plumas o máscara con cuernos en el cercano panel que mira a San Pedro Mallo, se han datado en un Bronce avanzado o incluso final, hacia el año 1.000 antes de Cristo (Sierra Magacela y Peñón del Pez, en Badajoz; Risco de los Altares y Covacho del Pallón, en Salamanca, etc.)
Un santuario rupestre
Otras figuras aisladas y signos de distinta índole aparecen en diferentes lugares de la cueva. En la pared del fondo, sobre un saliente de roca resquebrajada, se halla una escena de significado religioso que quizás fuese el motivo principal de todo este abrigo esquemático, al menos en una de sus etapas. Se trata de un sol representado mediante una circunferencia con dieciocho radios, uno de ellos bifurcado en dos, y un antropomorfo masculino, similar a los descritos al principio, que parece mirar hacia el astro. Es probable que la escena original se completase con una mujer al lado del hombre, desapareciendo ésta al romperse la roca. Grave, aunque no por rotura de la roca, es el estado de la figura solar, que comparada con fotografías de 1990 se aprecia mucho más difuminada y deteriorada. El hombre casi ha destruido en veinte años lo que la naturaleza preservó durante más de tres mil.
Pinturas con soliformes son frecuentes en el Arte Esquemático y cronológicamente alcanzan a toda la Edad del Bronce. Menos frecuentes, sin embargo, son aquellas que incorporan humanos ante el astro solar: Canforos de Peñarrubia y Prado del Azogue, en Jaén; Parque de Monfragüe, en Cáceres; Solapo del Águila, en Segovia; La Rambla de Gérgal, en Almería, donde se hallan representados varios antropomorfos en actitud de adoración a un soliforme, etc. Este simbolismo desplaza al plano inmaterial y religioso los ideogramas de la actividad diaria expresados en el resto de las figuras del covacho, lo cual podría considerarse como una manifestación de culto al Sol, dios de la luz y de la vida, fecundador de la Madre Tierra, en cuyo seno, al fondo de la cueva, se ha representado. Se puede concluir diciendo que El Buracón de los Mouros, difícilmente accesible y con perfecta orientación para el seguimiento de la trayectoria solar, seguramente fue un santuario rupestre restringido a personajes iniciados.
Las pinturas de Librán, junto con las de San Pedro Mallo y, por proximidad y similitud conceptual, las de Sésamo (Vega de Espinareda) revisten una importancia no suficientemente valorada que bien merece mayor atención por las instituciones responsables –léase Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León-, tales como vigilancia, señalización, accesos adecuados y construcción de un centro de interpretación del arte rupestre berciano –los extremeños son un ejemplo- para promover y orientar un turismo cultural cada vez más numeroso.
(Fuente: Diario de León / Gustavo López)